domingo, noviembre 04, 2007

Zapata

Emiliano Zapata

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"El Caudillo del sur",nació en San Miguel Anenencuilco, Morelos
y murió asesinado en Chinameca, Morelos
Emiliano Zapata Salazar (aproximadamente 1879-1919), el Caudillo del sur, fue uno de los líderes militares más importantes durante la Revolución Mexicana.
Emiliano Zapata Salazar, Nació en San Miguel Anenecuilco, municipio de Ayala, en el estado de Morelos el día 8 de agosto de 1879. Fue hijo de Gabriel Zapata y de Cleofas Salazar, formó parte de una típica familia campesina.

Su infancia se desarrolló a la par del latifundismo porfirista en Morelos. Realizó los primeros estudios con el profesor Emilio Vara, quién había sido un viejo soldado juarista. Pronto trabajó como labrador y arriero. En 1906 asistió a una junta de campesinos en Cuautla, para discutir la forma de defender frente a los hacendados vecinos sus tierras del pueblo. Su rebeldía lo condenó a la leva: en 1908, Zapata quedó incorporado al 9°. Regimiento de Caballería, en Cuernavaca; fue asignado como caballerango de Pablo Escandón, Jefe del Estado Mayor de Porfirio Díaz, más tarde se le asignó con el mismo puesto a Ignacio de la Torre, yerno de Díaz, quién le tomó afecto por su destreza con los caballos.
En septiembre de 1909 fue electo presidente de la junta de defensa de las tierras de Anenecuilco, donde a la par de ese momento empezó a estudiar los documentos que acreditaban los derechos de los pueblos a sus tierras y de esa manera se convirtió en dirigente agrario de Morelos, su Estado natal. Su primera aparición política ajena a su mundo campesino fue en las elecciones para gobernador de Morelos en 1909, cuando apoyó al candidato de la oposición, Patricio Leyva, en contra del de los latifundistas, Pablo Escandón.
En el mes de mayo de 1910 recuperó por la fuerza las tierras de Villa de Ayala, que eran protegidas por el el jefe de policía José A. Vivanco y que dejó en posesión de los campesinos del lugar, con este hecho tuvo que escapar varias veces del gobierno pues fue declarado bandolero.
A finales de ese mismo año, Pablo Torres Burgos fue enviado a Estados Unidos por Emiliano Zapata para que se pudiera entrevistar con Francisco I. Madero. El resultado de esta entrevista fue la decisión de tomar las armas por Emiliano Zapata y otros 72 campesinos y con Juan Moreno, Rafael Moreno, Maurilio Mejia y José Vergara. Esto lo hicieron el día 10 de marzo de 1911, cuando proclamaron el Plan de San Luís, donde con la bandera de la recuperación de tierras a los campesinos logró mantener su lucha. Después de eso se dirigió hacia el sur pues ya era perseguido por Aureliano Blanquet y su batallón de soldados. En este período del movimiento Zapatista sobresalen las batallas de Chinameca, Jojutla, Jonacatepec, Tlayecac y Tlaquiltenango así como la muerte del zapatista, que incluso precedió al mismo Emiliano, y antiguo líder del movimiento suriano, Pablo Torres Burgos, a la muerte del mismo, Emiliano Zapata es elegido según junta revolucionaria del sur en 1911 como nuevo jefe revolucionario-maderista del sur. Las reivindicaciones zapatistas, que suponían una reforma agraria radical (la tierra es de quien la trabaja) fueron inaceptables para los sucesores de Porfirio Díaz, se puede decir lo mismo de Francisco León de la Barra, quién haciendo uso de su facultad de presidente encabezó diversos enfrentamientos políticos y armados con el jefe suriano; e incluso del mismo Francisco I. Madero.
Zapata se negó a desarmar a sus tropas, según lo acordado por los Tratados de Ciudad Juárez, sin que antes se realizara el reparto de las haciendas del estado. Esto dio lugar a que Francisco León de la Barra, presidente interino, lo considerara bandido y rebelde, mandando fuerzas a perseguirlo. Mil hombres bajo el mando de los generales Victoriano Huerta y Aureliano Blanquet fueron enviados a combatirlo. Para agosto del citado año de 1911, Francisco I. Madero quedó de entrevistarse con Emiliano Zapata en Yautepec para buscar una solución pacífica en el conflicto suriano, con el fin de convencerlo de que licenciara sus tropas, al tiempo que Zapata era fuertemente criticado por la prensa conservadora del país. En la reunión no se logró ningún acuerdo, dicho por Madero pues el mismo estaba convencido de que no podía acordar el previo reparto agrario. El gobierno federal reiteró su decisión de imponer el orden por la violencia y Zapata se desplegó con sus tropas a los límites entre Guerrero y Puebla, escondiéndose del gobierno y generando emboscadas a pequeños contingentes federales, cabe destacar que durante ese lapso, Zapata se casó formalmente con Josefa Espejo (su única mujer legitima, ya que durante la Revolución tuvo infinidad de mujeres ,su secretario particular comenta que tuvo alrededor de 22 o quizás mas),de hecho, el padrino de la boda fue el propio Francisco I. Madero.
