lunes, octubre 05, 2009

En el exilio

El camino que conduce a casa


Por José Alvarado


Un viaje constituye una aventura de muchos registros tanto de aprendizaje como de reposo, de placer de aventura de sobrevivencia, esta, plagado de dificultades problemas,
nostalgia y recuerdos muchos recuerdos.

Como humanos atravesamos con inquietudes, entre ellas el deseo de aventura, el conocer lugares, costumbres y gentes extrañas y enterarnos que algunos les falta el pan en su mesa, a otros la alegría en el alma y la salud, otros luchan por sobrevivir , los hay ricos y están sobrados de comodidades y placer, pero mendigan el pan de la tranquilidad, tu conciencia te dice no olvides que ahora que estas lejos de tu tierra, a los amigos ni a los enemigos , ni tampoco a la gente humilde, recuerda los momentos de soledad pero sobre todo los de alegría y de preocupación, no olvides que has amado ni que has odiado con o sin razón, no olvides nada de tu bendita tierra, de lo contrario, las estrellas, las estrellas fugaces te traspasaran el corazón, recuerda que debes convertirte en un árbol alto, muy alto, su cima debe tocar el cielo y sus ramas deben proteger tu casa, tus hijos y todo lo que amas.

¿Que será de mi pueblo, habrá sido barrido por el empuje de los nuevos tiempos, los juegos de mi niñez estarán ya olvidados? y sus cantos, tonadas tradicionales que ahora son nostalgia por un dorado pasado ya perdido.

El chileno González Rojas reconocido en el mundo literario como uno de los mejores poetas y escritor de habla hispana, afirma tajante que no existen pautas ni normas para escribir que la poesía no se aprende ¿ Quien te la va ha enseñar? Solo la imaginación que es una especie de llave maestra con una capacidad casi infinita.

¿Cuándo podré tomar el camino que conduce a casa? Ya son muchos los veranos fuera de ella. A pesar del tiempo y la distancia no la olvido y sueño cobijarme con ella.

¿Qué tendrá la tierra que con tanta fuerza llama?

Será su sol, su luna, las estrellas

O será la tumba de mis padres

Que amorosos me reclaman.

O la voz de la Virgencita que me llama.

¿Cómo se habrá transformado mi pueblo?

Sus casas, su jardín, su plaza

¿Cuántos de mis amigos de infancia me recuerdan?

¿Qué habrá sido de aquella que dijo era mi primera novia?

¿Vivirá, será madre o será abuela?

¿ Y su río de aguas zarcas ?

A veces claras, otras mansas

Compañeros de juegos y de andanzas

Y su fuente grande ya dos veces centenario

Testigo fiel de su presente y un pasado

Y mis hermanos, primos y sobrinos

¿Habrán oído hablar de mí?

A la mayoría ni los conozco

¿ Que tendrá la tierra

Que con tanta fuerza llama?

Cuando podré tomar

El Camino que conduce a Casa

Ya son mucho los veranos fuera

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