jueves, febrero 04, 2010

Con el "don de mando" en Politing: ¿se manda aunque mal se mande?


"Hay personas que hablan justo
un momento antes de haber pensado".
Jean de la Bruyere.
Profesor Carlos Salazar Vargas
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www.politing.com.mx


Un dirigente me aseguraba que algo importante en su exitosa carrera, había sido lograr que otros llevaran a buen término lo que previamente él había decidido o formulado y sobre todo, que lo hicieran de buena manera. Esta cualidad es lo que se conoce como buen trato, buenas maneras o don de mando, que debe tener toda persona, sin distingo de lo que ordene, delegue o exija y sin importar las circunstancias o el campo de la vida donde se desempeñe, bien sea directivo, jefe, profesor, padre de familia o colaborador. Y este don es importante en todas cada una de las etapas del proceso decisorio, porque además de escoger a la persona indicada para llevarlo acabo, lograr que ella lo haga de buena gana, es todo un arte y realmente, esa, es la culminación exitosa de todo el proceso.
Dirigir una campaña es básicamente llevar una organización política de lo que es, al deber ser y eso, sólo se hace con personas, por medio de ellas y para ellas. Y es que un directivo de campañas políticas no dirige funciones, departamentos, áreas, oficinas, equipos o maquinas, sólo dirige personas y como tales debe considerarlas, tratarlas y mandarlas. Puesto así, todo gerente de Politing debe practicar constantemente este don, porque a pesar de que en un proceso electoral cualquiera, el hecho de decidir entre dos o más alternativas -como representación tangible del proceso decisorio- es donde el Politing hace la diferencia brindando la posibilidad de hacerlo con efectividad, otra cosa muy distinta es la capacidad de llevar a cabo eso que previamente se decidió, que se realice y sobre todo, que se haga de buen agrado.

El don de mando -inherente a la capacidad o habilidad para dirigir a otras personas- lo integran cuatro aspectos distintos, pero complementarios: saber delegar, saber mandar, hacerse obedecer y lograr que quien obedezca lo haga con agrado.

En primer lugar, la elección de la persona o grupo de personas sobre las cuales recae la responsabilidad de llevar a buen término una tarea, misión o proyecto, es importante y quien se equivoque en eso o fracase en el intento, corre el peligro de no alcanzar sus objetivos, de no concretar o volver tangibles sus propósitos. Esto requiere de un escaso y afinado olfato que tiene que ver con la psicología y la acertividad. Si delegar es el arte de obtener cosas a través de otras personas, entonces, gran parte del éxito -en cualquier campo- depende de acertar en la elección de la persona correcta que se encargue del asunto en cuestión. Eso es saber delegar: escoger de entre las alternativas que se tengan, la mejor opción para que lleve a cabo la respectiva tarea. Ese "olfato" para acertar, se agudiza, indudablemente- con la práctica. Aunque hay quienes no delegan porque consideran que es preferible la rutina a la dificultad, lo conocido a lo desconocido, lo cierto a lo posible...lo bueno a lo mejor, sin embargo hay que reconocer que cuando se delega ambas partes tienen oportunidad de ampliar sus habilidades, se facilita la administración del trabajo, se incrementa la efectividad de ambas partes y en consecuencia, de la organización política. Además, delegar es importante porque ayuda a que las personas se involucren en un trabajo y asuman responsabilidades. Así entendida, es básica para el don de mando.

Como no basta con mandar sino que hay que saber mandar, este es el segundo componente del don de mando: saber mandar y para ello se debe primero, aprender a obedecer. No basta con ser erigido o ungido con autoridad, hay que ganarse el respeto de los colaboradores y lograr -más que meterse en sus zapatos- ponérselos y hasta caminar con ellos, facilitando así, que la gente se involucre, condición fundamental para el éxito de cualquier misión. La cortesía y las buenas maneras, escoger el momento propicio, la forma de hacerlo, el lenguaje que se utiliza y hasta el tono de voz...todo, hacen de ese saber mandar un arte complejo si, pero indispensable que solo con práctica y entrenamiento se puede alcanzar

En tercer componente es lograr que lo que se delegue se hagan, realicen y se complete. Porque es también fundamental transformar el intelecto en algo que los colaboradores puedan apreciar, comprender y actuar de acuerdo. Eso significa la energía que -a cualquier nivel- quiere decir hacer lo necesario para que la labor se cumpla así sean tareas distintas en diferentes niveles. El gerente de Politing puede tener la inteligencia de Einstein y la compasión de Madre Teresa, pero si carece de esa energía, nada ocurrirá.

Por último -y como condición necesaria también- debe asegurar el gerente de Politing que la labor se realice de buen agrado, con buen ánimo. Por eso, es que frecuentemente el éxito de la autoridad ante una persona o grupo de personas, está más en la forma cómo se manda que en lo que se manda. Por lo general, el modo de mandar es lo que hace que se valore esa autoridad, más que la importancia de lo que se manda.

Contrario a lo que se supone, este don de mando es todo un arte que no tiene nada que ver con la manida frase de que el jefe manda aunque mal mande- es una cualidad escasa y rara, pero es la base de la administración entendida como el hecho de hacer productivo el conocimiento alcanzando objetivos mediante el esfuerzo ajeno o mejor, contando con él.

Habida cuenta de la importancia de ese tema -concretamente para todo gerente de Politing- en documento posterior se enuncian 12 recomendaciones para proceder con un buen don de mando. Por ahora baste con recordar que el don de mando, es una efectiva herramienta de Politing muy distinta del concepto que tenía un candidato quien aseguraba que había perdido las elecciones porque se le había acabado el "don de mando": ¿dónde mando el dinero?, ¿dónde mando el licor?, ¿dónde mando los regalos?...

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