sábado, agosto 18, 2012

Una luz para el Tíbet

Hay un país llamado El Tíbet. Esta ubicado entre China y la India. Pero ya no está, porque China se lo comió. Entonces, ¿está o no está? Eso depende de nosotros, de como lo queramos ver. Ellos están vivos y se llaman a sí mismos tibetanos, habitantes del Tíbet, pero quien los gobierna contra su voluntad, les dice en voz alta que el Tíbet no existe y que por lo tanto, ellos no son tibetanos, sino chinos, por la ley de sus fusiles; y nosotros podemos hacernos los desentendidos del asunto y dejarlos solos o intentar saber más del tema. Algunos habitantes del mundo se han desentendido del asunto, otros ni siquiera saben del caso; pero otros han hecho su parte, lo que estaba en sus manos.

Haz de recordar que durante la marcha de la antorcha olímpica por el mundo, camino a las olimpiadas de China en el 2008, muchas personas se atravesaron a las cámaras que filmaban la marcha con mantas que decían “Liberen al Tíbet”. En todos los países del mundo alguien se animó a hacerlo, a hablar por los que no tenían voz, se solidarizaron con ellos; pero la toma que me llamó más la atención fue de quienes pusieron una enorme manta con ese reclamo en el puente Golden Gate de San Francisco, ante el paso de la antorcha. Durante el tiempo que duraron los atletas en cruzar el puente, las cámaras de los medios de comunicación de todo el mundo transmitieron ese gran reclamo: “Liberen al Tibet”.

Y aquí llegamos al punto medular del asunto. Una de las características de oro de los seres humanos es la solidaridad. La grandeza de alguien se puede medir por su capacidad de hacer suyos los problemas de los otros, la bajeza de algún tipo, está en que le valga un comino los sufrimientos ajenos: detrás de toda gran obra de beneficio a la humanidad, hay un alguien más grande, que veía más allá que los demás, y que pensó en sus hermanos, y por ello la promovió, e hizo de este mundo matraca, un mejor lugar para todos. Detrás de toda gran guerra o hecatombe, hay algún o algunos tipos de gran bajeza espiritual que dijeron: primero yo y lo que a mi me beneficie, luego yo y mi gente y lo que a nosotros nos beneficie, y los demás que se vayan al cuerno.

En el pasado reciente, en la Segunda Guerra Mundial, podemos ver la mayor gachencia hecha a la humanidad por el egoísmo de unos pocos de gran vileza que pensando sólo en su beneficio hicieron sufrir a medio mundo, y también encontramos en ese mismo momento, grandes actos de heroísmo de incontables almas grandes que supieron sacar la casta y devolvernos la confianza en el género humano.

¿Y nosotros qué? ¿Qué pitos tocamos en este concierto?
Cada uno debe descubrir lo que tiene qué hacer al respecto: a los niños les toca jugar canicas y no preocuparse por los asuntos de los adultos; los que son medio adultos y medio niños deberán buscar la guía y orientación de otros; pero los adultos deberán encontrar su propio camino.

Algunas referencias al respecto: En la II GM, los Nazis arrasaron el pueblo de Lídice en Checoslovaquia en junio del 42, como castigo porque no se dejaron intimidar: la orden fue: desaparecerlo de la faz de la tierra, que hasta el nombre del pueblo que osó rebelarse, se olvide de la conciencia de los hombres. ¿Qué hicieron los hombres grandes del mundo al respecto? El algunos lugares, entre ellos nuestro México, se nombró a diferentes pueblos con el nombre de Lídice, para que el nombre permanezca para siempre entre nosotros. Así, la colonia de San Jerónimo Aculco en la delegación La Magdalena Contreras de la Ciudad de México, se seccionó y se creó la colonia San Jerónimo Lídice, así como el nuevamente reconstruido Teatro Lídice, la Plaza Lídice y Colegio Lídice. Unos hombres malos trataron de destruir hasta el nombre de ese pueblo; unos hombres grandes nombraron a otros pueblos con ese nombre para que el nombre permanezca. Lo menos que podemos hacer es enterarnos de las injusticias y hacerles saber a los que sufren que no los olvidamos. Si más no podemos, cuando menos no olvidarlos.

En la misma IIGM, los Nazis trataron de matar a todos los judíos que se encontraron, aunque no hubieran hecho nada malo, por el sólo hecho de ser parte de ese pueblo, se les mataba. Muchos hombres santos dieron su vida por ayudar a aquellos desdichados.

Alguien que sintió compasión por esa pobre gente, pero no sabía qué hacer, le preguntó
a un judío que conducían a la muerte, que qué podía hacer por ellos, y este le respondió:
“No nos olviden.”
Y esto es quizá lo menos que podemos hacer por los que sufren, no olvidarlos; primero por solidaridad humana para con los que viven desgracias, segundo por conveniencia propia: lo que ahorita le está pasando a otro, ten la seguridad de que te puede pasar a ti mañana. La solidaridad humana no sólo es un gesto de grandeza, también es un seguro de vida: cuando yo hoy ayudo a otro, creo las condiciones para que otro me ayude a mí mañana.

A los judíos que murieron en los campos de concentración de la Alemania Nazi en la IIGM, hoy se les recuerda permanentemente en un monumento nacional en Israel, donde siempre hay una luz prendida en memoria de todos los caídos.

¿Y con el Tíbet qué? Desde que el país de Tíbet fue invadido por los chinos a finales de los cuarentas, el Dalai Lama, líder espiritual de esa nación, recorre el mundo recordándonos a todos que su sufrida gente sigue viva, aun bajo la bota china, y nosotros podemos desentendernos de ellos, o informarnos e intentar hacer lo que esté en nuestra inteligencia y voluntad.

Usted decide.

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