viernes, septiembre 04, 2009

La leyenda



La Leyenda de La Mulata de Córdoba

(Castillo de San Juan de Úlua)



Cuenta la leyenda que allá por el siglo XVII, vivía en la villa de Córdoba, Estado de Veracruz, México, una hermosa mujer de origen mulato cuya procedencia nadie conocía.

Esta mujer llevó el romántico nombre de la Mulata de Córdoba, era tan hermosa que todos los hombres del lugar estaban prendados de su belleza. Mujer de sangre negra y española, pertenecía por su nacimiento a esa clase social tan despreciada durante la Colonia y señalada como inferior por la ignorancia y la intransigencia de la época.

Ella, en la soledad de su casa, se dedicaba a la preparación de filtros mágicos y amuletos para sanar las dolencias del espíritu, curar los males de amor, retirar las envidias y casar a las solteronas, recorría a pie las calles de la villa, por senderos y veredas buscando las cabañas de los esclavos a quienes socorría y curaba, pues era muy entendida en las artes de la medicina.

También curaba a los campesinos que la solicitaban y había algunas familias de alto rango que secretamente solicitaban sus servicios, para consultar los horóscopos. Y en esta forma con el correr de los días la fama de la bella Mulata se fue extendiendo poco a poco por el pueblo.

Pronto la superstición se encargó de decir que la hermosa mulata tenía pacto con el diablo, y todos estos consejos llegaron pronto a oídos del Tribunal del Santo Oficio quien la hizo encarcelar en el Castillo de San Juan de Ulúa para ser juzgada como hechicera.

Pero un día, la Mulata en su mazmorra, le dijo al carcelero que le llevara un pedazo de carbón. El carcelero le dijo que en lugar de pedirle carbón le rogara al Santísimo por la salvación de su alma . Pero seducido por la altiva y hermosa presencia de la Mulata, le llevó lo que pedía.

La Mulata dibujó sobre las sombrías paredes, una ligera nave con blancas velas desplegadas que parecían mecerse sobre las olas. El carcelero, admirado, le preguntó que significaba aquel prodigio. Cuenta que la joven, con una encantadora sonrisa, le comentó que en ese hermoso velero iba a cruzar el mar, y dando un gracioso salto subió a cubierta diciendo adios al asombrado guardián que la vío esfumarse con la nave por una esquina del obscuro calabozo.

Del fondo del recuerdo, a través de la bruma de los siglos, y envuelta en los ropajes de la fantasía, la romántica figura de la Mulata de Córdoba, pasó ante nosotros altiva y misteriosa, dejando tras de sí un suave perfume de poesía y de leyenda.

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