lunes, julio 19, 2010

Consumación de la Independencia

ENRIQUE ESTRADA BARRERA



El Plan de Iguala del 24 de febrero de 1821; El abrazo de Acatempan; nace la Bandera de México;”Mi patria es primero” Guerrero; El Ejercito Trigarante entra a la ciudad de Mexico; Yturbide fusilado por traidor a la Patria.

MEXICALI.- Con los destellos más hermosos del recuerdo, abrevamos en el ayer que nuestros antepasados fraguaron para independizar a México, luego del inicio y muerte de tantos héroes. Vicente Guerrero, héroe natural del estado que hoy lleva su nombre, es sin duda el hombre ideal que en la búsqueda de la Independencia con paz, doblega en mucho las aspiraciones del pueblo mexicano y con la voluntad de un hombre de bien, auspicia la proclama de Iturbide, que vendría a ser incluso, contraria a las acciones de Hidalgo y Morelos, fusilados por defender sus ideales, que eran de Independencia y Libertad.
Se vivían tiempos muy difíciles en todo el país. La guerra de Independencia en la Nueva España, constituía una fase del proceso de disolución del Imperio español en América. Desde 1810 hasta 1821, de lucha en el centro y sur del país principalmente, dieron origen a una crisis profunda en el régimen colonial, crisis que se manifestó más vigorosamente en el ramo de la minería, pero que afectó también el tráfico, la agricultura, la industria y la hacienda pública.
En la minería los efectos de la guerra de Independencia se hicieron sentir de un modo más intenso, porque numerosas explotaciones mineras tuvieron que suspenderse por falta de trabajadores principalmente, ya que muchos de éstos engrosaron las filas de los insurgentes.
Independientemente de ello, la ruina de la agricultura, la falta de seguridad de las comunicaciones, la disminución de los recursos necesarios para atender a los gastos de las explotaciones y al aumento de impuestos realizado por el gobierno virreinal para sostener a las fuerzas realistas, contribuyeron e hicieron más difícil la situación de la minería durante esa larga etapa.

El Plan de Iguala, proclama de Iturbide
El 24 de febrero de 1821, se firmó el Plan de Iguala, que no era otra cosa que una Proclama de Iturbide, ya que los principales contenidos en el Plan eran radicalmente contrarios en sus aspectos fundamentales, al programa de la revolución insurgente en su etapa de inicio.
Entre los puntos destacados, que eran contrarios a los de Hidalgo y Morelos, están el 1.- “Que reconocía la religión católica como única, sin tolerancia de alguna otra”, mientras que se reconocía en el 2.- “La absoluta independencia de la Nueva España”, pero en el 3 y 4, “establecía un gobierno monárquico constitucional con Fernando VII como rey, o cualquiera de sus descendientes”.
En el Artículo 14 establece “Que el clero secular y regular sería conservado en todos sus fueros y propiedades”, con lo que de hecho se mantenían los privilegios judiciales y políticos de los miembros de la Iglesia, en tanto que en el artículo 15: “Se mantienen a los empleados públicos en sus puestos”, con lo que se conservaban todos los intereses engendrados y desarrollados durante 300 años de tradición colonial.
Los artículos 14, 15 y 17 sirvieron admirablemente para ligar los intereses del grupo militar con los de la aristocracia eclesiástica y con los de la burocracia virreinal, en tanto que el artículo 23 del Plan de Iguala, convocaba a la reunión de Cortes Constituyentes.
El Plan de Iguala fue firmado donde hoy se encuentra el Monumento conmemorativo en Iguala, ordenando Iturbide a sus secretarios, repartir las copias del Plan a los jefes de las plazas de toda la Nueva España, a los principales de la Ciudad de México y alto clero.
El mismo día el sastre michoacano Magdaleno Ocampo, hizo en Iguala, Guerrero el lábaro patrio a petición de Iturbide, enviando la bandera a todos los jefes de los ejércitos presentes, invitándolos a una sesión para fusionar todas las fuerzas militares, nombrándose a Iturbide como primer jefe.
Sobre este Plan de Iguala, escribió años después don Agustín de Rivera: “El Plan de Iguala, fue el hijo espurio de la guerra de Independencia. No fue, sino la falsificación del Grito de Dolores y de la guerra de Independencia. El Grito de Dolores fue la expresión de la voluntad de la raza india y de la clase criolla, la expresión de la voluntad del pueblo mexicano. Más los españoles en 1821, en medio de la tempestad política de la Península, de la poderosa tempestad del siglo XIX que se les vino encima, no hallaron otra salvación de sus propios intereses, de su forma monárquica, de sus privilegios de aristocracia, de su Inquisición, de su fanatismo religioso, de sus empleos públicos y demás medios de seguir dominando a México, que un cambio de decoración llamado Plan de Iguala”.

