sábado, octubre 06, 2007

Aquel frondoso árbol

Aquel frondoso árbol

C. L.A.E. Juan Manuel Becerra Casillas

Deshojarónse las hojas
de aquél frondoso árbol...,
que imponente y majestuoso
a un lado del camino,
mágicamente se erguía
como fortaleza impenetrable,
dando protección y cobijo
con su apacible follaje.

Más ahora, se le divisa
a aquél frondoso árbol...,
triste y sombrío,
y sólo el recuerdo queda
cuando era grande y hermoso
lleno de vida y verdoso,
y su sola presencia
nos protegía como padre amoroso
del intenso frío.

Ha dejado sin hogar
a aquellos agradecidos huéspedes,
que entre sus ramas
entretejían,
como hábiles obreros
caprichosos y frágiles nidos,
que daban calor y abrigo
a los alegres pajarillos.

Ya se le observa en la lejanía
con el tronco inerme y derruido,
la corteza agrietada y en pedazos
pintada de colores ocres almagres,
por líquenes, musgos y hongos,
grisáceos, marrones y turquesados
que parecen darle vida.

A un lado del polvoso camino
aquél frondoso árbol...,
con el tronco inerte y destruido,
las ramas secas y quebradizas,
pareciese que gime de dolor
suplicando a su origen natural
¡ya no más dolor!, la eutanasia quiero
¡ya no más sufrimiento!.





Aquella figura gigante...,
aquél frondoso árbol...,
que el sol abrasador le calcina
ante el viento intempestuoso cruje...,
la lluvia le baña vigorosa,
le humedece lentamente
penetra en su alma desolada,
carcomiéndole poco a poco,
le invade la podredumbre.

Ya se le observa en el horizonte
a aquél frondoso árbol...,
algunas hojas jaldeadas
marchitas, asidas fuertemente
devoradas por la plaga,
aferrándose a la vida,
succionando hasta la última gota
la linfa que las vitaliza.

Más, sin embargo...,
aquél frondoso árbol...,
como guerrero sin coraza,
guerrero de mil batallas
sucumbiendo en lid está,
en el aire con fuerza traza
su fe y esperanza
de morir con dignidad.

El sol abrasador del verano
y la lluvia lo han bañado...,
el viento del otoño
la última hoja le ha arrancado...,
dando paso al inclemente frío
del invierno crudo y helado...,
llegando luego la floreciente primavera,
y aquél frondoso árbol...,
se le divisa entre sus ramas
el tierno verdor de algún retoño...

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