miércoles, enero 02, 2008

Tavito

Un habitante peculiar

Comentarios: laura.esle@hotmail.com

Cada colonia de cada ciudad tiene un habitante peculiar, alguien que sirve de referencia, que es como el icono del lugar. En la colonia en la que yo crecí, había un chico que todos decían que era diferente… he aquí un fragmento de su historia personal:

Cuando yo era joven, hace ya algunos ayeres, recuerdo que tenía un vecino que se llamaba Gustavo, sus familiares y amigos de cariño le decían “Tavo”, este niño en cuerpo de hombre, tenía alrededor de 30 años según recuerdo, pero según cuentan su edad mental nunca rebaso los 9 años de edad. Su papá –Don José- tenía un negocio de venta de bicicletas en donde Tavo se la pasaba prácticamente todo el día, revolviendo cosas, volteando bicicletas para girarles las llantas, y cosas así por el estilo, que quizás después de un tiempo a él le dejaron de resultar interesantes pero que seguía haciendo automáticamente en vista de no tener nada mejor en que entretenerse. En alguna ocasión escuché a su papá comentar, que Tavo desde chiquito fue diferente al resto de sus hermanos, caminó hasta que tuvo edad escolar, esto es, aproximadamente a los 4 o 5 años, nunca ha dicho una frase completa, solo balbuceos y ruidos extraños que a veces los demás, incluso su propia familia, no sabe interpretar y es entonces cuando Tavo se desespera y su rostro se torno desesperado queriendo aventar todo lo que se encuentra a su lado. Sus hermanos ocasionalmente lo hacían de menos, sobre todo cuando se trataba de jugar fut bol, nadie lo quería en su equipo, se burlaban de él diciendo que el solo hecho de tenerle cerca ya significaba perder.

Había chicos que lo hacían enojar por el simple hecho de exhibirle ante los demás, sabían que para Tavo era sagrada una cámara de bicicleta parchada que obtuvo alguna tarde en la que su papá la tiro, él corrió rápidamente y la tomó con tal sutileza que pareciera que se trataba de un ser humano el que acababa de caer. Dicha cámara se convirtió en su compañía desde que el tenía 20 años. Ahora mucho tiempo después la cámara seguía con él, solo que un tanto más gastada, más parchada y más amada por Tavo. Era un objeto sagrado. Nadie podía tocarla. Ni siquiera sus padres, solo se mostraba flexible cuando su papá le mostraba un parche nuevo y le decía: “Mira Tavo, vamos a hacerle curaciones a tu cámara, ¿Quieres que se siga viendo bonita? A lo que Tavo agitaba la cabeza repetidamente y entregaba ese objeto con recelo, sin embargo no se apartaba de ella, ni cuando su papá le advertía que se hiciera a un lado porque el olor del resistol amarillo podría marearle, por el contrario es como si le hubieran dicho a Tavo que se aproximara más, cuando su papá terminaba de colocarle el parche Tavo agitaba su cámara como si hubiese salido triunfante de una sangrienta batalla, tiempo después me di cuenta de que cada parche que aquella cámara vieja tenía, representaba un aniversario junto a Tavo. Resulta que para su papá también era simbólico. Entre esas conversaciones de adulto me di cuenta de que para la familia de Tavo la cámara representaba un ser viviente, más que un objeto, pues era el primer y único objeto en la vida de aquel integrante peculiar de esta familia, al cuál Tavo le veía con cariño. Aquel acto de amor por aquella parte de bicicleta demostró a la familia de Tavo, que éste tenía sentimientos, que podía sentir y externarlo a través de este objeto hecho sujeto, según alguna relación filosófica vigente. En alguna ocasión, los adolescentes problemáticos de la colonia en la que vivía Tavo, le robaron la cámara para hacerlo enojar, él si a penas se dio cuenta de quien fue, pues en cuanto no tuvo a la vista aquel objeto preciado comenzó a autolesionarse golpeando su cabeza repetitiva y violentamente en contra de la pared, prácticamente tuvieron que amarrarlo para que dejara de hacerlo, considero que esos 9 días en las que estuvo sin su compañera de vida, fueron los días más desgraciados de Tavo, Al principio, como mencioné, le dio por auto agredirse, como culpando su descuido, en los días posteriores con un edema del tamaño de su cabeza a punto de estallarle, se sentaba en la banqueta de su casa, volteando simultáneamente a todos lados mientras el dedo índice de su mano derecha dibujaba algunos círculos en la tierra del jardín de su madre, todos los que le veían en verdad sentían pena por él, fue tanta la tristeza dibujada en el rostro de este niño adulto que los niños vecinos juntaron su dinero del domingo y adquirieron una cámara nueva, se la envolvieron en papel brilloso, sin embargo Tavo ni siquiera la abrió, creo que en el fondo sentía que no era la correcta, aquella cosa tan aboyada por el tiempo que el podría distinguir a muchos metros de distancia. Un buen día, en el que la familia de Tavo estaba desayunando, mientras que este giraba en círculos sobre su propio eje en el patio, llamaron a la puerta, era una madre ligeramente avergonzada jalando la oreja de un chico problema, su hijo, quien traía consigo la cámara de Tavo arrastrando, fue tal la alegría de la familia que llamaron la atención de Tavo, quién al ver su cámara le volvió la alegría, después de un lapso de disculpas, Tavo noblemente abrazó a aquel chico que le había hecho morir y vivir nuevamente. Después de ese día Tavo se coloco la cámara alrededor del cuello y esporádicamente se cercioraba de que seguía ahí dando unas palmaditas en su pecho.

Tavo aún sigue viviendo en la misma colonia, iluminando la historia de aquel lugar, en el que crecí observándolo jugar con su cámara de bicicleta junto al pecho. El tiene retraso mental moderado. Dicen los expertos que su coeficiente intelectual no rebasa los 60. Yo creo que su coeficiente emocional va más allá de lo que alguien, experto o no, pueda opinar.

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