El 25 de noviembre de 1911 lanzó el Plan de Ayala redactado por Otilio E. Montaño, documento que se convertiría en su estandarte y en el fiel ejemplo de la ideología de los campesinos morelenses. En él se exigía la redención de la raza indígena y la repartición de los latifundios otorgados durante el Porfiriato; se desconocía a Francisco I. Madero como presidente y se reconocía a Pascual Orozco como Jefe legítimo de la Revolución Mexicana; además postulaba que en vista de que no se había cumplido lo que se le había prometido al campesinado la lucha armada era el único medio para obtener justicia.
Durante 1912, Emiliano Zapata combatió al Ejército Federal, que al mando de los Generales Arnoldo Casso López, Juvencio Robles y Felipe Ángeles buscaban la pacificación en los estados del sur. Los zapatistas buscaron defenderse y lo hicieron brutalmente en versión del ejército federal: en las narraciones de los ataques zapatistas son comunes las referencias a asaltos, incendios, violaciones, etcétera, lo cierto es que dichas narraciones eran alteradas para justificar los desastres cometidos por los miembros del Ejército Federal. En ese año sobresalen los ataques a Tepalcingo, Yautepec, Cuautla y Cuernavaca., aunque debe afirmarse que en ese entonces el movimiento zapatista era muy débil tanto en el ámbito político como en la rama militar, sobre todo cuando la campaña del gobierno maderista contra los sublevados surianos quedó a cargo del General Felipe Ángeles, pues por sus métodos civilizados y tolerantes le restaban bases al zapatismo, pues Ángeles simpatizaba con ellos.
La lucha en el sur a la Muerte de Madero
Tras el asesinato de Francisco I. Madero y el ascenso en el poder de Victoriano Huerta, la lucha armada se exacerbó y Zapata fue uno de los jefes revolucionarios más importantes, al tiempo que introdujo importantes reformas en Morelos. Posteriormente estas posturas lo opusieron al nuevo presidente (Venustiano Carranza). Victoriano Huerta una vez en el poder, envió una comisión encabezada por el padre de Pascual Orozco, Pascual Orozco (Padre) a pactar la paz con Emiliano Zapata, esto le facilitaría tener un frente menos de guerra en el país. Éste, que contaba ahora con el dominio de Morelos y parte de los Estado de México, Guerrero, Puebla y Tlaxcala, se negó a pactar con los que llamó “Asesinos de Madero”. Fusiló al emisario de Huerta, envió una carta al General Félix Díaz repudiándolo. al igual que al gobierno de Huerta y para mayo reformó su Plan de Ayala declarando que Victoriano Huerta era indigno de la presidencia del país y a Pascual Orozco se le retiró el cargo de Jefe de la Revolución. Zapata quedó entonces como único Jefe del Ejército Libertador del Sur. Sin embargo, es preciso consignar que reconocer el Plan de Ayala implicaba el no reconocimiento del Plan de Guadalupe, convirtiéndolos en luchadores de una causa aislada a las encarnizadas batallas que se libraban en el norte del país con Francisco Villa, Álvaro Obregón y Pablo Gonzáles Garza. En los primeros meses de 1914, Zapata tomó Jonacatepec y Chilpancingo,y en ese mismo año ,su ejercito ya constaba de 27 000 hombres, por lo que para abril ya había controlado por completo el estado de Morelos y algunos lugares de Guerrero. Poco después conquistó Cuernavaca y para junio se acercó a la Ciudad de México ocupando Cuajimalpa, Xochimilco y Milpa Alta, amagando a esta ciudad, sin embargo, las fuerzas constitucionalistas les cerraron el paso al ocupar la Ciudad de México, antes que las propias zapatistas que se encontraban más cerca. En septiembre, Venustiano Carranza envió a Juan Sarabia, Antonio I. Villarreal y a Luis Cabrera a conferenciar con Emiliano Zapata, pero nuevamente el caudillo suriano exigió la renuncia al Poder Ejecutivo de Venustiano Carranza y el reconocimiento del Plan de Ayala. Los emisarios, como toda respuesta abandonaron su campamento y el estado pues Carranza rechazó rotundamente sus peticiones calificándolas de inadecuadas.
Gobierno Convencionista
En ese mismo mes, Zapata, desde su cuartel general de Cuernavaca, promulgó la entrega de de tierras a los pueblos. Invitado por varios delegados de la Convención de Aguascalientes, en la que los tres grupos más importantes que participaron en la Revolución Mexicana intentaron dirimir sus diferencias, Zapata no fue en persona al citado evento pero envió una comisión integrada por Antonio Díaz Soto y Gama (quién protagonizo el Incidente de La Bandera), Leobardo Galván, Paulino Martínez, Manuel J. Santibáñez y Manuel Uriarte, los que quedaron en calidad de observadores hasta que la Convención optó por desconocer a Venustiano Carranza. Así pues, Emiliano Zapata se unió con Francisco Villa y ambos reconocieron a Eulalio Gutiérrez como presidente provisional de México, no así el encabezado por Venustiano Carranza, lo que provocó la continuación de