jueves, agosto 14, 2008

Tapijulapa

Tapijulapa, encanto tradicional de Tabasco

Por Cecilia Nuñez

Visto desde el cielo, Tabasco es pura vida: todo verde bañado en agua. En tierra, ese universo al natural posee un embrujo especial, no importa cuantas veces se visite, siempre hay un nuevo lugar por descubrir.
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Enclavado en medio de la selva, rodeado de montañas y valles, enmarcado por dos ríos y poseedor de una arquitectura colonial tradicional, Tapijulapa sorprende, al tiempo que impregna de paz al visitante. Para descubrirlo hay que salir de Villahermosa, por la carretera 195 y recorrer alrededor de 90 km hacia el municipio de Tacotalpa, en la zona de la sierra, donde la lluvia perpetua no se convierte en un impedimento, sino en una atmósfera de misticismo y contacto con la naturaleza.
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En la región de la sierra hay que enfrentarse con las carreteras dotados de espíritu aventurero, pues algunas son hostiles, sobre todo las que bordean altas montañas. Cualquier signo de irritabilidad por lo accidentado del camino se disipa cuando te introduce a la selva tropical y conduce a bellos ríos, cascadas, grutas y al destino final, un pueblo enclavado en la selva que hechiza a primera vista.
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Es uno de esos lugares donde al llegar, los niños rodean al visitante pidiendo dulces y ofreciendo un sinfín de amenidades.

Por calles empedradas
Sus calles son estrechas y adoquinadas, marco perfecto para las casitas tradicionales: todas blancas con cenefa roja a juego con los techos a dos aguas de teja igualmente roja y fina herrería en puertas, ventanas y balcones, éstos últimos, decorados con macetas de coloridas flores.
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En la parte más alta del cerro, se ubica el templo dominico Santiago Apóstol, construido a finales del siglo XVII, desde donde se deja ver el poblado en todo su esplendor, rodeado por valles y montañas, embellecido por la confluencia de los ríos Oxolotán y Amatán y por la uniformidad y tradicionalismo de su arquitectura.
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Una larga sucesión de escalinatas invita a descender al corazón del pueblo, dejarse extraviar por los callejones y curiosear por los talleres de los artesanos que trabajan el tejido de mimbre. Con él hacen todo tipo de objetos: diademas, sombreros, lámparas, cestas y hasta muebles de diseños complicados y muy estéticos. En los talleres también se alcanzan a ver objetos decorativos en madera tallada, no cabe duda que es un pueblo de artistas, por su calidad en el trabajo y por las manifestaciones culturales que se encuentran a cada paso.

A ritmo regional
Al recorrer las calles me invadió una inmensa tranquilidad, tomé un respiro y me pasó por la mente que no necesitaría más para ser feliz, que una confortable casa con vista a los ríos y una actividad artística que me libere del agitado ritmo urbano.
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Mis planes futuros se interrumpieron con la música tradicional que salía de una casona. La puerta estaba abierta, como parece ser la costumbre de todos en el pueblito, por lo que subí las escaleras siguiendo la melodía.

El ritmo de pronto se hacía acompañar por fuertes zapateadas y me encontré con una clase de danza regional. Niños de todas las edades presumían un movimiento corporal tan estético, que me hizo salir algo apenada de la Casa de Cultura, donde se brindan diferentes clases de arte. El balcón de allí es uno de los lugares más privilegiados del pueblo, pues es testigo de la fusión de los dos protagonistas de Tapijulapa, los ríos Amatán y Oxolotán. La unión de ambos es notoria por la diferencia de colores que cada uno presenta, azul por un lado y verde por el otro. No hay que
perderse un paseo en lancha o moto acuática por los ríos.

Justo a orillas de la colindancia de estos ríos, los habitantes han armado una construcción de unos 30 metros para saciar la sed de adrenalina de sus visitantes, una base de tirolesa que llega a la copa de un árbol y que cruza los ríos. La experiencia es la mejor manera de comenzar a calentar
motores, pues la adrenalina no falta en los alrededores de Tapijulapa.

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