lunes, diciembre 29, 2008

Desde USA

El hijo ausente de...

Por Gustavo A. Gutiérrez
Desde USA



Tepatitlán es la ciudad que me vio nacer, que me vio crecer, la que me brindó su manto desde mi primer llanto. Desde que salí de ese ser llamado mujer.

Testigo de mis primeros pasos, de mis fracasos. Oyente de mis ansiedades, de mis necesidades. Vidente de mis dolores y de algunos amores.

Tepatitlán, aquella que en sus calles guarda memorias de mi infancia, de la ignorancia que imperaba en mi por mi inocencia, por la falta de madurez.

Esas calles que espero puedan ser testigos de mi vejez.

Tepatitlán, a la que por cariño le decimos Tepa, la que queremos y extrañamos, propietaria de el suelo que mas añoramos cuando en ella no estamos, cuando nos encontramos en otro pueblo, otra ciudad, otro estado u otro país, pues es Tepa, esa ciudad tan bella, la que guarda en su suelo nuestra raíz.

Tepa, la dueña de esa tierra que se ha visto bañada por mis lagrimas.

Propietaria de los árboles que en sus ramas aun guardan el eco de mis risas.

Ciudad que aun guarda con recelo cenizas de ese fuego de amor ardiente que alguna vez en sus calles existió, ese que se apagó pero que nunca murió.

La ciudad que en sus calles me educó y me enseño gran parte de lo que ahora se.La que no me reclama por haberla dejado, pues sabe que siempre está en mi corazón, desde mi nacer ha estado pues nunca de el la he despojado.

La que me recibe con los brazos abiertos cada vez que regreso.

La que me brinda albergue y consuelo cuando en mi caminar tropiezo.

La que me hace sentir bienvenido y querido cada vez que a su suelo rojo regreso.

Tepa, la que crece, la que cambia pero que siempre guarda un cachito del pasado, aquello que es por nosotros mas añorado y nos invita a regresar una vez y otra vez, y otra vez pues cada vez nos brinda algo diferente pero con un sabor conocido y que extrañábamos.

Tepa, la que extraño en mi ausencia, la que estoy seguro añora mi presencia y aguarda pacientemente mi regreso aunque sea por unos días, tan solo para sentir de nuevo en su suelo mi pisada. En ese suelo que aun recuerda las huellas que imprimí en el cuándo por primera vez caminé.

Esa ciudad que me brinda todo cuando en ella estoy y que no me reclama cuando me voy.

Testiga de mi niñez, de mi inmadurez.

La misma que me vio nacer, que me vio crecer y en la que espero un día dios me de la dicha de poder llegar a ella para en sus calles en paz perecer.

Tepa, esa madre tierra que es extrañada por tantos hijos ausentes como yo.

1 comentario:

  1. Mario Aldana9:32 p.m.

    Hola TEPA querida te envío un caluroso abrazo y un PADRE NUESTRO desde la Ciudad de Fresno California,para tí y todos los que estamos fuera de Tí. BENDITA SEAS SIEMPRE, TUYO MARIO ALDANA CORNEJO.

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