martes, agosto 19, 2008

Martha y Ricardo

Y el gran día... llegó

Por Laura Evelia Espinosa

Conocí a Martha y a Ricardo hace aproximadamente cuatro años, cuando Carlos, hermano mayor de Ricardo, llegó a mi vida para instalarse eternamente. Para entonces, ellos ya integraban la sólida pareja que hoy en día siguen siendo. Desde ese día en que las presentaciones formales quedaron concluidas, pude constatar lo que todos me decían: “Son una bonita pareja”, de esas que vez e inmediatamente después sabes que son almas gemelas.

Entonces cuando te consta que dos personas se pertenecen mutuamente, sin egoísmos, sin coartarse la propia libertad ni la del otro y cuando el amor prevalece sobre todas las cosas, lo que más les deseas es que todo ese amor permanezca con ellos, manteniéndolos juntos, en las buenas y en las malas, o como dicen los sacerdotes en las ceremonias religiosas: “Hasta que la muerte los separe”.

Sin temor a equivocarme refiero que no era la única ansiosa a la espera de que Ricardo le entregará el anillo de compromiso a Martha, puesto que somos muchas personas las que les queremos ver unidos como siempre, por lo tanto cuando eso sucedió, experimenté una sensación plena que me hizo sonreír inconteniblemente, incluso el pasado sábado 28 de junio cuando el diácono Hugo Osvaldo Vargas Graciano (primo del novio) y el sacerdote José de Jesús Fuentes declararon marido y mujer a Martha Iñiguez Rosales y a Ricardo Vargas Ramírez en el Santuario del Señor de la Misericordia, en Tepatitlán. A la felicidad de los novios se les unió la de los padres del novio, el Sr. Carlos Vargas Soto y la Sra. Arcelia Ramírez Coronado, así como la de los padres de la novia, el Sr. Efraín Iñiguez Esquivias y la Sra. María del Refugio Rosales Ruvalcaba.

Posterior a la ceremonia religiosa, se celebró la consolidación de la pareja en la terraza “Alameda”, donde el grupo “Los Pérez de Picacho”, la luz y sonido “Golden” y la Banda “Tierra Alteña” amenizaron satisfactoriamente la tarde. Después de 12 horas de celebraciones los novios se dirigieron a Playas Mexicanas donde pasaron su Luna de miel.

Y así fue como el gran día… llegó, en medio de manifestaciones de amor y los mejores deseos, de sonrisas sinceras y de unión familiar.

Espero que a Martha y Ricardo, como a todas las parejas que se únen, la felicidad de ese memorable “gran día” se instale en su vida, y que sus días como una nueva familia sean como los cuentos de hadas, en donde a pesar de los obstáculos “Vivan felices para siempre”.

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