miércoles, julio 02, 2008

Padre Pío

Los extraños poderes del Padre Pío

Felipe Hermosillo Padilla

A fines de 1968 falleció en Italia un frágil fraile capuchino de barba gris que había puesto en aprietos, sin pretenderlo, a la iglesia de Roma. Eran miles de fieles que conocieron al padre Pío y exigían ahora que había muerto que fuera canonizado cuanto antes.

En su vida había sufrido cinco estigmas en el cuerpo, que correspondían con las cinco heridas sufridas por Jesús en la cruz.

Y estos estigmas estuvieron sangrando durante medio siglo, a pesar de lo cual jamás enfermo de anemia. Además se decía del fraile que podía estar en dos lugares al mismo tiempo y que era clarividente y capaz de realizar milagros.

Había nacido en 1887 en pie Treicina, cerca de Benevento. Sus padres fueron campesinos católicos que no tardaron en ver que su hijo tenia vocación para la carrera religiosa, lucharon por darle una educación, aunque fuera elemental y pudo así ingresar a un monasterio de frailes capuchinos, recién cumplidos los 17 años de edad. En los siguientes años este muchacho devoto y trabajador fue conocido por sus compañeros por su intensa piedad.

El 20 de septiembre de 1915 se quejó de fuertes dolores en manos, pies y el costado derecho. Los médicos buscaron en vano la causa del extraño dolor. Tres años más tarde, poco antes de llegar a su término la guerra, el padre Pío rezaba ante el altar de la iglesia de san Giovanni Rotondo en la ciudad de Foggia. Dejó escapar un grito de agonía y cayó al suelo sin sentido. Sangraba profundamente por manos, pies y costado derecho. Acababan de aparecer los primeros estigmas.

Victima de los intensos dolores, como si lo estuvieran clavando a una cruz, el padre Pío recobró por fin el conocimiento y pudo regresar a sus tareas normales, a partir de aquel día acudieron a estudiar su caso médicos de renombre, pero ninguno supo explicar de manera satisfactoria lo que sucedía. Las autoridades locales ordenaron entonces que se fotografiara al padre Pío para que quedase constancia de sus estigmas. Las fotografías lo mostrarían con expresión de tristeza, pálido y torturado el rostro, pasando por la vergüenza de exponer a la cámara sus manos ensangrentadas.

Calmado el clamor inicial, regreso al monasterio pero cada vez que se sentía transportado por el éxtasis místico sufría las extrañas hemorragias, que no hacían mella en su salud, fue a partir de entonces que se extendió por toda Italia su fama de santo. Se portaba cariñosamente con quienes venían a confesarse con el y muchos juraban que el santo varón conocía sus pecados antes de confesarlos.

No tardaron en producirse los primeros milagros. Un médico católico que se intereso en el fraile afirmó que algunos de ellos podían tener un origen psicomático, pero no alcanzaba a explicar los otros. Entre estos casos estaba el de Ana Giorgi, que habiendo nacido sin pupilas y según se dijo, ciega, atribuyo a la intervención del padre la supuesta recuperación de la visión, más tarde el padre Pío entro en un convento cercano a Foggia, donde permaneció hasta su muerte.

LOS DONES DE CLARIVIDENCIA Y UBICUIDAD

Algunas personas que habían ido a confesarse con el padre Pío contarían historias inenarrables sobre sus facultades. El Dr. Sanguinetti, que visitó el monasterio en enero de 1936, acompañado por dos abogados, escucho estas palabras pronunciadas por el fraile cuando se aproximo a saludarlo: "rogad conmigo, porque pronto se presentará una alma ante el tribunal de Dios." El día siguiente murió en Inglaterra el rey Jorge V. Quien sabe si fuera el alma de quien habló el religioso. Otras veces probó que podía estar en dos sitios al mismo tiempo. Había sido por monseñor Dimiani, que había viajado desde Uruguay para conocerlo. Habiéndose enternecido el sacerdote Uruguayo al contemplar los actos piadosos del padre Pío, expreso su deseo de morir en su presencia, le contesto el fraile Italiano que tal cosa no seria posible, porque el visitante moriría en Montevideo. En 1942, el arzobispo de Montevideo fue despertado por un fraile capuchino quien dijo que debía acudir al lecho de monseñor Damián, que estaba agonizando.
Cuando el arzobispo llegó a la celda del moribundo, acababa de fallecer. Tenia en las manos un papel con estas palabras escritas de su puño y letra: "vino a verme el padre Pío."

Cuando siete años más tarde el arzobispo de Montevideo visitó Italia, quiso conocer al padre Pío. Recibió una tremenda sorpresa al descubrir que tenia ante el al mismo fraile capuchino que lo había visitado aquella lejana noche. Sin embargo, no era la primera vez que sucedía algo semejante. Durante la guerra, el general Cardona, comandante del estado mayor italiano, acaba de sufrir una derrota y pensaba dispararse un tiro en la sien. Apareció ante el un joven fraile y le dijo que no debía cometer una estupidez, cuando se disponía a contestar el fraile, este se desvaneció.

Al termino de la contienda el general entro un día por casualidad en la iglesia de san Giovanni Rotondo. El padre Pío oficiaba la misa cuando abandonaba el altar fue reconocido por el general. El religioso no pareció sorprenderse al ver acercarse al militar. Por el contrario le dijo antes que el otro fuera a abrir la boca: "Tuvo suerte en escapar, amigo mío"

A la muerte del padre Pío la iglesia sugirió tres posibles causas de los fenómenos protagonizados por él: Intervención divina, intervención diabólica o sugestión inconciente. Es esta tercera causa la que adquirió mayor fuerza en el caso del padre Pío.

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