domingo, marzo 06, 2011

Las mujeres en el narcotráfico

Por Sara Lovera

Corina Giacomello, de origen italiano, desarrolló en México sus estudios de doctorado. Es sorprendente, menuda, sencilla, directa y con esa mirada de inteligencia que muchas mujeres despliegan en estos tiempos de “infierno”, como eltítulo de una película mexicana recién estrenada, en la que actores y personajes encarnan las dificultades de un país violento y sin gobierno, que los define sin destino.

El tráfico de drogas y la guerra militarizada para combatira un enemigo de muchas cabezas involucra cada vez a más mujeres. Hasta 2007, la principal causa de apresamiento femenino fue el tráfico de drogas, aunque son considerables los porcentajes por extorsión, secuestro y lesiones, lo que ha reformulado el mapa del crimen organizado.

En entrevista con SEMlac, Giacomello revela algunos contornos de una realidad lacerante: “El número de mujeres involucradas en el tráfico internacional de las drogas ha aumentado vertiginosamente en los últimos 20 años en toda América Latina; el triángulo que ve entrelazados las relaciones de género, tráfico de drogas y un sistema penitenciario atrasado y terrible”, refiere. ¿Ycómo es eso? “Hay que entenderlo a partir de la situación socio-económica de la región, de los sistemas penales y de la legislación de cada país en esa materia.

En México reciben la aséptica definiciónde ‘delitos contra la salud’ y de la situación de marginación y subordinación en la que todavía viven las mujeres en las sociedades latinoamericanas”. ¿Cómo se involucran las mujeres? “Los modos de participación son múltiples: esposas, mulas o transportadoras de mercancía y las introductoras de drogas a centros penitenciarios”, señala. Corina realizó esta investigación directamente; hizo sus primeras entrevistas en 2005, con el objetivo de denunciar las violaciones a los derechos humanos que acontecían, y acontecen, en el Centro Federal de Readaptación Social Número Uno “Altiplano”, comúnmente conocido como cárcel de alta seguridad de la Palma, situado en el Estado de México, la entidad que rodea y es vecina dela capital del país.

Fueron las esposas o familiares de policías corruptos, sicarios, narcotraficantes, e incluso de personas inocentes, quienes antes de escuchar un burlesco “Disculpe, nos equivocamos”, pasaron varios años,en calidad de procesados, pero tratados como sentenciados. Esto llevó a las mujeres avivir lo que es la cárcel, siendo libres.

En enero de 2005, por causa de varias muertes con arma de fuego ocurridas en el penal, la Policía Federal Preventiva y del Ejército realizaron un operativo, cuya consecuencia fue la instauración de un régimen represivo que poco tenía que ver con la seguridad, y sí mucho con la violación sistemática de los derechos humanos y el agotamiento progresivo de losinternos y sus familiares.
Así se hicieron visibles las mujeres y empezaron a dar a conocer lo que acontecía en el centro “La Palma”.

Aplastadas entre el esposo, la cárcel y su condición de género, reorganizaron su vida alrededor del penal, volviéndose invisibles entre los invisibles.
De estas entrevistas, Corina publicó un libro titulado Rompiendo la zona de Silencio: testimonios sobre el penal de máxima seguridad del Altiplano, antes La Palma, que salió a la luz en 2007.
Luego publicó Los Secretos de Almoloya y hoy continúa sus investigaciones y da charlas y conferencias.

Pone el dedo en la llaga: es verdad que las mujeres están formando parte del entramado, no sólo como familiares, sino también como parte del crimen.
Nos regala un testimonio: una mujer de origen colombiano resume la situación de violación a los derechos humanos de este modo: “Me siento presa, aún estando libre”.

Y me lee al relatar sus hallazgos, al entrevistarla en Toluca, capital del Estado de México. Ella tuvo que ver con un penal, a partir de la detención del esposo.
Toda la familia se mudó a las cercanías del penal.
“Te alejas de la familia, de los pocos amigos, porque te das cuenta de quiénes son tus amigos.

Aquí tienes que amarrarte a los juzgados, y más con la situación que está pasando ahorita (después del operativo), tienes que estar pegada allá y no puedes desarrollar una vida normal”.

“Siento mucha impotencia como madre y esposa, es bastante difícil, porque las que estamos dentro de todo esto sabemos lo que pasa y lo que estamos manejando, pero la gente que no está enterada de cómo están las cosas te etiqueta: Son esposas de lo peor´. En estos ocho años no he tenido amigas afuera de este círculo. Llevo a mis hijos a la escuela y me voy, no puedo hablar con nadie. No quiero que la gente me pregunte: ‘¿Y tu marido?’ porque no quiero echarles mentiras…”

¿Qué es lo que realmente viven estas mujeres?: “El régimen de incertidumbre, atropello y de agotamiento descrito en los testimonios se tradujo, en 2006, en la formulación un nuevo Reglamento de los Centros Federales de Readaptación Social, firmado por el entonces presidente Vicente Fox, y actualmente vigente. Pero, en realidad, las cosas no han cambiado”, precisa Corina Giacomello.

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