lunes, diciembre 29, 2008

Tuve un sueño

Comentarios: laura.esle@hotmail.com

Mi hermano mayor y yo, como cualquier otro par de hermanos tradicionales, nos la llevábamos a veces bien, a veces mal. Creo que cuando yo nací y por ende recibí todas esas atenciones de recién nacido él se dio cuenta de que, de ese día en adelante él tendría que compartir conmigo el amor de mis padres.

Nos llevábamos dos años y cualquiera podría pensar que por esa, relativamente corta diferencia, nosotros seríamos compañeros de juego, iba a decir que fue todo lo contrario pero mientras escribo estas líneas, vinieron a mi mente aquellos días en los que mi hermano me invitaba a participar en sus juegos de tiro al blanco, en donde yo ocupaba el lugar del tablero móvil, puesto que me decía: -“Te voy a lanzar estas “balas” y tu tienes que esquivarlas, si yo te pegó al menos una vez vas a ser mi esclavo por un día”-. Y así con gestos de incredulidad mi madre asombrada veía como de vez en cuando yo tendía la cama de mi hermano o lavaba el plato en el que él comía. Como era de suponerse nuestras personalidades eran totalmente diferentes.

Cuando crecimos nuestra forma de ser podía será catalogada por las personas con las que convivíamos, el grupo de referencia de mi hermano trataba mal a mis amigos, nos decían nerds, mataditos, entre otras cosas, sin embargo cuando tocaba mi turno para ser ofendido mi hermano les ponía un alto y nos dejaban en paz. En una ocasión estando en los baños del colegio, un chico llegó y empezó a golpearme sin más, me tomó por sorpresa y admito que aunque me hubieran advertido yo no hubiese estado preparado para corresponder aquella golpiza. Lo último que escuché en voz de mi verdugo antes de caer inconsciente fue que yo merecía esa golpiza. Cuando desperté estaba en el hospital con mis padres a mi lado, tenía unos moretones en la cara el tabique roto y la dignidad fracturada. Nadie sabía quién o porqué me había hecho eso, pero días después mi hermano fue expulsado de la escuela por haber golpeado, sin motivo aparente, a un brabucón de su clase, dicho sea de paso que aquel chico también durmió un par de días en un hospital a consecuencia de mi hermano. Cuando mis padres cuestionaron y castigaron a mi hermano, yo traté de defenderlo pero él me dijo que mejor sería si yo me callara. Mis padres con esos valores que siempre nos inculcaron le obligaron a él a ir a casa del chico y pedirle disculpas, y cuando esto sucedió en un acto arrogante el chico le dijo que no había escuchado lo que le había dicho mi hermano, entonces éste le respondió: -“Yo ya he dicho lo que tenía que decirte, pero si insistes en escucharme de nuevo, solo te diré que tú sabes que te merecías todo esto, a eso se le llama justicia”-, dio media vuelta y salió, seguido de mis padres y dejando a la familia del chico sin habla.

Pasaron los años, todos crecimos, todos cambiamos, mi hermano se fue a estudiar la universidad a una ciudad cercana y eso pensé que nos separaría más, pero por algo tan saludable como resulto para nosotros ser la distancia, cuando él y yo nos veíamos conversábamos primero por instantes y después largas horas, seguíamos siendo distintos pero más cercanos. Todo era tranquilo en esos tiempos incluso cuando a mi hermano le detectaron cáncer de linfoma. En ese momento el mundo no se volvió caótico ni para mis padres ni para mí puesto que mi hermano nos transmitió ese valor que siempre había tenido. Siguió con la normalidad de su vida hasta que su enfermedad se lo permitió.

Mi hermano tenía un físico saludable pero el paso de su enfermedad no fue en vano, pues fue debilitándose, para él que siempre fue muy independiente, le costaba trabajo no poder hacer las cosas como antes y depender en alguna medida de los cuidados de mis padres, quizás todo eso tuvo que ver para que él tomará la decisión de manejar su auto tan rápido como el mismo vehículo le permitía, hasta que se impactó contra el muro de contención de la carretera. No murió en ese momento, si no más tarde justo cuando me pidió que me despidiera de él.

Ingrese a la habitación que le había asignado, apenas si podía moverse, tenía golpes por doquier, y lo primero que dijo cuando me vio fue “No llores hermano, es así como uno toma las riendas de su vida, el cáncer no me iba a vencer”. Me acerque a él y le dije que no lo quería perder, él de consuelo refirió que se haría presente a través de mis sueños y entonces ese sonido de los aparatos del hospital me indicaban que la historia de mi hermano había llegado a su fin, al menos físicamente así era.

Pasaron los meses, se aproximaba mi cumpleaños y hasta entonces yo presenté problemas de sueño, sin embargo, el día de mis 26 años me sentí diferente, el día era fresco, primaveral, cálido, mis padres y yo festejamos en un restaurante que se encontraba a algunos kilómetros fuera de la ciudad, mis padres, durante el postre mis padres me incitaron a pedir un deseo, yo les dije que quería un abrazo de mi hermano y ahí, en ese momento el festejo termino. Cuando tomamos la carretera de regreso a casa empezó a llover brevemente y caí en un sueño profundo, por arte de magia en esos minutos que cerré los ojos subsane la mala racha nocturna con la que había batallado todos esos meses… Y soñé, por fin lo soñé, Era mi hermano quién extendía sus brazos y me decía que todo estaba bien, que la vida seguía adelante, y que ese día era para celebrarse… en el sueño, de pronto se vio una luz que señalaba el momento de dejar ir a mi hermano, él se despidió diciendo: Hermano, abre los ojos, mira al cielo ¿No quieres ver tu regalo? Entonces yo regresé de ese sueño profundo y al abrir los ojos lo primero que vi fue un hermoso y colorido arcoíris que me llenó los ojos de lágrimas y lloré, lloré tanto que mis padres tuvieron que detener el auto y ver si yo me sentía bien… cuando me tranquilicé, les comenté lo sucedido, entonces mi padre nos pidió que subiéramos al auto, nos llevó a mi mamá y a mí a un mirador, cuando llegamos le comentamos que a que se debía todo aquello y el contemplando el arcoíris que empezaba a perderse entre la nada, sonriendo y con lágrimas de alegría nos dijo: El día de hoy yo soñé a tu hermano, y dentro del sueño me hizo prometerle que los trajera a ustedes a este mirador, que Dios sabe que yo no conocía, y solo me pidió que abrazados como familia y en silencio contempláramos como las luces de colores volaban hacia el cielo.

Al final de ese día, nos resultó casi imposible no sentir la presencia de mi hermano en nuestras vidas.

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