miércoles, enero 02, 2008

¿Amor y justicia?

¿Amor y justicia para el México de hoy?

Por Saúl Ponce Castañeda

Hablar de amor y justicia a la vez resulta una seria dificultad, porque en su esencia ambas realidades son diversas, pero no inconciliables; la conciliación que se da entre las dos es siempre sutil y frágil, pero no imposible. El amor es una alabanza para aquél que es la fuente de todo amor -Dios-, y que a la vez invita de manera categórica a la vivencia de esta realidad: ¡Ámense!

El amor no es como cualquiera de las otras virtudes humanas o morales, el amor es más que una virtud, porque muchas de las veces exige más: “amar a los enemigos”. La justicia por su parte durante el correr de los siglos siempre ha sido considerada como un ideal, como referencia necesaria para establecer un punto de acuerdo dentro de la sociedad y la convivencia de sus miembros. La justicia se considera que, deberá de buscar siempre “dar a cada quien lo suyo”, por tanto, aquello que no le pertenece a alguien es injusto dárselo, porque por derecho no le corresponde.

El problema pues, de la diversidad entre el amor y la justicia es clara: el amor como realidad que trasciende toda virtud y que por tener su principio fundamental en Dios, parece muchas veces desencarnado de la vida cotidiana; la justicia por su parte parece ser fría y radical. La coincidencia primordial entre el amor y la justicia, parece ser que ambas son insuficientes por sí solas, por ello la necesidad de una y otra para que ambas sean complemento en el acontecer de la vida personal y social. Por ello dice el filósofo francés Paul Ricoeur: “El amor necesita de la mediación de la justicia para entrar en la esfera práctica de la vida, y la justicia a su vez necesita del amor para no convertirse en una regla utilitaria y radicalmente legalista”. El amor y la justicia son indispensables el uno para la otra y parecen ser en realidad, la simetría perfecta dentro de toda vida personal y social.

El México que hoy nos toca vivir, está saturado de todo tipo de diversidades, que muchos consideran contrariedades. Los periódicos y noticieros no cesan de anunciar los ajetreos que vivimos en el país: las dudas de un proceso electoral, las consignas de organizaciones que “en nombre de los pobres” piden la renuncian de un gobernante, la luchas por posicionarse mejor antes los electores, las disputas entre el gobierno y la oposición, los de izquierda y derecha, los abusivos y pasivos, los conservadores y los liberales, los delincuentes y la policía, los buenos y los malos, los comprometidos y los indiferentes, etc. La dualidad y enfrentamientos entre los dos polos salen a relucir en todos los aspectos de la vida, pero tal parece que los antagonismos ocasionados por ideologías y sectores políticos se reavivan y ocasionan en gran parte muchas de las confrontaciones y dificultades en que vivimos actualmente. La simetría errónea y obsesionada de seguir catalogando los sectores político, sociales y hasta eclesiales bajo las coordenadas de “derecha” e “izquierda” han ocasionado en la mayoría de los casos las constantes confrontaciones entre los que los gobiernan, y desgraciadamente también en la sociedad. Pero ante esta realidad que nos toca vivir y que no siempre elegimos, sería bueno cuestionar si esta simetría es válida, cuando en la realidad vemos que los que se consideran de alguno de estos “bandos” se cambian de él con toda facilidad y sin remordimiento por traicionar lo que durante algún tiempo fueron sus “convicciones” las abandonan bajo todo tipo de justificaciones, de ahí que la existencia de esas coordenadas tan utilizadas por muchos se ponga en tela de juicio e incluso al grado de considerarse como inexistentes. Por tanto ante esta situación surge otra cuestión ¿no será necesaria y más exacta otra simetría que no tenga que ver nada con aquello de derecha, centro, izquierda u otras?

México y los que lo habitamos al igual que otros países llamados “tercermundistas” tienen algo en común: la mayoría de ellos carecen de paz entre los que los habitan. Por ello, la simetría del amor y la justicia puede ser el verdadero paradigma o modelo que provoque esa paz tan necesaria para todo pueblo o nación. Pero, ¿por qué creo que esta simetría del amor y la justicia sea la más adecuada para conseguir la paz dentro de nuestra nación? El Papa Benedicto XVI recientemente se refirió a la paz como “don” de parte de Dios, pero también como “tarea” para la humanidad, por lo tanto es ahí donde al hombre le toca trabajar. La consigna y la invitación es clara, la paz sólo se alcanza cuando hay justicia; de ahí que la búsqueda y el alcance de esta traerá consigo la paz; un pueblo sin justicia es imposible que tenga paz. El amor por su parte colaborará para que ese “sentido patriótico” y compromiso ciudadano verdaderamente se plenifiquen y logren ser reflejo del amor de Dios a sus criaturas. La necesidad de amor y justicia en el México de hoy grita con mayor fuerza y exige de parte de nosotros una actitud constante para alcanzarla. La circunstancia de cada uno, el ambiente en que nos desarrollamos y la labor que como cristianos (y no cristianos) y ciudadanos realizamos es la oportunidad perfecta para comenzar a conquistar esa paz tan necesaria. Comenzar esta labor desde el propio sitio donde estamos parados ayuda a que esta conquista no se haga más ilusoria e irrealizable, porque parece ser que a mayor nivel o distancia de realización resulta más complicada la vivencia de esa paz que a gritos, en nombre del amor y la justicia suplica el México en el que hoy vivimos y del cual somos parte importante.

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