martes, junio 30, 2009

Santo Toribio

Santo Toribio

TESTIMONIOS
El séptimo día de la semana es el más socorrido por los fieles para visitar el templo donde se veneran los restos de Santo Toribio. Vienen de diversos puntos de Jalisco, Zacatecas y Aguascalientes, aunque también han llegado algunos de Tabasco, Sinaloa y Michoacán.

1.-En el improvisado estacionamiento se observan carros con placas estadounidenses, pero de dueños mexicanos. En uno de ellos viaja Otilio, un joven moreno que viste botas vaqueras y sombrero tejano. Viene desde Nevada para ver al santo, quien hace poco más de un año lo ayudó a cruzar la frontera.

"Un amigo y yo nos fuimos de Jalos con la intención de trabajar en el otro lado, pero estando cerca de la frontera nos asaltaron y nos golpearon. Se llevaron todo nuestro dinero y estábamos desconsolados", cuenta Otilio mientras abre los ojos como si pudiera ver de nueva cuenta lo que sucedió aquella noche. "No teníamos para pagarle al “pollero” ni para regresar a la casa. De repente, un carro se detuvo a nuestro lado y un sacerdote nos invitó a subir. Le platicamos nuestra situación y nos dijo que no nos preocupáramos, que él nos ayudaría a cruzar la frontera. Y eso hizo. No sabemos cómo, pero nos pasó por una vereda solitaria. Cuando nos dimos cuenta, ya estábamos en Estados Unidos. Al bajar nos dio dinero y nos dijo que buscáramos trabajo en una fábrica cercana, que ahí nos iban a contratar".

La voz de Otilio todavía se quiebra de emoción al narrar que, sumamente agradecidos, le preguntaron al cura su dirección para pagarle el préstamo con su primer sueldo.
"Nos dijo: `Ustedes son de Jalisco, ¿verdad? Cuando ganen lo suficiente, vayan a Santa Ana y pregunten por Toribio Romo. Ése es mi nombre'. Con el dinero pagamos el hospedaje y, efectivamente, conseguimos trabajo en el lugar que nos mencionó. Unos meses después venimos a Santa Ana. Cuando entramos a la iglesia y vimos el retrato del altar, luego luego lo identificamos como el padre que nos ayudó. Al preguntar por él nos dijeron que había muerto hacía 70 años. Nos pusimos a llorar y dimos nuestro testimonio". Desde entonces, visita por lo menos una vez al año el templo de quien se ha convertido en su protector.

2.- El zacatecano Jesús Buendía Gaytán, un campesino de 45 años de edad, cuenta que hace 2 décadas decidió irse de indocumentado a California para buscar empleo en alguna plantación. Se puso en contacto con un "pollero" en Mexicali pero, apenas cruzaron la frontera, fueron descubiertos por la patrulla fronteriza y para escapar Jesús se internó en el desierto.

Después de caminar varios días por veredas desoladas y más muerto que vivo de calor y sed, vio acercarse una camioneta. De ella bajó un individuo de apariencia juvenil, delgado, tez blanca y ojos azules, quien en perfecto español le ofreció agua y alimentos. Le dijo que no se preocupara porque le indicaría dónde solicitaban peones. También le prestó unos dólares para imprevistos. A manera de despedida el buen samaritano le dijo: "Cuando tengas dinero y trabajo búscame en Jalostotitlán, Jalisco, pregunta por Toribio Romo".

Luego de una temporada en California, Jesús regresó y quiso visitar a Toribio. En Jalostotitlán lo mandaron a la ranchería de Santa Ana, a unos 10 kilómetros del pueblo. “Ahí pregunté por Toribio Romo y me dijeron que estaba en el templo. Casi me da un infarto cuando vi la fotografía de mi amigo en el altar mayor. Se trataba del sacerdote Toribio Romo, asesinado durante la guerra cristera. Desde entonces me encomiendo a él cada vez que voy a Estados Unidos a trabajar”.

PROCESO DE CANONIZACIÓN

Poco a poco, los fieles fueron llevando las reliquias que habían guardado con celo y aquellas que permanecían en el ataúd cuando lo exhumaron: la ropa que portaba Toribio cuando lo mataron, su escapulario, su Biblia y gotas de su sangre cuidadosamente guardadas en borlas de algodón.

A partir de ese momento comenzó a rendírsele culto en su iglesia y en la de Tequila. Casi de inmediato empezaron a endilgarle milagros. El hermano del Padre Toribio, Ramón Romo, también sacerdote, y otros familiares se encargaron de recopilar testimonios en unos cuadernitos que atesoraron por décadas con la esperanza de que sirvieran para canonizarlo.

