lunes, diciembre 14, 2009

LeeEsle


Lo que más admiro de tí, Marcelina



Comentarios: laura.esle@hotmail.com


El 2009 prácticamente lanza sus últimos alientos de vida, casi 365 días han transcurrido, el ciclo para este año comienza a cerrarse, comienza su fin y antes de que esto llegue quiero compartirles algo:

¡Soy feminista! ¡Sí! Lo confieso, no sé si poco o mucho pero lo soy y creo que aunque no quisiera no podría ser de otra manera, porque desde que lo recuerdo mi vida ha estado llena de mujeres; mujeres fuertes, mujeres sabias, mujeres grandes, mujeres que ante la adversidad no se doblegan, al contrario, se vuelven tenaces, mujeres que ante la enfermedad se convierten en inspiración.

Estas mujeres tienen nombre, tienen vida y son entre otras cosas la esencia de mi existencia… no obstante, todo da inicio con ella, con Marcelina, quién nace hacia la tercer década del siglo XX, y que en lo posterior se convierte en madre de mi madre y por ende en mi abuela.

Marcelina nace en el México viejo, en el México sin tecnología de punta, sin celulares, sin computadoras, en ese México de casas rojas de adobe, en ese México de olores y sabores exquisitos, en ese México en el que uno se tenía que levantar antes que el sol, caminar hasta el molino y regresar a casa para tortear.

Marcelina crece jugando con no más que alguna muñeca de trapo que llega a destiempo pero que aún disfruta pues para aquel entonces y para la economía familiar representa un lujo enorme y había que disfrutarlo aunque no se tuviera ya la edad.

Marcelina trabaja en lo que sea, pero trabaja, porque ella mejor que nadie sabe que la inactividad a parte de no hacerte sentir productivo llama tempranamente a la muerte y no solo a la muerte física sino también a la espiritual.

arcelina a su vez viene de una mujer fuerte, de Doña Rosa, quién trabajó incansablemente hasta el último día de su vida y quién le inculcó que a pesar de que en ocasiones los hombres solo parezcan servir para engendrar hijos, uno como mujer debe y puede salir adelante; con ellos, sin ellos y a pesar de ellos.

Marcelina a pesar de tener más de 70 años sigue siendo bella, como cuando más de algún joven le dedicaba alguna sonrisa, alguna flor, algún ademan de respeto al quitarse el sombrero cuando caminaba por la plaza de aquel pintoresco pueblo que la vio crecer y casarse.

Marcelina no le teme a los cambios pues fue capaz de enfrentar positivamente aquella mudanza de un pueblo chico a una ciudad grande y todo lo que ello conlleva, entre otras cosas el empezar de cero, conocer a nuevas personas, adaptarse al tráfico que se expandió a miles de vehículos en comparación a las dos o tres carretas a las que ya estaba acostumbrada.

Así que Marcelina, lo que más admiro de ti es que a pesar de no tener un grado académico superior a la educación básica has sabido vivir sabiamente y me has enseñado que de nada vale tener toneladas de información sin educación.

Lo que más admiro de ti Marcelina es la facilidad con la que te muestras generosa, con los demás y en especial para conmigo, porque me compartes sin recelo tus historias, tu vida, tu pasado y todo lo que tú eres.

Marcelina; me enternece que te sensibilices ante cualquier persona y que llores cuando incluso me cuentas alguna historia de amor, como si fuese la propia.

Pero lo que más me admiro de ti Marcelina es esa fuerza que te mantiene de pie ante las situaciones tristes, porque cuando nos ha pasado algo lamentable tú has sido la primera en poner el ejemplo en sentir profundamente pero sin doblegarte.
Lo que más admiro de ti, sobre todas las cosas Marcelina, son las arrugas de tu piel morena, símbolo de tu experiencia, herencia de nuestras raíces.

Me queda claro que detrás de una gran familia siempre, indudablemente, hay una gran mujer, como tú Marcelina.

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