sábado, octubre 06, 2007

La mamá de Marcela

La mamá de Marcela

Hija, desde que naciste me imaginé tantas cosas buenas para ti, desde que eras pequeña fuiste diferente, no se si fue el amor propio de mamá, pero yo te veía más despierta, más activa, más viva a los estímulos externos, se que se escuchará arrogante, pero comparada con otros bebés tú eras un poco más de todo.
Desde que te sentí en mi vientre traté de crear contigo un vínculo de amistad, no quería ser como las demás madres, quería que tú te sintieras en confianza conmigo, que me explicaras tus sueños, tus planes, tus ilusiones. Ahora entiendo que quizás esa estrategia de crianza hubiera resultado mejor sin mis dosis descontroladas de condescendencia, pero quién iba a saberlo de cualquier manera ¿cierto? Cometí muchos errores como cualquier mamá primeriza.
En su momento trate de hablar de todo contigo, no quería que el mundo te sorprendiera de una mala manera, tampoco quería que algún amigo o desconocido fuera tu fuente de información, y así con la poca o mucha formación que yo pude tener, adjuntada a las ganas de aprender fue como creciste, reconozco que en su momento no te castigue, ni ejercí completamente mi autoridad de madre frente a ti, debido a que me sentía un tanto culpable por no haberte proporcionado una figura paterna a la cuál pudieras amar, de esta manera tú no supiste de regaños y aunque más me duela reconocerlo ahora veo que un buen castigo a tiempo nos hubiera evitado a ti y a mi este distanciamiento.
Yo trabajé mucho para darte lo mejor, a veces cuando llegaba a casa y te encontraba dormida me sentaba al pie de tu cama y te platicaba todo lo que había hecho durante el día, después me esperaba un rato, como esperando tu respuesta, a los minutos de contemplarte aún dormida me despedía de ti con un beso en la frente y me iba a mi habitación casi siempre con el corazón hecho nudos creyendo que no te dedicaba mucho tiempo y deseando encontrar una mejor forma de cambiar dicha situación.
Cuando entraste a la adolescencia te empezaba a distinguir una actitud rebelde, siempre querías ser la pionera frente a tu grupo de amigos, ojala todas esas primeras experiencias hubieran sido para bien, pues a ti te hubieran evitado esos reportes y suspensiones de clase por mal comportamiento y a mi los dolores de cabeza que aún me taladran, pero aún esas actitudes rebeldes yo las justificaba engañándome a mi misma y repitiendo mentalmente "eso es normal a su edad"... A los 14 años probaste tu primer cajetilla de cigarros y tus primeras cervezas, lo que nunca lograba explicar era porque tú no iniciabas como todos, es decir, con un pequeño sorbo o una bocanada de humo, tú querías sentir todo en extremo y me asusté, en este punto de tu vida comencé a perderme, traté de ejercer mi papel de madre y tú creíste que habíamos dejado de ser amigas, pasabas menos tiempo en casa argumentando que yo había convertido en un infierno el hecho de vivir juntas, así que algunos días te quedabas en casa y otros te ibas a la casa de tus abuelos, a través de ellos supe muchas cosas de ti, cosas que tal vez yo ya sabía pero que no admitía pensando que negándolo o no aceptándolo todo se arreglaría más rápido, actué con miedo e ingenuidad, temerosa a tu reacción si te confrontaba, sobre todo cuando caí en la cuenta de que fumabas marihuana y que esporádicamente recurrías a la cocaína, al principio idealizaba la situación pero inmediatamente mi temor creció porque querías que yo lo viera como algo "normal", como un acto natural, como algo que todo el mundo hace, algo que según tus palabras "No es del otro mundo" apostando casi tu propia vida a que de 10 personas 8 recurren a algún tipo de drogas, terminabas la frase diciendo irónicamente "Más personas de las que podemos imaginar se drogan", Pero Marcela, a mi no me importaban los demás sino solamente tú, pero tú insistías en que no necesitabas ayuda profesional, porque podías "controlar" todo lo que tuviera que ver con las drogas, pero la verdad hija, es que las drogas hacía mucho que regían tu vida, te convertiste en su esclava, en una adicta. Yo no quería esperar a encontrarte inconsciente para correr a buscar ayuda, así que empecé a frecuentar a personas que pueden auxiliarnos a los padres en este tipo de problemas sociales, trabajé menos para dedicarte más tiempo por medio de estos grupos, todo con la finalidad de que entendieras que tenías un problema, lo aceptaras y lo enfrentaras, sin embargo tu reacción fue de enojo, de rechazo y coraje y te marchaste de la casa, decías sentirte humillada por mi culpa y te fuiste sin dejar siquiera un número telefónico en el cuál yo pudiera localizarte, desde ese día hasta el día de hoy que se de ti mi cabeza daba vueltas imaginando lo peor, no podía dormir, me sentía angustiada, preocupada, se me retiro el hambre, el sueño y un poco la vida... Hija si pudieras verme ahora te sorprenderías pues no soy ni la mitad de aquella mujer robusta que te vio nacer y crecer.
En realidad no se mucho de las cosas que hiciste desde que saliste de casa hasta el día de hoy, pero por tu apariencia puedo percatarme de que las drogas y tú se convirtieron en un solo ser, tu eras el cuerpo y ellas las que te dirigían, te están ganando, pues ahora corren por tus venas sustituyendo lo que algún día fue sangre.
Marcela, por fin tu rebeldía negativa se esta apagando pues te encuentro tan vulnerable, tan dependiente de todo y de todos, tan frágil que temo hablarte y por eso escribo, porque siento que el mínimo ruido o movimiento terminarán por matarte. Hija tristemente contemplo que ya no eres aquella chica activa con carisma, el único recuerdo que me hace reconocerte es tu perfil sereno como aquellas noches en que entraba a tu cuarto cuando estabas dormida.
Lo que me da más coraje no es verte inconsciente por una coma inducida por una sobredosis, lo que me da coraje es saber que es cuestión de días el perderte y reconocer que todo esto se pudo haber evitado, tú y yo teníamos la solución y tu vida en nuestras manos.
Hija quiero decirte tantas cosas pero es tan poca la vida que te queda, que solo puedo disculparme contigo por no haberlo intentado a tiempo, por haber sido tan débil y acobardarme cuando te iba a impartir un regaño que te merecías a pulso, me siento tan fracasada como madre, mi amor por ti me cegó estúpidamente y me arrepiento de ello. Marcela ¿es que nunca te imaginaste que mi vida se iba con la tuya? Te defraude como madre y ahora es muy tarde para reconocerlo, pero siempre ten presente que ingenuamente no supe manejar mi amor hacia ti. Te quiero hija y daría cualquier cosa por cambiar el lugar en el que estás ahora...
... La mamá de Marcela terminó difícilmente de leerle la carta a su hija, cada palabra era una lágrima, mismas que se volcaron abruptamente cuando termino de leerle a Marcela, quién murió minutos después.
Comentarios: laura.esle@hotmail.com

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