miércoles, abril 25, 2007

A los 17

A los 17

Laura Evelia Espinoza León

¿Que quieres ser cuando seas grande? Aún recuerdo clara la respuesta cuando me hicieron esa pregunta a los 10 años. Yo realmente deseaba seguir estudiando, siempre me gusto imaginar que me graduaba de la universidad, quería ser Odontologa.
El mes próximo cumpliré la mayoría de edad, para entonces también seré madre. Inicié mi vida sexual con nula información, yo solo me dejé llevar por lo que hacían y decían los demás, en casa no es que este prohibido hablar de ese tema, pero muy pocas veces se ha hablado de ello. Mi novio y yo a raíz del embarazo hemos tenido muchos problemas, el dice que tenemos que vivir juntos pero yo no quiero estar en casa de sus padres. Recientemente el consiguió trabajo, y aunque parece que no es muy pesado, la carga horaria y el sueldo lo están matando.
Mariana una compañera de la preparatoria fue la primera del salón en iniciar su vida sexual, yo pensaba que eso era algo tan íntimo, solo de dos personas, pero ella al instante empezó a divulgarlo de manera tal que terminó siendo la chica más popular de la escuela y sobre todo una fuente de información "confiable" para los que se acercaban a pedirle "consejo". Cuando Roberto y yo empezamos a besarnos más intensamente, nos dejábamos llevar, en una de esas tantas ocasiones cuando yo menos lo pensé sentí su mano abajo de mi blusa acariciándome, en vez de refutar, decir algo o separarme de el, seguíamos "exhibiéndonos" cada vez con algo nuevo hasta el punto de que cuando nos despedíamos ambos estábamos sonrojados y respirando rápidamente. El y yo compartíamos un grupo de amigos en común de tal manera que pasábamos horas extras juntos, dentro de nuestro círculo social había chicas que en comentarios expresaban su deseo de llegar vírgenes al matrimonio, pero se les quito la costumbre de decirlo en voz alta porque al instante eran victimas de una ataque descomunal de burlas y portadoras de etiquetas como "mojigatas", "persignadas" y cosas similares. No cabe duda que lo que antes era poco frecuente ahora se ha vuelto algo que se distorsiona a diario.
Cuando Roberto y yo llegamos a un punto que no pudimos controlar, pues las caricias eran cada vez más profundas, acudí con Mariana, "nuestra fuente de información" y le pedí consejo, como era obvio ella me animó demasiado diciendo repetidamente que hacerlo era lo más "cool" que podía pasarnos a esa edad, sobretodo. En esa ocasión, raramente, no se porque la sentí tan vacía, como si lejos de convencerme a mi con lo que me estaba diciendo tratara de convencerse así misma de que ello era verdad. No se si fue mi imaginación pero ese día cuando terminé de hablar con ella, vi, como sus ojos se llenaban de lágrimas. Quizás ese era el momento decisivo para mí, pero dudé y me dejé llevar por esa sensación que ya no tenía cabida en mi cuerpo, dando paso a mi primera vez el fin de semana que le siguió a la charla con Mariana y aprovechando que los papas de mi novio saldrían ese mismo fin de semana. Tuvimos la casa sola por 2 días, pero aún así, el pleno acto solo lo realizamos en una ocasión debido a que mi virginidad dolía demasiado. No se porque después de ese día me sentí tan diferente a como Mariana prometió que sería. Yo solo quería regresar el tiempo. Ella, nuestra "enciclopedia viviente" mencionó también que no era necesario usar condón, ni ningún otro tipo de protección, ¿Para que? Si nadie queda embarazada la primera vez. Y entonces fue cuando yo, la excepción hice la regla, pero claro, en un sentido diferente al que me hubiera gustado. A las tres semanas de que Roberto y yo tuvimos relaciones, yo ya me sentía mal en más de un aspecto, y mientras que el decía sentirse pleno cuando lo hacíamos y buscaba cualquier pretexto para hacerlo, yo me sentía vacía, y conservo el sentimiento hasta el día de hoy. Entonces empecé a evitarlo, a poner pretextos para no salir con él y esas nauseas recurrentes las atribuía a la mala comida del día. Lo que hubiese dado por pasar por una indigestión en vez de por un embarazo. Mi período hormonal sufrió un atraso, primero de una semana, después de tres meses y hasta el día de hoy, en el que estoy a punto de convertirme en madre. Me gustaría decir que el tener un hijo es como yo me lo esperaba, pero estoy lejos de sentir esa dicha enorme que todo el mundo dice que debo de sentir. No es que no quiera a mi hijo, solo creo que debí vivir muchas otras cosas antes de llegar a este punto de mi vida. Ahora siento que la vida se me acaba, aunque curiosamente con el nacimiento de mi bebe apenas estará empezando, como dicen.
En casa están seguros de que me apoyarán cuando nazca el bebe, justo a tiempo alcanzaré a terminar la preparatoria y en vez de hacer trámites a la universidad lleno aplicaciones y solicitudes para conseguir trabajo, porque es obvio que Roberto a su edad tampoco podrá hacerlo solo. El quería estudiar arquitectura pero como yo, el también tendrá que esperar, por algún tiempo indefinido, mucho en realidad.
Dicen que parte de madurar es tomar decisiones propias y vivir con las consecuencias, así que como sea, sigo de pie, esperando el nacimiento de mi bebe.
Comentarios: laura.esle@hotmail.com

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