lunes, marzo 26, 2007

Extrañarte

El arte de extrañarte...

Laura Evelia Espinosa León

Noah se fue, se fue lejos, quizás de viaje... pero en realidad esta muerto, y no me atrevo a aceptar esa realidad. La última vez que lo vi, discutimos, fue una pelea muy fuerte... Estábamos en mi departamento, lo peor de todo es que fue una tontería por la que terminamos, no me atrevo a mencionarla debido a que fue tan ilógica la causa que ya la he olvidado o quizás sea que no la quiero recordar más. Ese día cuando salió de casa cerró la puerta al salir y yo tuve el impulso de correr tras él, pero yo tan orgullosa como siempre me detuve. Grité mil veces para mi que lo amaba, pero de nada sirvió porque el no lo escuchó. Si no hubiese sido egoísta y hubiera reconocido mi equivocación Noah estaría aquí, no hubiera salido corriendo desesperadamente. Me asomé por la ventana del departamento que daba hacia la calle y lo vi... se subió a su auto y se quedó llorando, al ver esa imagen me sentí tan tonta que salí corriendo, pero ya era tarde, solo vi a lo lejos la silueta de su carro. Extrañamente verlo partir de esa manera me hizo sentir escalofrío, quise correr a casa, tomar el teléfono y marcarle, cuando un estruendo espantoso me hizo abandonar esa idea, congelo mi corazón y después lo hizo palpitar rápidamente, sabía que tenía que correr en dirección opuesta a mi hogar, hacia donde recién se había escuchado el ruido ensordecedor y seco, sin pensarlo más corrí tan apresurada como mis habilidades físicas lo permitieron, entre más me aproximaba hacia aquel vehículo que unos minutos antes yo había visto estático más eterno parecía el encuentro, parecía que todo se congelaba, que mientras corría, las imágenes a mi alrededor giraban tan lentamente que cuando estuve frente al auto recién estrellado de Noah, no es que no lo pudiese creer, si no que me rehusaba a aceptar que fuese el precisamente el que había salido disparado varios metros fuera del auto, aparte súbitamente a las personas que simultáneamente se habían reunido entorno al lugar del accidente, corrí al lado de Noah, pero al llegar frente a su cuerpo sin vida, sin esa chispa en su mirada lancé un grito que desgarró mi garganta, mis piernas perdieron fuerza y caí de rodillas junto a él, lo tomé entre mis brazos sintiendo aún su temperatura corporal templada, y con lagrimas en la cara, limpie su rostro, su sangre me impregnaba, su cuerpo aún lloraba, derramaba sangre y lagrimas, esas lagrimas que yo propicié y que fueron el último recuerdo que conservo de él. Su cara estaba inquieta, sus gestos serios y marcados, sus manos tan frágiles... volviéndose frías.

¿Cuál fue el último pensamiento de Noah? ¿Sintió mucho dolor o apenas si lo percibió? ¿Se habrá dado cuenta de que jamás lograré olvidarlo? ¿Se fue sabiendo que lo amaba?

Los días posteriores a su muerte no comí, no dormí, solo lloré... Mis padres me decían que tenía que estar bien por él, pero él ya no estaba, yo no podía verle, indudablemente me siento culpable por su muerte... Si tan solo lo hubiese detenido, si no me hubiese exaltado... Por Dios, si tan solo hubiera corrido a su lado.

Sabes Noah, te extraño, te echo de menos... Extraño todo de ti, la manera en la que me mirabas mientras conversábamos, era increíble pasar tantas horas contigo platicando de cosas triviales para los demás pero trascendentes para nosotros, porque por más mínimo que pareciera yo era una esponja que absorbía toda la información que se trataba de ti. Extrañarte, implica caminar sola, sin sentir tu mano siempre tibia tomando la mía siempre tan fría, extrañarte implica esperar largas horas en vano en aquella banca de la plaza principal en la que siempre nos veíamos... ¿Lo recuerdas Noah? Resultaba tan corto el tiempo que nuestros planes siempre quedaban a medias, pero no importaba porque bien sabíamos que tu y yo nos volveríamos a ver... y ya vez.

¿Recuerdas Noah esa ocasión en la que estábamos dentro de tu auto en la cochera de tu casa? Fue algo tan inocente, tan espontáneo, tan vivo. Nos sentíamos plenos, felices... invencibles, pero llegó la muerte y nos convirtió en seres vulnerables y tan mortales.

Sin ti, ahora soy nada, no tengo orientación, no tengo en función sentido alguno, me siento perdida, soy tan quebrantable. Te extraño tanto y extraño todo lo que tenía contigo. Desde que ya no estas aquí mi vida gira entorno a ti, dibujo tu silueta en el aire, me he convertido en la escultora de los gestos que ya no harás, pinto a diario tus caricias sobre mí y tomo fotografías de los lugares que visitaste, mismos que se sienten solos, les faltas tú. Noah mi vida en los últimos días giran entorno a el arte... A el arte de extrañarte.

Comentarios: laura.esle@hotmail.com

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