domingo, marzo 02, 2008

Martha

Martha: La persona que más me ha influenciado en la vida

Comentarios: laura.esle@hotmail.com

Muchos dicen que nací en cuna de oro, con la suerte de tener padres adinerados, todos los juguetes que cualquier niño puede soñar con poseer, y una vida planeada por delante.

Nací un 18 de marzo de 1980 en el mejor hospital del extranjero, con la atención de médicos de renombre, fui trasladado en un auto deportivo a una mansión de lujo y tuve una habitación 10 veces más grande que una casa de INFONAVIT, no esta de más mencionar que dicha habitación había sido acondicionada por un diseñador de interiores que resulto ser amigo de la familia. Minutos después de mi nacimiento mi madre cortó de raíz la posibilidad de darme hermanos o hermanas, cualquiera podría pensar que fui un hijo deseado, pero para la propia desgraciada mi llegada fue peor que una bomba nuclear en Hiroshima y Kawasaki.

Conocí a Martha, mi nana, cuando recién había nacido, ella tenía cerca de 30 años cuando aceptó cuidarme, tenía tez morena, cabello largo, estatura baja y una sonrisa bien intencionada. Mi madre quería a una niñera profesional de academia, pero mi padre vio con buenos ojos la inocencia de Martha, supongo que le inspiro confianza. A pesar de que otras chicas de la edad de Martha tenían basta experiencia en chicos, fiestas, sexo y alcohol, ella se mantuvo al margen conservando una virginidad completa incluso de pensamiento. Ella había quedado huérfana cuando solo contaba con 8 años de edad y siendo hija única quedó a expensas de la voluntad de Dios. Con el paso de los años descubrimos que lo único que teníamos por familia éramos nosotros mismos, solo ella y yo.

Mis padres biológicos eran populares, organizaban grandes fiestas, los invitaban a los mejores lugares, vivían viajando permanentemente a cualquier parte del mundo. La necesidad de dejarme en casa les hizo tenerle demasiada confianza a Martha y debo decir que esa fue la desición más sabia. Creo que eso es lo único que les agradezco honestamente incluso más que haberme dado la vida.

La asesora de mis padres me inscribió en los mejores colegios del país, creo que a propósito empecé a obtener malas calificaciones para llamar la atención de mis papás, ellos como castigo omitían algún juguete como creyendo que eso me importaba y de vez en cuando alguno de ellos intercalaba su presencia por las noches en mi habitación y me sermoneaba respecto a la importancia y el prestigio que implicaba tener una buena calificación, sus sermones giraban entorno a lo mismo: “Imagínate que dirán nuestros amigos”, “Que pensará la gente”… Entonces para evitar los monólogos nocturnos y demagogos de mis padres cambie de estrategia, me esforzaba cada vez más, llegue a ser el primero de mi clase y al parecer con mi nombre en los cuadros de honor del colegio, repelía la presencia de aquellos dos personajes que tuvieron a bien engendrarme.

Siempre me gustó practicar deporte, y cuando tenía 10 años me inscribí a un equipo de fútbol, como era de esperarse el día de mi debut en la cancha mis padres no estuvieron presentes, al principio me dolió, pero un equipo profesional de aquel deporte obsequiado por mi padre curo todas las heridas un sábado por la noche. Además tenía a Martha, ella gritaba pasivamente mi nombre desde su lugar, se distinguía de todas las demás mamás, ella se apasionaba tanto con el juego que terminaba afónica al final de cada temporada. Yo le dedicaba cada gol que anotaba y para festejar corría y la abrazaba. En una ocasión recibí un golpe tal que termine lesionado, y ella fue la única que estuvo conmigo en el hospital, sujetando mi mano, en ese momento yo le comente que me retiraría del juego para siempre con mi voz de actor infantil dramático y ella se encargo de no permitirlo, pues como ella decía “Los retos le dan sabor a la vida”, “además chamaquito un golpecito y no aguantas nada, las caídas se hicieron para levantarse” termino diciéndome y yo conservando mentalmente sus palabras. Cuando se aproximaba el fin de mes Martha iba a visitar a algún familiar a su pueblo, o simplemente a desahogarse un poco de la vida de ciudad, a su regreso me contaba las cosas maravillosas que había comido, los lugares tan típicos de ese lado de México y sin excepción terminaba con los ojos brillosos al hablar de aquel viejito que no tenía para las medicinas o de aquella familia con un hijo enfermo que no tenía ni para el doctor. Yo empecé a acompañarla a pesar de la incomodidad de mis padres, ellos no querían que yo conviviera con gente de estratos sociales bajos, por el temor a que yo aprendiera cosas ajenas a sus círculos sociales, pero al ver mi insistencia y su falta de tiempo para atenderme un fin de semana al mes no tuvieron alternativa. A través de aquellas visitas al occidente del país fue como me enamore de mi México, como conocí las comidas más exquisitas que he de conocer en toda mi vida y como me encarrile al mundo fascinante de la medicina. Martha me decía que no había vocación más bonita que la de los médicos, pues ayudaban desinteresadamente a las personas. Ella noblemente nos presento a la medicina y a mí. Yo quería que ella se sintiera orgullosa de mí. Me consta que me quería como a los hijos que no tuvo, y sin dudarlo daría la vida por mí. El sentimiento era mutuo.

Mi tesis de Licenciatura fue dedicada a ella, mi madre se sintió ofendida pero no encontró argumento alguno para rebatir mis buenas intensiones. Después de algunos años más de estudio, me fui a prestar mis servicios como Médico al occidente de México, Martha y yo hicimos un buen equipo de trabajo, pero los años no pasaron en vano y el cuerpo de mí querida Martha se sintió cansado, me recomendaron internarla en un asilo de ancianos, pero jamás considere la opción, la cuide como ella me cuidó a mi, ¿Cómo no dedicarle cariño y cuidados a esta persona que se ha desvivido por mi toda su vida? Y que incluso hizo a un lado sus intereses personales por hacerme un hombre de bien, porque se que sin ella, yo no hubiera sido ni la mitad de lo que soy ahora. Y así, una madrugada de un 10 de abril murió la persona que me educó, que estuvo conmigo en los momentos difíciles y lindos de mi vida, la que me enseño a amar y ayudar a mi prójimo, la que curo mis heridas físicas y emocionales, la que cuido mi sueño, mi alimentación y mi salud, la que le dio vida a mi vida, murió dedicándome su última mirada mientras yo la abrazaba llorando diciéndole –gracias-.

2 comentarios:

  1. Anónimo2:39 a.m.

    felicidades por tu actitud de reconocimiento al valor de martha

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  2. Anónimo9:58 a.m.

    hola lo mas bonito de un ser humano que tiene amor y sentimiento es servir sin esperar nada a cambio no se cual fue el motivo por el cual entre hoy en esta pagina si su historia es verdadera que alegría saber que hay amor respeto y compasión en alguien en este mundo felicidades por todo lo dado a ese ser que lo quiso sin pedir nada a cambio.....

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