A pesar de los numerosos milagros, el proceso de canonización duró años, debido a la complejidad del trámite.

Según el Concilio Vaticano II, "los discípulos de Cristo que pueden ser santificados han sido llamados no según sus obras, sino según el designio y la gracia de Dios". Por lo mismo, las indagaciones tienen que ser muy precisas. Cada proceso de averiguación o de recogida de pruebas debe estar a cargo del obispo, previo permiso de la Santa Sede. A ellos compete el derecho de investigar sobre la vida, virtudes, martirio, fama de santidad y milagros.

Para ello, primero se recaban documentos o escritos inéditos y se interroga a los testigos. Luego se elabora el examen de los milagros atribuidos y el de las virtudes y el martirio. Las investigaciones se envían por duplicado a la Comisión, junto con un ejemplar de los libros de cada Siervo de Dios, para que se lleve a cabo una relación del juicio y se envíe al Vaticano, donde proceden a la misma investigación de nueva cuenta.

Encuestas efectuadas en meses pasados por la Conferencia del Episcopado Mexicano revelaron que Toribio es uno de los santos más populares, de los 29 mexicanos canonizados hasta ahora, gracias a los favores que concede a quienes emigran legal o ilegalmente a Estados Unidos.

SANTA ANA, EN LA ACTUALIDAD
El templo de Santo Toribio está repleto de exvotos con dibujos que muestran a braceros en el acto de cruzar la frontera. La guanajuatense Griselda Jiménez relata que se salvó, del asedio de los "polleros" que prometieron transportarla, gracias a la aparición de un perro muy bravo, que alejó a los hombres y la guió hasta un rancho donde encontró alimento y trabajo.

El párroco Gabriel González, quien actualmente está al frente del templo de Santa Ana, asegura que de tres años a la fecha la veneración por el santo ha ido en aumento.
Cuando se llevó a cabo el proceso de canonización, varios fieles de su iglesia rindieron testimonio ante la Comisión para las Causas de los Santos. "Aquí han llegado enfermos de peritonitis, gente desahuciada, con tumores malignos... Todos se han curado por la intercesión de Santo Toribio.

A ese tipo de milagros los llamamos comprobables, porque las radiografías, ultrasonidos y demás exámenes médicos sirven para demostrar que, por causas que van más allá de la medicina, los pacientes sanaron.

La encomienda que tenía el padre Gabriel cuando llegó a la iglesia de Santa Ana era la de constituir, en un área aledaña, una zona de retiro para sacerdotes, debido a la tranquilidad que reinaba en la zona. Mandó construir una posada para 240 personas, con terraza y cancha de frontón, pero poco duró la serenidad en el lugar.
Hoy en día, además de cumplir con sus labores sacerdotales, se encarga de recabar y catalogar los milagros que ha realizado Santo Toribio, registrándolos en casete y por computadora.

Pero el que se haya convertido en un investigador de la causa, no lo hace olvidar a los feligreses que llegan por centenas con la intención de dar gracias y contar sobre los prodigios obrados en ellos.

De los 390 habitantes que conforman la población de Santa Ana de Guadalupe, poco más de 100 generan un ingreso económico para el poblado. Se trata principalmente de mujeres, puesto que la mayoría son personas de la tercera edad y niños.

Los habitantes de Santa Ana se emplean en los servicios que se prestan a los visitantes, que van desde quienes preparan los alimentos para los peregrinos, hasta los que atienden las tiendas de abarrotes y se encargan de los pequeños comercios de la zona.
Por cuenta de la capilla se regulan las actividades comerciales que se desarrollan en la zona.
Los voluntarios cada fin de semana se responsabilizan de la preparación de los alimentos que se venden a los llegados al lugar. "Ofrecemos servicios de comida el domingo, un platillo en 18 pesos, es una comida limpia con sabor casero", afirma uno de los voluntarios.

La popularidad de Santo Toribio ha cobrado fuerza; a él se le atribuyen favores tales como la resolución a problemas de emigrantes, la cura a padecimientos de cáncer y la solución a secuestros. "En ocasiones hemos contado poco más de 200 autobuses, esto quiere decir que son 8 mil personas, contando 40 (visitantes) por autobús, además de la gente que viene en vehículos particulares", dice Socorro García, responsable de la tienda de abarrotes que se encuentra a un costado del templo. "Quien viene por primera vez en domingo, siempre pregunta si es fiesta, porque hay mucha gente".

Las peregrinaciones han desatado un auge económico en Santa Ana: en los últimos meses se pavimentó la avenida principal, se instaló alumbrado público y se multiplicaron las corridas de autobuses a Jalostotitlán y San Miguel el Alto.

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