lunes, diciembre 31, 2007

Desde Santa Ana, Cal.

Recordando un poco la gesta cristera

Por Felipe Hermoso Padilla

Mientras los cristeros y gobernistas se enfrentaban a muerte, los católicos de todas partes sufrían, pero de especial manera en las zonas del conflicto, fueron los más afectados de lo que fue la verdadera persecución religiosa.

La gesta cristera fue el pretexto para mirar con sospecha y perseguir a enemigos personales, y en consecuencia a los católicos, principalmente los del campo y a los sacerdotes a menos que se escondieran en las ciudades y muchos tuvieron que huir a los Estados Unidos o a otras partes. Los sacerdotes que fueron descubiertos, unos ejerciendo su ministerio y otros nomás por sospecha, fueron presos y sin averiguar su procedencia fueron ejecutados de inmediato.

La ley de Calles exigía que los sacerdotes se registraran ante las autoridades del gobierno, pero estos fueron muy pocos y ninguno de los católicos lo hizo,
son muy bien conocidos los éxitos de las fuerzas cristeras, los diversos y complejos problemas del Estado y su debilitamiento de las fuerzas; los desertores que estaban generando dentro de los mismos cristeros, fue la causa a que llegó en 1929, con los llamados “arreglos” entre los dos obispos y Portes Gil por parte del gobierno. Pasando los 3 años del conflicto, se abrieron los templos, aunque muchas propiedades de la iglesia permanecieron confiscadas por el gobierno.

Los cristeros, no son solamente quienes participaron en el conflicto armado, sino toda la población católica, que facilitó a los cristeros toda ayuda y recursos económicos. Ciertamente que la mayor parte de los cristeros fueron unos grandes héroes, muy valientes de las causas que defendían.

Los mártires ya canonizados (o sea santos), son los que forman parte de la historia de este conflicto y de otra línea humana de comportamiento voluntario que se entretejen con intensidad de dos voluntades, la propia y la divina, y en el caso de los mártires mexicanos, la gran mayoría de ellos, transitaron en medio del conflicto religioso y la persecución, guiados por una meta que no es apreciable a simple vista por los humanos.

Estos mártires, no se afiliaron a la causa cristera ni siquiera a sus lemas, salvo raras excepciones y sólo con el grito de “Viva Cristo Rey”, y cuando les dieron tiempo, ellos solamente desarrollaron su ministerio sacerdotal, y con resignación afrontaron las dificultades que se les presentaban a diario. Muchos conocieron la cárcel, el martirio, podemos decir que fue lo más sublime, que llegó al heroísmo, pues ellos ganaron el combate, en este mundo, que estaba preparado para ellos.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario