lunes, diciembre 14, 2009

Ichan y Mictlán

Ichan y Mictlán al Hanal Pixan y “Día de los Muertos”


Enrique Estrada Barrera
Premio México de Periodismo, Cronista y Forjador de Baja California


MEXICALI, B. C.- La historia nos describe claramente la transición de la Fiesta de los Muertos Nahuatlaca a las celebraciones mayas del Hanal Pixan hasta las fiestas occidentales, así como la dedicatoria para los muertos en diferentes circunstancias en el Náhuatl y nos traslada hasta nuestros días, para relatarnos el Día de los Muertos.
La trascendencia nahuatlaca, de las más antiguas a nivel mundial nos relata históricamente que nuestros antepasados que morían durante la guerra, llamados los guerreros sacrificados y las mujeres durante el parto, señaladas como “Las Cihuateteos”, iban a morar al Ichan Tonattiuh Ihuixan, donde residía el Sol y a ellos los acompañan en el recorrido en el alumbrar a la tierra; después de cierto tiempo se transformaban en aves de bellísimos plumajes.
En los tiempos anteriores, los Náhuatl, tenían perfectamente establecidos los días dedicados a los muertos y según relata Bernardino de Sahagún, en la Cosmogonía Nahuatlaca de acuerdo a su calendario Tlalpilli, festejaban en los meses Quechol, Izcalli, Miccalhultonitli y Toxcatla a los muertos que corresponden a agosto y noviembre; en el noveno mes el Tlaxichimacco Miccalihuitontli o fiesta pequeña de los muertitos y en el décimo mes el Topelihuitl Huey Miccallihuitl o Fiesta de los Muertos, ceremonia que después se acomodaron a las festividades cristianas que corresponden al 1 y 2 de noviembre.

Las creencias Nahuatlacas y el concepto religioso
Según narra la historia, la religiosidad Nahuatlaca tenía otros conceptos de la muerte, pues era una festividad más de transición de la vida. A lo desconocido no se le temía, sino que era considerado un cambio, por ello el gusto de rendirle culto a los muertos.
Su religión llena de símbolos era más de credibilidad en sus ritos funerarios y en lo que esperaban en el futuro.
Sin embargo, existía la relación de vida-muerte, que se daba desde el momento de su nacimiento; esta dualidad eran símbolos y práctica en aquellos que morían.
Se establece perfectamente que en sus creencias religiosas los Náhuatl de México, comparándolas con el concepto occidental cristiano, tenían conceptos similares incluyendo al cielo y al infierno; en el mundo Náhuatl había un lugar demasiado alto llamado Omeyacan, donde residía la dualidad Ometepecuhtli y Omecíhuatl, que eran los creadores de todo y con ellos estaban las almas de los niños antes de tener razón, aunque también consideraban a lo contrario, el Mictlán, que era un lugar profundo donde vivía el “señor del infierno”, o sea el inframundo.
Los Náhuatl, tenían especificados los días para quienes morían en circunstancias diferentes, como los guerreros sacrificados o las mujeres en parto y para los que morían ahogados, por alguna enfermedad del agua, los hidrópicos, los que les caía un rayo iban al paraíso terrenal o Tlalocan, que era considerado un lugar en donde todo abundaba y la tierra era fértil.
Ratificaban varias veces que los que morían en la guerra, por ese hecho eran llamados los guerreros sacrificados y las mujeres durante el parto, iban a morar al Ichan Tonattiuh Ihuixan, donde residía el Sol.
La muerte o Mecehual tenía otra forma de comprender un rito funerario; los cuerpos eran incinerados y sus cenizas las depositaban en una vasija y las guardaban o sepultaban en un lugar de la casa.
A diferencia de la clase gobernante, era todo un rito el sepelio; lo colocaban en forma fetal dando la apariencia de un bulto, o en otra posición se le ponían ofrendas de alimentos, le sacrificaban un perro, a sus sirvientes, guerreros y esclavos, que eran sacrificados aparte e incinerados.
Este rito era realizado para que en la otra vida le continuaran sirviendo y en ambos sepelios, concluido ese tiempo, continuaban por 20, 40, 60 y 80 días hasta complementar cuatro años.

“Día de los Muertos” Purépecha y Maya.
La ofrenda del “Día de los Muertos” en México, es un acervo cultural imposible de limitar, pues en cada región del país hay diferencias y formas de interpretar y su conmemoración significa la amalgama de dos culturas, la indígena y la española.
En el centro y sur de la República, estas celebraciones tienen cientos de años, haciéndose diferentes en todas partes. En Páztcuaro, Michoacán, es quizá la fiesta más internacional conocida, con la participación de los 24 pueblos que rodean la laguna y la isla Janitzio, lugares que por cientos de años reflejan la cultura purépecha.
Otra celebración igual de importante a la Nahuatlaca en tiempo y costumbres es sin duda la que se hace en el sur del país y que es conocida por su tradición Maya, donde se realizan del día 1 al 3 de noviembre las famosas fiestas de Hanal Pixán, que es mejor conocida como “Comida para Animas” y que principalmente en Yucatán, tienen un gran campo de acción.
Los panteones son arreglados desde el día 1 de noviembre y durante tres días se honra la memoria de los fieles difuntos, con flores varias, destacando desde luego el cempaxúchitl y la varita de nardo y agregando a ellas la única comida que se sirve que es de tradición Maya y que llamada Hanal Pixán, consiste en la elaboración de un muchipollo, que es un guiso yucateco que se hace con masa revuelta con manteca, especias y rellenada con carne de res, cerdo, pollo, así como tomate y epazote, para envolverlo en hoja de plátano.
El guiso no se hornea, sino que se cocina en la tierra, para lo cual se hacen huecos especiales en donde se colocan y cuecen en leña, el producto elaborado con todas las especias.
Esta comida se sirve en el panteón, ya que existe la creencia entre los católicos, que los espíritus de los difuntos regresan una vez al año para visitar a sus familias y es cuando cuentan los Mayas y descendientes de éstos esas ánimas aprovechan para recoger la “esencia” de los alimentos que en vida disfrutaron.
En la Ciudad de México existen varias zonas donde la tradición ha sido también de cientos de años, como la que se celebra en el panteón de Mixtic, donde muchos vivos celebran desde la noche del día primero en las tumbas de sus seres queridos, con flores de cempaxúchitls, velas y veladoras, para el día 2 de noviembre acompañar a sus deudos con las clásicas comidas.
De unos 50 años a nuestros tiempos, se ha desenvuelto más el amor por los que ya se fueron al grado que hay muchos lugares en toda la República, donde ahora se honra a los muertos, aunque se ha pasado de la ceremonia del recuerdo a la fiesta, atrayendo lugares cada vez más hermosos donde ahora se exhiben las “Catrinas” idea original de J. Guadalupe Posada y desde luego las inmensidades de flores de cempaxúchitl.
Esta vez, se hizo por primera ocasión en Zapotlanejo, Jalisco, la ceremonia en una extensión muy grande, que tiende a convertir este festejo, en el más grande y concurrido de la nación con un estilo de tapetes de flores de cempaxúchitl al igual que en Huamantla, Puebla, donde sin duda los jaliscienses más que recordar a los muertos, gozarán del hermoso privilegio de una gran fiesta.

La idea original de los altares
Para la exposición de los Altares de Muertos, casi en todas partes se siguen los puntos principales heredados desde hace cientos de años:
La cruz, en la cual murió Jesús, que representa la fe del cristiano bautizado; las velas y veladoras, son el producto de la laboriosidad de las abejas y significan la luz de Cristo Resucitado.
El ataúd y el agua del bautismo, es el principio de la vida; de ella surgió la vida y con el bautismo se resucita espiritualmente recordando que durante el Diluvio Universal limpió con el agua la faz de la maldad humana.
El Cempaxúchitl significa flor de veinte flores; flores amarillas representativas de la fugacidad de la vida.
La sal, símbolo de la preservación de la corrupción del cuerpo, es también la sabiduría, recordando las palabras bíblicas: “Vosotros sois la sal de la tierra”.
El incienso es el dulce aroma o perfume que se ofrece a Dios y las calaveras de azúcar, reminiscencias del Tzompatli, elaborado con materia prima de origen cortesano.
El pan de trigo amasado y sazonado para ofrecerlo como alimento a las ánimas que vuelven a recorrer su ámbito humano, mientras que las ofrendas de viandas que conjugan costumbres Euskeras Austeras con las de los naturales Nahuatls, Quechuchuas, Purépechas y Huastecos.
Además la comida mestiza como los moles, frutas de la tierra y del tiempo, tamales, calabaza en tacha, el piloncillo, la canela, aguardiente, el pulque, las cervezas, cigarros y otros comensales, son ofrecidos a la persona que ya murió, para recordar su tiempo.
Para todos ellos, que siempre estarán vivos en nuestras conciencias, traigamos los mejores recuerdos, en el pasado 2 de noviembre

1 comentario:

  1. Anónimo2:53 p.m.

    Huamantla esta en el estado de Tlaxcala no en Puebla y si que son hermosos ahi tambien los tapetes que hacen con aserrín y flores...

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