miércoles, julio 01, 2009

Lee Esle

Lo perfecto no existe

Comentarios: laura.esle@hotmail.com

Mi alrededor estaba totalmente tranquilo, apacible… el pasto verde y fresco sobre el que estaba acostada, la sombra del árbol de roble que me llenaba de pies a cabeza, el viento que golpeaba suavemente mi cuerpo, mis pensamientos impregnados de ti, todo en absoluto estaba en armonía; estaba por apoderarme de la idea de que bien podría morir en ese instante y me iría feliz… porque a pesar de todo, aquello era perfecto; cuando de repente me aferré más a tu imagen en mi cabeza, y entonces el aire sacudió breve pero irreversiblemente ese hilo frágil de la armonía y me levanté sobresaltada de mi letargo, y fue hasta ese momento cuando caí en la cuenta de que lo perfecto es tan irreal y tan nefasto, que no te motiva a seguir creciendo, lo perfecto te hace creer que no hay más allá de sí mismo, te mete el prejuicio de que has llegado a tus limites, de que es algo único, incomparable, inmejorable, lo perfecto te hunde en una estrecha zona de confort que al final, lo que provoca es miedo; y si, al poco rato de sentir escalofrío ante tal situación un presentimiento inundó mis hemisferios cerebrales, fue cuando abandoné aquel paisaje de ensueño y subí a mi auto, con el afán de que la velocidad de la carretera me quitaría esa sensación extraña de que algo estaba a punto de suceder.

Lo perfecto siguió siendo tan frío solo un par de días más, justo cuando me dejaste, ni siquiera tuviste el valor de decirme que en menos de 7 meses serías padre, mandaste a alguien más a confirmar mis sospechas, debo de reconocer que yo esperaba más de ti, pero no te presioné, porque asumí el hecho de que tú tampoco eres perfecto… y lo perfecto es tan perfecto que ni siquiera existe un sinónimo digno de ti y de lo que me hiciste.

Pasaron muchos meses y no supe nada de ti, y no porque tú quisieras, sino porque me rehúse a abrir tus correos electrónicos, a recibir tus obsequios de disculpas y a contestar tus mensajes de texto que durante algún tiempo me enviaste, ya vez que al final, tuve que cancelar mis cuentas de correo, cambiar el chip de mi celular y poner tierra de por medio entre nosotros, como si lo que me hiciste no nos hubiese separado de por sí, en algunas ocasiones evité toparme contigo al caminar, y tanto fue mi esfuerzo por evadirte, que solo por un capricho del destino, fue como tú y yo nos volvimos a encontrar.

Sucedió que después de 3 años de haberme ido de mi ciudad natal, regresé, con un título de posgrado y un diplomado en fracaso sentimental, pues recién me había graduado de mi cuarta relación fallida después de ti, ¿Por qué nadie me parecía suficiente?, quizás inconscientemente seguía pensando en ti… inmersa y distraída en todo y en nada al mismo tiempo, avancé por una avenida principal de aquella ciudad y cuando menos lo pensé estaba siendo golpeada por tu auto, el accidente fue mejor dicho aparatoso, a pesar de la sangre que escurría por mi frente, traté de levantarme pero no se si el golpe en sí, o el verte corriendo hacía mí para auxiliarme o el tumulto de gente que se amontonaba a mi alrededor robándome la respiración, terminaron por desmayarme.

Y así fue como fui a parar al hospital, cuando reaccioné había una enfermera checando mis signos vitales y colocando suero y quizás algún medicamento vía intravenosa, en cuanto abrí los ojos, ella, debidamente me orientó refiriéndome al final que -“Gracias a la pericia del conductor que le atropelló y a sus primeros auxilios esta usted aquí, probablemente de cualquier otra forma usted hubiera muerto”-, “que curioso y que ironía” pensé yo, “ya me mató una vez y un segundo atentado de su parte no sería ninguna novedad, porque aún seguiría recordando dolorosamente la primera vez que así sucedió”, así que era eso lo que la vida quería de mi ¿No? Ahora resulta que tendría que vivir agradecida.

Entonces ese accidente que nos involucró a los dos, así, gracias a la conspiración del destino fue que regresaste de nuevo a mi vida, solo que esta vez llegaste nervioso, preocupado y un poco falto de color en tus rasgos, temías haberme hecho daño… maldito enclenque, ¡que buena hora era esa de preocuparte por mí después de todo lo que me habías hecho! Pero que podía hacer yo, si cuando entraste con esa cara de verdadero susto a la habitación que me habían asignado en el hospital, me desarmaste, hiciste que bajara la guardia y entonces escuché que me preguntabas ¿Cómo estas? y sin dejarme tiempo para responderte tu lo hiciste diciendo “Gracias al cielo que te encuentras bien” Y yo en mi papel de enferma, no logré, por lo menos al principio, ver la connotación y el trasfondo de tus palabras, cuando por fin lo comprendí, así, toda medicada y con la sangre pegada y seca aún a la cara, levanté la bandera blanca y me declaré vencida por ti, sobre todo cuando enfatizaste eso de que “No importaba la manera, lo que tenía sentido es que me habías encontrado después de tanto buscarme”, reí sarcásticamente al pensar que hubiera bastado con solo una llamada y no todo este teatro del hospital.

Entonces con un divorcio en el bolsillo y con un pequeño de casi 3 años, al que seguramente le pagarás terapia de por vida gracias al trauma que provocaba la separación de sus padres, así con todo eso regreso a ti, porque bien se que no eres perfecto, pero lo que si sé es que eres el hombre ideal para mi.

Perfecto: Dícese de aquello o aquel que posee todas las cualidades sin tener ningún vicio… De acuerdo a los diccionarios, nuestro amor no es perfecto… Mi adicción a tu presencia… Tu adicción a mi disposición de estar siempre contigo a pesar de todo… si, tenemos vicios… los libros tienen razón… no somos perfectos.

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