domingo, octubre 14, 2012

El Oratorio, una parte de su historia

Segunda y última parte

Por Felipe Hermosillo Padilla

LAS FUNCIONES DEL TEATRO 
Con motivo de un onomástico del canónigo J. Ángel Gómez que estaba próximo, reuní a los maestros y les pregunté si estaban de acuerdo en preparar alguna obra de teatro para presentarla en el salón de actos el día del cumpleaños del Sr. Gómez. Todos estuvieron de acuerdo. La obra seleccionada fue “Yo la maté”, No recuerdo en este momento quién era su autor, pero lo que no he olvidado fue el éxito que se tuvo el día en que se presentó. El cupo del salón de actos fue insuficiente. Contamos con la asistencia de la mayor parte de los familiares de los alumnos y más público en general. Cuando terminó la presentación de la obra el Sr. Gómez nos felicitó a todo el grupo y nos dijo lo siguiente” Estoy muy agradecido con todo el grupo de actores y la dirección de resta obra, me gustó mucho, excelente preparación, pero la sentí un poco conmovedora. Felicidades y gracias”. 
Viendo el éxito que se tuvo con esta presentación del grupo de teatro del Oratorio, se pensó en preparar otra obra. Acordamos que se cobraría por verla y las entradas serían para gastos de la escuela. Tal como se convino nos pusimos a ensayar la siguiente obra de teatro que precisamente se llamó “Dos navidades”, obra muy interesante y que gustó mucho alcanzando también gran éxito. El auditorio nuevamente se llenó y se ayudó un poco económicamente al Oratorio. 

EL ACUERDO CON EL PRESIDENTE MUNICIPAL

 En 1965 los padres Aguayo y Gómez me hicieron saber que en la plaza de San Juan y en las calles adyacentes a la Basílica existía un gran grupo de niños que tal vez no asistían a ninguna escuela. Ellos me dijeron: “No habrá forma o manera de acercar a esos niños aquí al Oratorio? A los que no sepan leer y escribir aquí se les enseñaría. Hay otros niños que no los admiten ya en ninguna escuela y otros que si están pero no asisten. ¿ No habrá ninguna solución a este grave y difícil problema?” Yo les contesté lo siguiente a los señores canónigos “Miren, si ustedes gustan y me autorizan, yo platicaré con el Sr. Presidente Municipal, el cual es amigo mío, y le explicaré el motivo de mi presencia” entonces ellos mencionaron. “Pues si usted así lo cree conveniente y prudente para obtener de él algún auxilio para el bien de todos estos niños y así poderlos hacer llegar aquí a nuestra escuela, pues inténtelo y ojala todo salga bien”. 
Al día siguiente me entrevisté con Javier de la Torre de Alba. Presidente Municipal, y traté asunto con relación al problema de estos niños. El me dijo lo siguiente: “ Mira, me parece muy buena idea de los padres. En realidad son muchos los niños que diario andan por ahí y molestan a los peregrinos que nos visitan. Ya que ustedes nos ofrecen esta magnifica solución, pues cuenten desde mañana con la ayuda de la presidencia municipal, mañana ordenaré al inspector de policía que de una minuciosa recorrida por la plaza y calles de la ciudad y todo aquel niño que se encuentren en horas de la escuela que lo lleven al Oratorio. 
Y así fue como nos fueron llegando algunos niños. Muchos de ellos al principio nos dieron problemas, ya que se peleaban con los demás alumnos y de vez en cuando entre ellos mismos. Algunas veces me avisaban los alumnos que algunos niños se brincaban la barda y se andaban peleando en el río. Inmediatamente también brincaba la barda un servidor y de inmediato intervenía en separarlos. Estos casos se repitieron algunas veces, incluso les llegué a recoger algunas navajas y pequeños cuchillos a varios de ellos. Pero eso fue el principio, ya después la mayor parte se corrigieron y actualmente son padres de familia que al encontrarlos por la calle o en algún otro lugar me saludan muy atentamente, mostrando con ello educación y agradecimiento. 
En septiembre de 1966 comenzó el primer ciclo escolar con niños de sexto año. Desde marzo el Sr. Gómez estaba angustiado porque sabía que la escuela no estaba incorporada a la Secretaría de Educación y Debra resolver ese problema. En marzo le escribió una carta a Don Francisco Javier Nuño, que era el obispo coadjutor de Guadalajara. Parte de esta carta es copia, tomada del libro Huellas del Abad ya mencionado. “(…) No sé què hacer para el año venidero, pues tenemos niños que cursan el quinto año y desean hacer el sexto en el Oratorio… Eran muchachos tremendos (de los “perritos”) y se han corregido mucho hasta hacerse buenos niños. No quisiera dejarlos, máxime que no tienen fondos para cursar el sexto año en el Bolonia y no quieren ir a la escuela oficial, y piden el sexto aquí. ¿Incorporación? No podríamos con las exigencias. Me parece lo mejor, pero no quisiera que fuera extensión del Bolonia, porque tal vez no quieran los hermanos y porque temo que se apoderen de nuestros campos deportivos y nos arrinconen a nuestros pobres, y yo quiero que los pobres sean los amos y señores del Oratorio. Me gustaría que fuera una extensión del Independencia, haciendo pasar el Oratorio como una escuela mixta, gratuita…” 
Se hicieron cargo de la escuela a partir de 1966. 

