domingo, julio 18, 2010

Cuando el universo conspira

Comentarios: laura.esle@hotmail.com


¿Qué somos capaces de hacer por algo que realmente deseamos? ¿Qué pasa cuando a pesar de hacer hasta lo imposible… simplemente no obtenemos eso por lo que hemos luchado? ¿Por qué cuando menos lo esperábamos nos llega algo inesperado? La respuesta es sencilla: El universo conspira de tal forma que nos da o nos quita según el humor que tenga a lo largo del día o quizás porque es asertivo y sabe reconocer el momento perfecto en el que realmente necesitamos tal o cual cosa.
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El se llamaba Juan, vivíamos en la misma colonia a prácticamente pocos metros de distancia, asistíamos a la misma primaria, estábamos en el mismo turno, en el mismo salón, nos sentábamos en la misma fila y desde el primer año de mi educación básica él constituyó la principal motivación para despertar temprano e ir a la escuela, no me malinterpreten, no es que no me agradara el arte de aprender, es solo que al final todo tenía que ver con Juan… si llegaba temprano a la escuela podía verlo jugar futbol en las canchas y si lanzaban lejos la pelota yo podía ir por ella y entregársela, si hacía mis tareas me felicitaban junto con Juan pues él era uno de los niños más inteligentes de la clase, nos pasaban al frente y nos ponían en el cuaderno el famoso sello de una abeja trabajadora, si nos tocaba trabajar en equipo yo podía escoger con quien quería estar pues los mejores promedios tenían la opción de elegir primero y si; yo siempre elegía a Juan y de paso a mi amiga Mariana, quien era mi cómplice en todo esto, pues era la única que sabía cuáles eran mis intensiones hacía dicho chico, no me importaba que al final yo terminara trabajando doble, ya que mi amiga Mariana era tan platicadora como distraída.

Pasaba el tiempo, cambiamos de año escolar, seguíamos creciendo y así, sin previo aviso, me vi en la necesidad de no conformarme con solo ver a Juan en la escuela, fue cuando empecé a hacer mandados, pues en cierta ocasión escuché que algunos compañeros del salón coincidían en la fila de las tortillas y como ésta era en ocasiones tan larga como el infinito cabía la posibilidad de jugar o platicar un rato mientras los atendían. Recuerdo que cuando empecé a ir a las tortillas la relación con mi hermano incluso se vio favorecida pues me agradeció que yo me sacrificará en esa tediosa fila. Obviamente todos los días yo pasaba por Mariana y ella más puesta que la funda de una pistola me acompañaba… no por nada ella siempre ha sido mi mejor amiga. Al paso de los días yo terminé encargándome de comprar las tortillas de Juan y de otros compañeros pues se aprovecharon de mi ingenuo enamoramiento ya que mientras ellos jugaban a las canicas, al trompo, a los tazos y cuanto juego les pasaba por la mente yo como zombie solo tenía ojos para uno.
Al terminar la primaria, en el festival tradicional de fin de cursos, yo casi le lloré a la maestra para que me dejara bailar con Juan, no sé si fue mi insistencia o su manera de aprovecharse de mi inocencia, pero terminé bailando con Juan aunque durante un mes antes de terminar las clases la maestra me ponía a hacer el aseo del aula, en aquel momento no me importó que la piel de las manos se me agrietaran por el uso del cloro o que mis brazos terminaran adoloridos, yo daba todo por tocar la mano de Juan en los ensayos y por aquellas fotografías que nuestras madres hicieron cuando bailamos juntos en el festival.

La ilusión de mi amor platónico incluso fue un poco más allá de la primaria pero como en Secundaria Juan y yo no estuvimos en el mismo grupo me resultó difícil seguir “amando” en secreto a alguien con el que ya no convivía y un día sin más dejé de pensar en él y pasó lo que jamás imaginé… Juan me empezó a resultar indiferente.

En la preparatoria Juan y yo volvimos a estar en el mismo grupo, para entonces a mí me emocionaba asistir a clases, primero por aprender pero también por estar con mis amigas, Mariana estaba entre ellas como siempre lo había estado, incluso sus padres tuvieron que mover algunas influencias para que así fuera pues nos había tocado en turnos diferentes y Mariana hizo hasta lo imposible por que siguiéramos juntas.

Fue durante mi adolescencia precisamente cuando pasó algo que yo hubiera deseado muchos años atrás; Juan me pidió que fuese su novia, el sueño de mi infancia había llegado tarde y como ya no lo deseaba obviamente dije me negué, aunque hasta la fecha Juan y yo seguimos siendo buenos amigos y más cuando entendió que mi amor cambió de objeto, pasé de estar enamorada de los encantos de un chico a estar enloquecida por la ternura distraída de una chica: Mariana… sí, mi amiga de la infancia y ahora el amor de mi vida.

¿Qué hubiera pasado si desde que era pequeña hubiese descubierto que me gustaban las niñas? No lo sé… pero ahora entiendo un poco las maniobras del universo; que no permitió que yo anduviera con Juan pero que a cambio permitió que Mariana siempre estuviera a mi lado. Creo que al final obtenemos más de lo que esperábamos aunque en un principio no entendamos porque algunas situaciones parecen no favorecernos… podemos llorar, sacrificarnos, maldecir o desesperarnos pero cuando el universo conspira siempre lo hace a nuestro favor… y lo que es… indudablemente será.

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