lunes, agosto 18, 2008

CUAltos

La práctica educativa como parte del proceso docente

Por MVZ Jorge Antonio Olmedo Sánchez y Mtra. Laura Patricia Lozano Martínez

Con el propósito de dar a conocer trabajos que contribuyan al desarrollo armónico de nuestra región, aprovechamos este espacio para difundir artículos, comentarios, investigaciones o resultados de las mismas, que estudiantes, maestros e investigadores del Centro Universitario de Los Altos, realizan en su área de especialidad.

La práctica educativa como parte del proceso docente

Por: MVZ. José Antonio Olmedo Sánchez
y Mtra. Laura Patricia Lozano Martínez

La educación es un proceso de vida del ser humano en el que intervienen la época, la cultura, las diferentes ideologías de la sociedad, las circunstancias socioeconómicas, etc. ya lo dice un refrán milenario de la tribu Ashanti de África: "Se requiere todo un pueblo para educar a un niño" . Desde que se nace se recibe educación en la familia como parte de una formación necesaria para poder desenvolvernos dentro de la sociedad a la que pertenecemos, valores, normas, cultura son parte de los aprendizajes que recibimos.

En la escuela la educación adquiere formalidad, las acciones de los profesores son para instruir sobre saberes específicos consensados por las autoridades educativas orientadas a dar respuesta a las necesidades de los alumnos para su inserción en la sociedad. Educar va más allá de la transmisión de conocimientos de un profesor a un alumno, hay que tener en cuenta que a diferencia de otras profesiones nuestro trabajo es con personas y es en ellas en quienes se incide para bien o para mal; y si bien es cierto que el maestro hace mucho dejó de ser el protagonista y no es el responsable del "todo", sí lo es respecto a lo que su quehacer se refiere.

En un sentido holístico la escuela no es el único lugar donde los alumnos adquieren educación, la realidad del educando es escolar y extraescolar; así pues, el ser humano al interactuar con su medio, su familia, la sociedad; con sus maestros y con sus propios compañeros de aula adquiere aprendizajes. Vemos pues, cómo la educación no se reduce a la relación tradicional maestro-alumno-escuela, sin embargo, aún cuando quizás no sea posible delimitar con exactitud hasta dónde repercuten nuestras acciones en los estudiantes, sí podemos estar conscientes de la complejidad de nuestra labor y sacar a relucir todo nuestro potencial para guiar, ayudar y acompañarlos en la adquisición de competencias, valores, así como los conocimientos para que se conviertan en alumnos exitosos e incitarlos a que sigan al conocimiento a lo largo de su vida.

Para ello los docentes debemos establecer una búsqueda permanente de significados, conocer nuestra realidad en el aula; apoyarnos en las experiencias de otros siguiendo sus caminos e identificando nuevos rumbos que nos ayuden a dilucidar los por qué, de lo que ocurre. El primer paso, será observar lo que hacemos, lo que ocurre, cuestionarnos y tratar a partir de la fundamentación racional de dar respuestas tal como lo hicieran en los primeros tiempos los griegos quienes en un principio encontraron en el misticismo una forma de explicar la realidad, posteriormente fue que Tales de Mileto quien intentó dar una explicación racional.

A partir de ello, no hemos cesado la búsqueda de la fundamentación intelectual de todo saber. En el ámbito de la educación toda actividad en el aula, debe estar fundamentada en aras de lograr un propósito educativo. En nuestro quehacer suceden muchas cosas todos los días, no indagar sobre el qué y cómo lo hacemos, sin duda nos conducirá a no saber qué situaciones se producen, es decir, si hay resultados de aprendizaje o de no aprendizaje.

Hacer nuestro trabajo sin que medie la reflexión, sin definir la intención de nuestras acciones es hasta cierto punto estar conformes con la explicación que otros dan y los lineamientos de cómo hacer las cosas que otros marcan, es nadar con la corriente pero sin saber hacia dónde vamos; otros grandes pensadores griegos de quienes podemos tomar parte de su pensamiento, son los sofistas, ellos planteaban la posibilidad de que no existía una sola manera de hacer las cosas y enfatizaban sobre el saber práctico y útil, actualmente sabemos lo cierto que eso puede ser.

Un ejemplo de ello es la educación virtual, cuyo fin es el mismo que el de la educación presencial, formar miembros de una sociedad para que sean capaces de interactuar en ella, son dos formas de llegar a un fin que conllevan acciones educativas muy diferentes por la naturaleza propia de cada modelo, sin embargo el objetivo, meta o fin debe estar muy claro para que las acciones sean pertinentes ya que podemos incurrir en trabajar exhaustivamente en un sinnúmero de acciones carentes de sentido, de dirección por no saber a dónde se va; es decir, qué competencias queremos formar en los alumnos.

De igual manera cada maestro aún cuando imparta la misma asignatura que otros tendrá su propia forma de llevar a cabo su labor, lo relevante aquí es tomar conciencia de qué de lo que se hace y cómo producir los resultados a los que queremos llegar.

Reflexionar sobre la práctica conlleva estudiar el entorno sociocultural en el que nos desenvolvemos, implica conocer las problemáticas y compararlas con las experiencias de otros; en la actualidad los planes y programas educativos se enuncian constantemente como fines de la educación. El que los alumnos aprendan a conocer, a hacer, a convivir y a ser, con el fin de formar alumnos críticos, autónomos y reflexivos que lo que aprendan lo hagan a partir de investigar y sus conocimientos nuevos los adquieran a partir de confrontar los previos con la nueva información, integrando en ello la experiencia, para que puedan interactuar con libertad y exitosamente en diversos ámbitos como la familia en su casa, el trabajo en la sociedad y en general en su entorno socio-cultural, mismo que forman parte de un mundo multicultural, incierto, cambiante, inestable y complejo.

La investigación de la práctica educativa debe ser vista como una forma de desarrollo profesional ya que a partir de los conocimientos que la misma nos aporte, es posible transformar nuestro hacer y mejorar los resultados, logrando así una excelencia en el actuar. La formación disciplinar es básica, pero de nada sirve ser un erudito en el campo del saber si lo que hacemos para que los estudiantes compartan esos conocimientos no funciona.

Es pues indispensable para poder lograr que las acciones educativas que se lleven a cabo en todo momento sean acciones conscientes, que expresen un saber, llevar a cabo un análisis meticuloso de lo que hacemos.

El profesor requiere un necesario cambio en su forma de actuar, sentir y hacer, a partir de la introspección y reflexión constante podremos tener una mayor conciencia acerca de dónde venimos (la formación que tenemos); en dónde estamos (nuestro contexto, nuestra realidad); y a dónde vamos (los objetivos y los resultados que queremos lograr). Es por esto que, investigar el quehacer en el aula debe ser visto como parte de la formación profesional ya que hace posible que de manera consciente el profesor pueda construir el andamiaje que le permita hacer frente al desafío de una sociedad compleja inserta en un mundo globalizado, por ende cambiante en sus requerimientos; debemos estar listos para romper esquemas y modificar nuestros paradigmas de enseñanza y debemos ser capaces de reconstruir caminos que nos permitan ser acordes con las exigencias, retos y necesidades que la vida moderna nos plantea.

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