“Pero mi patria es primero…” Guerrero
Agustín de Iturbide, nació el 27 de septiembre de 1783 en Valladolid, hoy Morelia, ingresando al movimiento de Infantería Provincial a los 17 años. En 1816 fue acusado y procesado por operaciones ilícitas. Al salir se dirigió a la Ciudad de México, donde relatan sus biógrafos se dedicó a una vida disipada donde gastó gran parte de su fortuna. Regresó al Ejército, saliendo a combatir al sur el 16 de noviembre de 1820, reuniéndose en Teloloapan con Vicente Guerrero, con quien acuerda el Plan de Iguala: Religión, Independencia y Unión, lo que permitió que con un numeroso Ejército, ingresara a la Ciudad de México el 27 de Septiembre de 1821, consumando la Independencia.
Vicente Guerrero, nacido el 10 de agosto de 1783 en Tixtla, hoy Estado de Guerrero en su honor, luchó por la Independencia bajo las órdenes de Morelos e hizo la campaña del Sur, derrotando a los jefes realistas Lamadrid, Armijo y Samaniego. En 1819, el virrey Juan Ruiz de Apodaca, envío a Pedro Guerrero, padre de Vicente a pedir al caudillo que depusiera las armas a cambio de conservarle el grado de general y de una fuerte suma de dinero; Guerrero, llamó a sus soldados y les dijo: “Compañeros, este anciano respetable, es mi padre, viene a ofrecerme recompensas en nombre de los españoles. Yo he respetado siempre a mi padre, pero mi patria es primero”. En 1821 llegó a un acuerdo con Iturbide, apoyando el Plan de Iguala.
El 9 de marzo de 1821, Guerrero escribió a Iturbide sobre su salida a Ixcatepec, para presentarse ante el Ejército de las Tres Garantías, apuntando “Del cual tendré el gusto de ser miembro”. Iturbide recibe la carta en Iguala y le contesta su rumbo a Teloloapan, en donde quedan de tener un encuentro grato y “de estrecharse en sus brazos”, celebrándose la reunión en las faldas del cerro Cailahuaca del poblado de Acatempan.
El ejército de las Tres garantías de hecho se formó en Teloloapan, con elementos criollos, aunque algunos de ellos provenían de las tropas realistas que ayudaron a que el Plan de Iguala tuviera resonancia en todo el territorio, además de que aumentaban las adhesiones a favor de Iturbide.

La Consumación de la Independencia
Desde la proclama de Iguala, el 26 de septiembre de 1821, se adhirieron a ella la mayor parte de las guarniciones españolas del territorio del virreinato, sumándose algunas capitanías de Centro América, acogiéndose los diseminados grupos insurgentes, extendiéndose con fuerza la proclama de Iguala, formándose varias operaciones que se abanderaron con el emblema trigarante.
El 27 de septiembre de 1821, el ejército entró triunfante a la Ciudad de México; los colores verde, blanco y rojo, prevalecieron en las banderas de las compañías mezcladas de insurgentes y de realistas. En el ornato los arcos triunfales, en las flámulas, los gonfalones y oriflamas, correspondiendo a este orden de los colores de la bandera hilvanada en Iguala, figurando el águila como preámbulo del blasón del Imperio Mexicano, firmándose al día siguiente, 28 de septiembre el acta de Independencia Nacional.
Relata en su libro “La Güera Rodríguez” de 1950, Artemio del Valle Arizpe: “El día 27 de septiembre de 1821, el Ejército Trigarante hizo en México su vistosa entrada triunfal, entre las claras voces de los clarines, el tarantántara de los tambores y el alborozado estruendo de los repiques en los que se injertaba alegre el múltiple y constante estallido de los cohetes. México entero, encendido de gozo echó llave a sus casas, y amos y criados se trasladaron a las calles por donde iban a pasar el vistoso desfile de las tropas trigarantes. La carrera que iba a seguir el Ejército Libertador sería desde la Tlaxpana por San Cosme, para pasar frente al palacio Virreinal, pero Iturbide desvió la columna por la calle de la Profesa en la que estaba la casa de doña María Ignacia Rodríguez de Velasco, para que presenciara el desfile y lo viese a él muy arrogante al frente de sus tropas invictas.
“Don Agustín, con voz magnífica de mando, detuvo la columna, y ante la pasmada admiración de todo el mundo se desprendió del sombrero una de las simbólicas plumas tricolores y con uno de los ayudantes de campo la envío a la donairosa y traviesa dama, quien la tomó con delicada finura entre el índice y el pulgar y con magnífico descaro se la pasó por el rostro varias veces, lenta y suavemente acariciándolo con voluptuosa delectación”.
Muchos se preguntarán quién era esta dama María Ignacia Rodríguez de Velasco y la respuesta es sencilla: era la “Güera Rodríguez”, según escribe del Valle Arizpe: “Mujer extraordinaria por su buen parecer, su claro talento de fácil minerva, su gran riqueza y, además, su esplendoroso lujo, quien tuvo en su poder la carta de Fernando VII escrita de su letra y por su mano, de la cual salieron los principios del Plan de Iguala, que dieron la Independencia. La carta fue revisada por el virrey, así como importantes personas que pertenecían a la logia Arquitectura Moral”.
La “Güera Rodríguez”, que intervenía en todos los asuntos, lo hizo también en este, encontrando que quien podría hacer el Plan de Iguala para conseguir la Independencia, sería Iturbide, siguiendo los demás trámites y entregando a éste el documento en cuestión.

Mínimo ejercicio, destierro y muerte
Iturbide presidió la Junta Provisional Gubernativa, que tenía que tratar con el Tratado y el Plan, pero al desconocer España el Tratado de Córdova, Iturbide fue coronado emperador, entrando en conflicto con el Congreso y su mando. Derrotado por la revolución de Casamata, abdicó el 19 de marzo de 1823 y abandonó el país después de reinstalar el Congreso. Volvió del destierro olvidando el decreto que lo declaraba “traidor y fuera de la ley”. Fue aprehendido, llevado a Padilla, Tamaulipas, y fusilado allí conforme a la sentencia del Congreso de ese Estado.

El autor es Premio México de Periodismo
Cronista y Forjador de Baja California

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