viernes, noviembre 28, 2008

Mi vida con ella

Mi vida con ella

Comentarios: laura.esle@hotmail.com

Ésta historia empieza como cualquier otra, pero lejos de tener un final de cuento de hadas y princesas encantadas, tiene uno muy real y crudo que se aleja del positivismo utópico que rodea los finales felices.

Cuando tenía 15 años la conocí a ella, Yo, era un adolescente típico; hormonal, vulnerable, pero sobre todo inquieto, y fue esa misma inquietud la que me llevó a conocerla a ella. Además como todo “normal” adolescente me aburría con frecuencia, mis padres ni nadie me comprendían, y no le daba gran importancia a las pequeñas cosas de la vida que pueden hacerte verla desde perspectivas coherentes.

Nunca voy a olvidar el momento exacto en el que yo la conocí, Diego (un chico de mala reputación en la secundaria) estaba con ella a la salida del colegio, de cierta forma propició que yo la volteara a ver pues la estaba aventando poco a poco a manera de invitación para cualquiera que viera aquella escena, recuerdo haberme impactado lo suficiente como para permanecer hipnotizado por algunos instantes ante aquella situación particular ¿Cómo se animaba Diego a llevar a cabo semejante travesía? Alguien podría verlo, podría delatarlo… Y de pronto tomé consciencia de que ese alguien podría ser yo, sin saber de donde me salió un poco de valor, recorrí pausadamente los metros de distancia que nos separaban, a mitad de mi camino el fijó su mirada en mi y posteriormente en ella y la aventó un poco más confrontándome a hacer o decir algo, yo sin saber el origen de esa fuerza que me impulsaba caminé los últimos pasos intercalando mi mirada entre la de él y ella, hasta que por fin estuve frente a ambos le dije: - No hagas eso, te puede ir mal-, él me respondió: -¿Qué? ¿Te gusta? ¿Qué vas a hacer al respecto?- y terminando este breve diálogo la aventó hacia mí. Cuando la sentí esa primera vez, me di cuenta de que deseaba tenerla y de que a pesar de todo tenía que ser mía. Ante mi reacción paralizante el sonrío de una manera triunfal y me dijo: -Tú y yo vamos a entendernos mejor de lo que crees-.

Al cabo de unos días él me citó en “la oficina”, un sitio al que solo unos cuantos tenían acceso, y después de que ese viernes me dejó tenerla no pude resistirme a la tentación. Caí en la trampa. Nadie me dio tregua.

Al principio pensaba a todas horas en ella, no podía hablar de ella ni con mis padres ni mis amigos, porque seguro dirían que todo lo referente a ella me haría daño, o que terminaría loco, usado, fuera de la realidad. Pero poco a poco, conforme la sentía esos pensamientos se convirtieron en necesidad, no podía estar tranquilo en casa, ni en la escuela, me sentía fuera de lugar, ¿Estaré enfermo? ¿Por qué la necesito tanto? Sin poderlo evitar empecé a estremecerme cuando alguien por error o casualidad mencionaba su nombre, sentía que ya todos sabían de nuestra relación, y me daba miedo pensar que alguien pudiese hacer algo por separarnos. A veces la pasaba a escondidas a mi cuarto y ahí dentro éramos uno para el otro, tal para cual. Yo sentía que me complementaba y que por alguna razón había llegado a mi vida. Llevábamos una relación extrema, peligrosa, arriesgada, pero precisamente esas características me llenaban de adrenalina y justificaban la razón de ser de “lo nuestro”.

De pronto mis padres empezaron a notarme ojeroso, nervioso, mis manos temblaban, y en alguna ocasión cuando refirieron algo al respecto yo salté enojado y a la defensiva gritando: “Ésta es mi vida, déjenme en paz, quiero vivirla, ¿Por qué hasta hoy se preocupan?”. Creo que mi reacción fue sobre actuada a tal grado que logré captar la atención de mis padres, ellos al instante me interrogaron y lo único que obtuvieron por respuesta fue un portazo que los hizo dar un paso atrás distanciándolos de mi habitación, por poco la descubren ahí dentro, ella estaba ahí, siempre dispuesta a ser mi apoyo incondicional, a darme placer, a estimularme para evadir mi cotidianeidad. Ella siempre dispuesta a TODO al igual que yo por tal de no alejarse de mí ni yo de ella.

Al paso del tiempo la preocupación de mis padres iba en aumento tanto como mi nerviosismo, cada vez presentaba conductas más arriesgadas para tenerla y estar con ella, para ser uno solo. Empecé a robarles a mis padres para tener acceso a ella, y ella cada vez se cotizaba más. Pero yo tenía que tenerla. Eso era inevitable.

Una mañana amarga en la que duramente me levanté de la cama, y en la que se cumplía el plazo del ultimátum que me daban los profesores para regresar a la escuela, me miré al espejo por instantes, solo cuando el vómito constante lo permitía, y un extraño me veía del otro lado con una mirada ajena, temerosa, decepcionada. Me empezó a hablar, al principio su charla fue amena, se presentó para posteriormente subir el tono y empezar a gritarme, humillarme con sus palabras y maltratarme, me hablaba con tanta familiaridad que me asustó y de pronto comenzó a criticarla a ella, su voz se traslado a mi cabeza, retumbaba su risa sarcástica como si fuera un panal de abejas que alguien acababa de provocar, yo no soporte más y golpeé el espejo. Algunos vidrios impactaron mi rostro violentamente pero que más daba, porque después de todo la tenía a ella.

Mi hermano menor por error dio con ella, ella estaba sobre mi cama, él sin saber le gritó a mi madre y esta asustada pidió ayuda. Así que me alejaron de ella, yo me rehusaba a vivir así, sintiendo ese vacío que me dejaba su ausencia, al principio ella me acompañaba, su presencia después de algunas semanas estuvo dentro de mí, su recuerdo era fuerte, me hacía temblar, vomitar, quería morir por no tenerla. Todos a mí alrededor la juzgaban, hablaban mal de ella, y yo enfurecía, quería defenderla, quería matar ¿Por qué nadie entendía que yo LA NECESITABA? ¿Por qué nadie me comprendía?

Aún a pesar del tiempo, siento que la necesito, pero también me doy cuenta del daño que ella me hacía, en realidad, ella fue egoísta, siempre pensó en ella, jamás en mí, ella solo quería mi vida y mi dinero, trató de alejarme de mis padres y amigos, no me quería dejar crecer, ella quería quitarme la vida. Me hizo ser adicto a ella para después matarme poco a poco con su presencia.

Es difícil dejarla atrás, la oferta de su compañía en mi vida aún es tentadora, esto, mientras que mis padres no me tomen en cuenta o me escuchen, o mientras que no dejen de culparse uno al otro por sus propios problemas, pues ese polvo blanco y mágico que te evade de la realidad en ocasiones llega a ser la única salida y el aliado leal que te mitiga la indiferencia familiar y social en la que la humanidad hoy en día esta inmersa.

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