lunes, octubre 05, 2009

María

El "Sí" de María debe ser el "Sí" de cada hombre y mujer
Benedicto XVI, 160809

Por Rafael Becerra González

…"Yo soy el pan vivo bajado del cielo" (Juan 6, 51). Con estas palabras comenzó la reflexión del Angelus el Papa Benedicto XVI este domingo, aseveró “No podemos permanecer indiferentes ante esta correspondencia”…..

Estimad@s lector@s, como cada semana, este domingo su Santidad ha envíado un mensaje a la humanidad muy importante, me parece que es necesario reflexionar un momento con detenimiento estas palabras dominicales ya que el Papa le habla a un mundo agitado por la Crísis Económica mundial e inundada por el “Imperio del relativismo”, los tepatitlenses no estamos exentos de ello, más bien estamos inmersos tanto en la crísis como en el Relativismo.

En su mensaje el Papa recordó a los fieles que Jesús, aquel cuya “carne” es “El Pan de Vida Eterna”, ha tomado su “Carne”, su humanidad contreta y terrenal de la Virgen María y el cuerpo de la Virgen fue llevado al cielo por parte de Dios.

Pues eso que le le sucedió a María es válido para todo hombre y mujer, -recuerda el Papa,- ya que Dios nos pide a cada uno de nosotros que le acojamos, que pongamos a disposición nuestro corazón y nuestro cuerpo, toda nuestra existencia, nuestra carne para que Él pueda habitar en el mundo.
Dios nos llama a unirnos a Él en el sacramento de la Eucaristía y si nosotros decimos "sí", como María, en la misma medida de este nuestro "sí" tiene lugar también para nosotros y en nosotros este misterioso intercambio entre Dios y el Hombre.
La Eucaristía es el medio, el instrumento de esta transformación recíproca y dejándose transformar por Él y en Él, queda salvado todo hombre de la muerte eterna, así esta fiesta de Dios comienza aquí abajo, aquí en la tierra. Pidamos a la Virgen santa que nos ayude a alimentarnos siempre con fe del “Pan de vida eterna” para experimentar ya en la tierra la alegría de Cielo. Que nuestro corazón no se deje vencer por las dificultades cotidianas sino que esté anclado en la fe en el Hijo de Dios que tiene "palabras de vida eterna".

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