la guerra civil. A finales de noviembre la poderosa División del Norte y el Ejército Libertador del Sur entraron en la Ciudad de México, alcanzando así fama nacional el movimiento zapatista, como la otra cara de la moneda entre campesinos surianos y del norte. En su estancia en la Capital sus tropas tuvieron una actitud más que pacífica: obtuvieron recursos mediante limosnas y evitaron los robos y asaltos de algunos bandidos que se hacían llamar zapatistas, ensuciando su nombre. El 4 de diciembre Villa y Zapata tuvieron una célebre entrevista en Xochimilco, lográndose una alianza militar entre ambos ejércitos. Villa aceptó en cambio el Plan de Ayala, a excepción de sus acusaciones a Francisco I. Madero, quién había sido su redentor y se obligó a dar armas a Zapata. Concretados estos acuerdos, Emiliano Zapata, partió rumbo a Amecameca y tomó Puebla el 17 de diciembre de 1914, aunque en los primeros días de enero la plaza le fue arrebatada por las fuerzas del General Álvaro Obregón. Este habría de dedicar sus mayores esfuerzos para combatir al poderoso ejército villista, dando lugar a que durante 1915, Morelos fuera gobernado por los campesinos levantados en armas, asesorados por los intelectuales de la lucha suriana. En 1916, una vez que Venustiano Carranza se había instalado en la Ciudad de México y que Francisco Villa hubiera sufrido serias derrotas por parte del Ejército de Álvaro Obregón, Carranza dispuso la ofensiva contra el zapatismo, al mando de Pablo González Garza. Con apoyo incluso de la aviación del ejército, Cuernavaca fue ocupada por los constitucionalistas en mayo y, aunque regresó efímeramente a manos de los zapatistas, quedó definitivamente en su poder el 8 de diciembre de ese mismo año. Ante la carencia de armas y ya sin el apoyo villista, en muy poco tiempo casi todas las poblaciones del estado quedaron en poder de los constitucionalistas. En 1917, Zapata, lanzando una contraofensiva reconquistó Jonacatepec, Yautepec, Cuautla, Miahuatlán, Tecala y Cuernavaca. En marzo expidió la ley administrativa para el estado, reabrió escuelas , creó instituciones para reiniciar la producción de alimentos del campo y continuó la guerrilla en zonas periféricas y de frontera. Sin embargo, en octubre del mismo año entró a Morelos el general Pablo González Garza, apoderándose del territorio. Para 1918, Emiliano Zapata era un guerrillero, como Francisco Villa ya por 1920, con poco futuro, pues su movimiento, indudable manifestación del descontento campesino, ante las constantes batallas, pocas municiones, muerte de cabecillas importantes y la ley agraria de Carranza que apaciguo la causa suriana, contribuyeron a que para ese año no se llegara a consolidar una real organización político-militar. Siendo una rebelión de masas campesinas se limitó a realizar su guerra de guerrillas a partir de 1918.
Muerte de Zapata [editar]
La guerra por parte del gobierno tomó perfiles despiadados. El gonzalista Jesús Guajardo le hizo creer a Zapata que estaba descontento con Carranza y que estaría dispuesto a unirse a él. Zapata le pidió pruebas y Guajardo se las dio. Acordaron reunirse en la Hacienda de Chinameca, Morelos, el 10 de abril de 1919, pero Zapata murió presa de una emboscada. No pocos condenaron el procedimiento, además, esto dio lugar a que, una vez muerto, Zapata se convirtiera en el Apóstol de la Revolución y símbolo de los campesinos desposeídos. El movimiento continuó, aunque en franco declive, y los zapatistas acordaron nombrar a Gilbardo Magaña Cerda como Jefe del Ejército Libertador del Sur, quién sería el último. Casi un año después los compañeros de Zapata se integraron al gobierno aguaprietista, y uno a uno murieron asesinados por el mismo gobierno cuando trabajaban para la misma institución.


El cadáver de Zapata
Los seguidores de Emiliano Zapata reciben el nombre genérico de zapatistas, aunque es muy importante hacer la distinción entre los zapatistas de tiempos de la revolución mexicana y los actuales zapatistas del sur de México.
Hace algún tiempo, se publicó un texto, [1] que cuestiona la versión oficial de la muerte de Zapata en la Hacienda de Chinameca. Hasta la fecha no ha habido una respuesta pública, con argumentos, ni siquiera de historiadores profesionales, que refute este cuestionamiento a la versión oficial. Sin embargo, ha provocado la molestia de quienes lo publicaron, porque les dicen que distorsionan la redacción de este punto, al parecer por la incapacidad de argumentar.
Zapata es el autor de la famosa frase «Es mejor morir de pie que vivir toda una vida arrodillado», muy comúnmente atribuida de forma errónea a otros autores y revolucionarios, incluyendo a Ernesto Guevara, Dolores Ibárruri "La Pasionaria" (quien ciertamente la popularizó con sus discursos durante la guerra civil española) e incluso a Esquilo [2].

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