sábado, junio 04, 2011

Esa Voz en la cabeza...

Para cuando Emiliano conoció a Sofía, éste pensaba que ya lo había visto todo de la vida, mientras que ella –idealista- le seguía buscando el tono rosa a sus días.

Emiliano pasaba los treinta, ella los veinte… nunca fue amor a primera vista, la conquista se dio gradual casi imperceptiblemente… Sofía tenía pareja para entonces, se sentía enamorada, casi ilusa… Emiliano y ella eran compañeros de trabajo, todo empezó con una solicitud de apoyo laboral, continuó con intercambio de puntos de vista, bromas mutuas y terminó con una lección de vida ejemplar.

Emocionalmente Emiliano no era entregado, por lo general, orillaba a sus parejas a que terminaran con él para no saberse responsable de los sentimientos de los demás, de tal forma que nunca pasó más allá de un año con alguien, decía sentirse cómodo con esa extraña manera de llevar las cosas, no le interesaba enamorarse, pues el concepto de amor según sus palabras no es otra cosa que “un constructo mental de las personas” y de tal manera se lo expresaba siempre a Sofía, quién ingenua, siempre le refutaba que el amor era más que una decisión, más que elementos químicos en el cerebro, más que un estilo de vida, más que un sentimiento… este tema era el único que ponía en estado de alerta a los dos y preferían abandonar la charla antes de herirse con palabras.

Conforme fue pasando el tiempo Sofía y Emiliano se volvieron inseparables, cuando alguien les veía juntos movían la cabeza en señal de aprobación, les sonreían en tono de picardía o incluso les decían que conformaban una buena pareja juntos, ellos nunca lo consideraron de tal forma, por eso les resulta gracioso alimentar el morbo de los demás.

Se dice que cuando dos personas conviven demasiado tienden a “mimetizarse”, es decir, Sofía empezó a adoptar ciertas características de Emiliano y viceversa, esas características iban más allá de una expresión o de un gesto, ella realmente se apropió de las ideas hilarantes, objetivas y realistas de Emiliano, de pronto se dio cuenta de que no era libre, se sintió desesperada por haber perdido esa disposición para realizar con soltura todo eso que ella era, todo eso que ella imaginaba y fue entonces que su instinto de supervivencia comenzó a funcionar… de pronto ya no quiso pasar más tiempo con su pareja pues descubrió que pese a los buenos momentos y recuerdos ya no serían más que eso, su relación se había convertido en una especie de refugio cómodo y monótono, ella terminó con aquel chico, con esto le dio la posibilidad a él de buscar a alguien con quién realmente tuviera empatía, pues ella ya no quería lo mismo, él tuvo que entender que después de todo ella había cambiado, tenía gustos, actitudes y pensamientos diferentes y contra eso ni las fuerzas más oscuras de cualquier persona podrían luchar.

De igual forma que Sofía cambió, Emiliano hizo lo propio, de pronto el mundo dejaba de parecerle por instantes detestable, ilógico, agobiante… se convirtió en una persona más tolerante hacia las emociones, descubrió el efecto agradable de un día con sol, de las sonrisas de las personas, del idealismo de Sofía… Y entonces sin pensarlo demasiado, Emiliano tomó la decisión de enamorarse, de dejarse consentir por todas esas sensaciones placenteras que nos proporciona el hipotálamo. Se enamoró de Sofía y de su forma particular de ver la vida, se enamoró de sus gestos, de su voz, de sus pensamientos. Ambos, estando conscientes de que habían cambiado, tomaban decisiones conforme su actual estado y su relación en particular, funcionaba mejor que nunca.

Sin afán de etiquetar aquello que ellos tenían, diré que no era amor o amistad, pues ellos eran poco más que almas gemelas y como tal, Emiliano entendió la decisión de trotar por el mundo de Sofía, quién ahora se sentía libre y actuaba en función de ese pensamiento, el mundo por fin conspiraba a favor de ella y no quiso dejar pasar la oportunidad, quería encontrarse con la esencia de los seres humanos, quería respirar al mundo, quería probar los sabores únicos de las montañas y de los manantiales… quería soñar con los colores de la humanidad, pero sobre todo; quería ser congruente con sus nuevos ideales que no daban paso a las ataduras sociales y entonces se fue.

Emiliano se quedó amando, deseando, soñando… entendió que expresar el profundo amor que ahora sentía por Sofía, sería un acto egoísta de su parte, pues inequívocamente sería una atadura para ella quién ahora corría para experimentar al mundo y así, sin más, la dejó ir como un acto de amor inigualable.

De muchas formas este es un final feliz, pues tanto Sofía como Emiliano se saben agradecidos por percibir al mundo desde un punto de vista diferente… Emiliano aprendió a amar, mientras que Sofía aprendió a ser libre.

Porque la libertad es seguir aquel instinto innato dentro de nosotros que nunca calla y que nos direcciona cuando pretendemos hacer las cosas mal, es esa voz en la cabeza que sonríe cuando somos lo que realmente queremos ser.

Comentarios: laura.esle@hotmail.com


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