domingo, marzo 06, 2011

Hermanos...

Joel y su hermana eran hijos únicos, como si eso no fuese motivo suficiente para que fueran muy unidos, compartían también la crianza indiferente de sus padres; así que “no les quedo de otra” que ser cómplices en sus travesuras y confidentes cuando alguno de ellos rompía algún tazón de cristal cortado o aquellas figuras finas de porcelana que tanto le gustaban a su mamá… Joel era un año mayor que Liz y como hermano mayor la defendió cuando en la primaria aquel niño que ahora es delincuente le aventaba, le jalaba el cabello o simplemente le molestaba llamándole de formas desagradables; por lo tanto, era de esperarse que ese cariño de hermano llevará en más de una ocasión a Joel frente al director, quién se empecinaba en recordarle una y otra vez al niño que dejará de ocasionar problemas pues así no conseguiría nada en la vida.

Tras cada nota mala de la dirección de la escuela, los padres emocionalmente ausentes de Joel, le regañaban, le castigaban y nunca vieron que más allá de una nota mal redactada había buenas intensiones, pues Joel cumplía “al pie de la letra” con aquella enmienda que los padres casi a diario le recitaban monótonamente “Cuida a Liz, ella es menor que tú y tú como hermano mayor tienes esa responsabilidad”.

Curiosamente desde pequeños fueron muy cercanos, tenían amigos en común y en los recreos jugaban junto con ellos y compartían el refrigerio.
Es obvio que como cualquier par de hermanos peleaban por cosas cotidianas, al principio por los juguetes, después por las labores de casa y cuando entraron en la adolescencia Joel trataba constantemente de hacerle ver a Liz que aquel chico de motocicleta solo quería jugar con ella.

Esa fue su última pelea… Liz empezó a salir con un chico llamado Ramón, era el típico estereotipo de la rebeldía joven, motocicleta, chamarras de piel, cabello largo, piercing en la ceja, cigarro en la boca, música metalera en el reproductor de
música, malas notas escolares… cervezas matutinas y nocturnas e inquietud inmensa por tener entre su cama a la chica de mirada
inocente.

Joel le insistió a Liz que saliera con Adrián, aquel amigo suyo quién moría por ser novio de ella, pero ella se dejó llevar por la emoción del momento y empezó a salir con el metalero… la historia fue simple; al primer intento de abuso Liz dejó a Ramón y Joel se encargó de dejarle claro al “hongo” que nunca más se le ocurriera cortejar a su hermana.

Los padres de Joel siempre le exigieron más que a Liz porque era él quién “tenía que dar el ejemplo a su hermana”, por lo general comparaban sus calificaciones y esos eran los únicos momentos enlos que Joel detestaba a Liz, porque no es que Joel fuese estúpido o de lento aprendizaje es sólo que el modelo educativo empleado no se ajustaba a las necesidades de este chico, quién de haberse encontrado a un buen docente terminaría siendo una eminencia.

Cuando Joel cumplió 20 años sus padres compensaron la deficiente crianza con un vehículo, que si bien no era del año, era el deseo fehaciente de cualquier joven de dicha edad… desde entonces Joel, Liz y Adrián salían juntos de paseo, empezaron explorando las localidades cercanas y los fines de semana conducían por carretera, así fue como dieron con recónditos lugares de México, como aquel bello cerro que les permitió contemplar el atardecer o aquel manantial de agua limpia que reflejaba el resplandor de la luna y que los mantuvo al borde de las lágrimas de la belleza que implicaba ver un lugar tan virgen, tan poco manipulado por la naturaleza humana.

Joel siempre fue un conductor prudente, sabía la responsabilidad que implicaba manejar un vehículo, sobre todo si alguien le acompañaba… lamentablemente aquel conductor alcoholizado que una tarde de diciembre les impactó no estaba consciente de la magnitud y las consecuencias que implica embriagarse y salir a carretera.

Y sepa Dios como Joel cubrió con su cuerpo el de su hermana y de esta forma le salvó la vida… tras el impacto Liz y Adrián quedaron inconscientes por algunos minutos que parecieron horas, en primera instancia reaccionó Liz, quién vio el cuerpo ensangrentado de su hermano, Joel temblaba, parecía estar alucinando… como ella pudo llegó a él, ahí fue cuando supo que la vida de Joel se estaba apagando ¿para qué desgastarse en gritar por ayuda? ¿Para qué pedirle a Dios que no se lo llevara? El destino o algún ser divino ya habían tomado la decisión y Liz así lo entendió… por lo tanto, Liz sentada en el suelo, apoyó entre sus brazos la cabeza de su hermano, que dejaba escapar aquel líquido rojo y vital a borbollones y quién al escuchar la voz de su hermana se tranquilizó, los temblores cesaron y la vista perdida recuperó un poco el brillo…

Liz empezó a decirle tiernamente al oído: Joel “carajito” todo esta bien… no tengas miedo… aquí estoy contigo y no me iré... te amo tanto hermano…
Acto seguido y sin mayor preámbulo Liz besó la frente de su hermano y empezó a cantarle la primera canción que salió de su corazón… fue como si el propio Liam Gallagher del grupo “Oasis” desgarradoramente se la cantara a Joel: “Hold on, don’t be scared, You’ll never change what’s been and gone… May your smile shine on, don’t be scared your destiny may keep You warm… You’ll see them some day, take what you need and be on your way and stop crying your heart out.Cuando Adrián corriendo en cámara lenta se acercó a Liz y a Joel, éste último tenía lágrimas en los ojos… Los brazos de Liz eran color rojo sangre…

Adrián no interrumpió, simplemente observó como una hermana acompaña en la muerte a su querido hermano… si alguien ha de morir esta sería una buena forma de hacerlo… porque al final no importa cómo ni cuándo, lo que realmente interesa es quién este a tu lado.

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