domingo, abril 17, 2011

No es otra tonta historia de amor...

La historia de Ana Claudia es un tanto curiosa… les diré porque… Ella tuvo una figura paterna débil, incongruente, resulta ser que como autoridad el padre nunca se impuso, es más estuvo ausente todos los días de 6 de la mañana a 12 de la noche, incluyendo algunos fines de semana.
Ana Claudia siempre cuestionó el que su madre –una feminista que evidentemente no necesitaba de nadie para salir adelante, mucho menos de un hombre- haya aceptado casarse, por lo tanto, la natural consecuencia del desenlace entre sus progenitores permitió que esta chica mitigara aquel sentimiento de inconformidad.
Pues bien, el divorcio entre los padres de Ana Claudia fue el resultado de la combinación de una mujer con espíritu libre y el letargo consistente de un hombre posesivo.

Esta chica, quién fue producto único de aquel matrimonio, se vio influenciada por la situación de casa y por el entorno contemporáneo de tal forma que terminó viendo a los hombres exactamente como ellos ven a las mujeres en ocasiones; sólo como un trozo de carne que se consume y se olvida… como una servilleta que se ensucia y se desecha… como un shot de tequila del que solo preservas el recuerdo ¿ven el punto? Entonces Ana Claudia a partir de que cumplió legalmente con la mayoría de edad, saltaba de bar en bar, de antro en antro, de fiesta en fiesta y por ende de cama en cama… sexualmente era egoísta… lo único que le importaba era su satisfacción.

Hasta el momento en que entró en aquel bar de moda y conoció a Octavio, ella se había negado a tener novio, una relación seria y todo aquello que implicaba compromiso más allá de un acostón de fin de semana.


Resulta que Octavio se enamoró a primera vista de Ana Claudia aunque ella ni se fijó en él, sino hasta que, casi al terminar la noche, él tuvo que cargarla y ella en estado prácticamente inconsciente tuvo la decencia de mostrarlela credencial de elector para que le pidiera un taxi… él hizo algo aún mejor, la subió a su auto y él mismo la llevó hasta su casa, tocó la puerta y espero hasta que abrieran, una vez que sucedió esto, Susana le pidió a Octavio que le ayudará a llevar a Ana Claudia a su habitación, él tiernamente la dejó en la cama, le quitó los zapatos y la cobijó, después bajó sigilosamente las escaleras, aceptó la invitación de Susana para comer al día siguiente y se fue manejando por periférico, de vez en vez durante el trayecto a su casa esbozaba una sonrisa al recordar lo linda que Ana Claudia se veía dormida, era tan tierna y tan angelical que a partir de ese día no pudo quitársela de la mente.

Al día siguiente Octavio se presentó puntualmente a la hora de la comida, Ana Claudia tenía cara de resaca, vestía ropa deportiva y estaba hambrienta, en cuanto abrió la puerta se enamoró de Octavio, unos minutos después de conocerle conscientemente se abalanzó sobre Octavio, le besó primero salvaje y luego tiernamente y así fue como empezó su historia de amor.
Ana Claudia dejó de lado las fiestas, los antros y el alcohol, las ocasiones en las que ambos retomaban la vida nocturna era solo para hacer el amor.
A los pocos meses de aquel chispazo se casaron y quién diría que su amor terminaron consagrándoselo a Dios, digo esto porque ambos pero sobre todo Ana Claudia era escéptica para todo eso de la religión, pero fue ella precisamente quién más se emocionó cuando el sacerdote les dio la bendición.
Y con el amor se fueron los prejuicios, la ideología negativa y arraigada y todo eso que ellos eran; mejoró.
Y pues a final de cuentas; si te vas a entregar al amor y a quién físicamente le representa para que hacerlo con reservas, pues quién no se atreve a amar a manos llenas no merece vivir la experiencia.

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