sábado, marzo 01, 2008

Poesía

El vendedor de paletas

Por José Alvarado Montes

¿Usted don Crispín,
detrás de un carro de paletas?
¡El hortelano más famoso de San Juan!
que con empeño cultivara la huerta
de don José Padilla, la más grande,
la más bonita, la más florida
¡Usted que le ponía argolla
A la nariz del toro pinto!
o con enorme escrepa forjaba aquellos pozos
para surtir las norias árabes
que regarían las hortalizas.
Usted que por las tardes
ordeñaba las vacas del patrón
y que al dirigir los chorros de leche
a las bocas infantiles
entre inocentes risas
mojaba nuestros rostros

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Usted don Crispín,
a quien su esposa lleva siempre alimento
a su hora y en su lugar.
¿Por qué la miro triste y mucho más cansada?
¿Qué pasó don Crispín con
esos surcos tan gordos, tan parejos,
tan bien hechos? ¿dónde están las lechugas,
las coles y las zanahorias...
¿Qué fue de los rábanos y de los ejotes,
de las calabazas y de la alfalfa?
¿Dónde quedó la magia de esas manos
que parecía empujar las planta para arriba,
y las flores...
¿Cómo adornar ahora los santuarios y las casas
si faltan los claveles, las nubes y las margaritas?.

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Se acercaba el año cincuenta, apenas lo recuerdo,
El mayor de sus hijos de don Crispín... o
¿el más chico? No lo sé, tenía tantos...
Arrebatado por la muerte parecía un ángel.
Cubierto de flores sobre una mesa de madera.

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¿Qué les sucedió a las moras, a los duraznos,
a los chabacanos, a los álamos,
residencia de las lechuzas, pájaros carpinteros,
hormigas arrieras, chirinas, lagartijas,
a los torcidos sauces que inclinaban sus ramas
para las aguas zarcas del río?

¿Qué pasó don Crispín?
¿Quién le prohibió sembrar tanta orfebrería?
¿Por qué abandonó aquel paraíso
dónde con devoción cuidaba sus verduras?
¿Quién lo convirtió en vendedor de paletas?
Si usted es hortelano, un obrero de Dios.
Ya todos se han ido, ya todo se ha perdido
don Crispín.

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