martes, junio 19, 2012

No la joda, vaya a votar

No la joda, vaya a votar: muchos mexicanos han muerto luchando para que tengamos democracia, incontables han sufrido cárcel, torturas y mil cosas más, y todo soñando con ver el día en que pudiera haber elecciones sin trampa, y ahora, después de tanto, ¿usted no va a votar?
No hay que ser. Infórmese con gente que sepa de lo que habla. Los que nacieron ayer no saben que las elecciones ya no las organiza el gobierno sino una instancia que se guía por la ley pero no obedece al gobernante en turno. Y eso, a los que vivieron la última elección organizada por el gobierno (la de 1988) les consta. Pero OJO, hay gente que no sabe que después de que “se le cayó el sistema” a la Secretaría de Gobernación en ese fatídico año (para poder hacer el último fraude oficial), las siguientes elecciones las administra un organismo autónomo que no le obedece al presidente, y que las casillas están atendidas desde entonces por ciudadanos, como usted y como yo, y vigiladas por todos los partidos.
Es muy importante que esto lo platique con sus compadres. Porque todavía hay incontables personas que creen que el gobierno puede manipular las elecciones para hacer trampa a su favor, y todo por ignorancia, porque no saben que las leyes cambiaron, que las reglas del juego son otras; y con estos ignorantes cuentan los tipos que salen ganando si no hay democracia.

¿A poco hay alguien que gane si no hay democracia en México?

Pues le aseguro a que sí. Hay tipos que desean el poder y saben que no pueden convencer a los ciudadanos para que voten por ellos, y entonces, ya de perdidos, se ponen a decir que las elecciones fueron trampa, para que desconfiemos del gobernante elegido, para que no creamos a los datos oficiales del IFE y para que a fin de cuentas, con el río revuelto ellos suponen que pueden ganar algo más de lo que hasta la fecha han conseguido.
Ellos son los que le apuestan a la derrota de México. Son como delincuentes que dijeran, que si ellos no pueden ganar, entonces que se cree un caos, que haya desorden, que parezca que el país es ingobernable, para poder decir ellos en voz alta que la cosa está mal porque la población no votó por ellos. Así llegaron al poder, Mussolini en Italia y Hitler en Alemania. Así, apostándole a la desorganización social, a la desconfianza ante el gobierno y las leyes existentes; apoyándose en la ignorancia de la gente, prometiendo que ellos sí serían el agente providencial para componer las cosas; y así tuvieron que pagar de caro esos países, cuando esos tipos se hicieron del poder. ¡Infórmese por favor!

Vea la historia. Todas las elecciones de México, desde que logramos la independencia, pueden ser cuestionadas, con regulares razonamientos. Y las personas que alzaron la voz para protestar, sufrieron las consecuencias; pero gracias a ellos, a todos los que han estado sufriendo a lo largo de la historia para que tengamos un mejor país, cada vez han estado mejor las cosas. Las instituciones se consolidan poco a poco. Cada vez las personas están más informadas. Aunque hay muchos que hablan y escriben desde sus complejos y sus traumas psicológicos, desde su ignorancia, desde sus resentimientos sociales, (fundados o no), aún así; el grueso de los ciudadanos, la mayoría del país, sabemos que la única forma de que la nación esté mejor, es con el respeto de todos a las leyes, con el perfeccionamiento paulatino de las instituciones; nunca con el caudillismo de las personas, que como tales, son volubles, imperfectas, y que aun cuando hoy sean buenos, cuando acumulen poder, acabarán siendo unos tiranos.
Tenemos que apostarle a que prevalezca la ley; históricamente no ha habido nación alguna que progrese sin ese requisito. ¿Que algunas leyes son injustas? ¡Claro que las hay! ¿Que hay muchos gobernantes ineptos, ignorantes, prepotentes o de plano buenos para nada? Por supuesto que los hay, y son mayoría. Pero la solución no es otra que hacer respetar las leyes, y en la medida en que vayamos pudiendo, hagamos nuestra parte para que las leyes sean cada vez mejores, que las instituciones respeten y sirvan al ciudadano y a la sociedad cada vez mejor; y automáticamente, los que ocupan el poder sin capacidad para ello, serán cada vez menos; pero OJO, el camino es respetar la ley, hacer cada quien su parte, informarse, no creerse de los fatalistas, de los pesimistas, de los ignorantes.
El único camino adecuado para mejorar las leyes es elegir a buenos diputados, no hay otro. No se crea de los que dicen que para castigar a los políticos no hay que votar. Eso es absurdo. Si usted no vota, nomás les deja el campo libre a los que lo aconsejaron que no vote: le aseguro que ellos si votarán a la carrera. ¡Infórmese!
También hay personas que están casadas con un partido y hasta dicen que ellos son del partido fulano. Está bien si ese es su gusto, pero lo ideal es que analicemos el comportamiento de los candidatos y de los partidos. Si un diputado fue bueno, eso no garantiza que el siguiente, sólo por ser de ese partido, también lo sea. Si un partido ha hecho algo bien o mal, no implica que el siguiente candidato de ese mismo partido actuará igual; todos somos seres humanos, e independientemente del color con que nos pintemos, tendremos aciertos o meteremos la pata. Conclusión: échele lápiz al asunto y tome su propia decisión, pero eso sí, no deje de decidir, porque si no, otro decidirá por usted.
Cuando vaya usted a votar en la próxima elección: piense en todos los mexicanos que sufrieron cárcel, exilio, golpes, humillación y hasta muerte; para que usted y yo pudiéramos votar esta vez: sin miedo, sin persecución, sin cárcel y sin golpes; y si usted cree en Dios, pida al Señor por ellos, que lo menos que se merecen es nuestra gratitud y perenne reconocimiento. Y a los que insistan que en que cada vez estamos peor, que la cosa está mal, que para qué votamos, que no sirve de nada; a esos, no los critique, entiéndalos, nadie es perfecto; y lo real es que la burra no era arisca, la hicieron; y el que se quemó con leche hasta al jocoque le sopla; y pues qué le vamos a hacer, démosle tiempo al tiempo, que al fin que el tiempo todo lo cura y lo que no se cura, con el tiempo deja de doler: cuando menos no hemos oído de muertos que se quejen.
¿O, usted qué opina?
Javier Contreras

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