TORNEO REGIONAL DE FUTBOL

 Un servidor organizó en aquellos años campeonatos de futbol ínter escolares a nivel de nuestra ciudad. Para organizar el primero invité a mi buen amigo, de grata memoria, Cleofás García, profesor de la escuela del bosqueto. Compitieron algunas escuelas, entre ellas, la de los niños cantores, donde yo impartía el cuarto año de primaria, con el equipo al que el padre J. refugio Martínez puso por nombre “Beppi”, que según este sacerdote así se le conocía de niño a San Pío X, gran protector Cleofás y otros que de momento no recuerdo sus nombres. Esto ocurrió antes de que trabajara en el Oratorio. 
Después continué organizando estos campeonatos locales con los niños de la ciudad. Estaba yo en el Oratorio cuando me invitaron los señores originarios de Tepatitlàn, Isidro Padilla, Guadalupe Lomelì y Simón Ibarra, para organizar con los niños torneos “relámpagos” de futbol a nivel de la región alteña. A nuestra organización se unieron otros pueblos de Los Altos. En la primera reunión se nombró la mesa directiva y se acordó rifar la sede cada tres meses. Cuando tocó San Juan por primera vez jugamos en el único campo que entonces había y que se ubicaba donde hoy es la Preparatoria Regional de Guadalajara. 
El siguiente torneo que tocó en San Juan se realizó en el campo Oratorio. Para esto avisé al Sr. Aguayo y al Sr. Gómez unos tres días antes. También fui a Guadalajara a Invitar a la asociación de Futbol del estado, a quienes les dio mucho gusto recibir la invitación. El Sr. Gómez mandó que prepararan un entarimado para mayor comodidad de las personas de esta asociación. ` 
Llegó el día del torneo y comenzaron a llegar los diferentes equipos competidores. Me di a la tarea de recibirlos y darles alojo en el Oratorio. Fueron cuatro los equipos participantes por San Juan: El Beppi y San Gregorio, integrados por niños cantores de la Basílica y el Oratorio A y el Oratorio B de la escuela, los compañeros de la mesa directiva me ayudaron a programar los encuentros. Minutos antes de empezar el torneo me dieron una gran sorpresa, la llegada de los representantes de la Asociación de Futbol del estado, entre ellos venía el señor Donato Soltero y Don Josè Guadalupe Vargas, ambos Traian un montón de balones que fueron repartidos entre los equipos contendientes. Otra sorpresa más fue la llegada de varios canónigos de la Basílica que estuvieron hasta el final del torneo. 
No recuerdo quién fue el campeón. Tenia que atender a mucha gente que vino de fuera y también a los de San Juan. La última sorpresa que me dieron fue, que el Sr. Gómez y el Sr. Aguayo al terminar el evento nos obsequiaron birria para todos los niños y las personas invitadas. Este torneo era para entonces un caso nunca visto en San Juan y aconteció en ese plantel que fundaron aquellos dos grandes y humildes sacerdotes, entregados por completo a su ministerio. 
Es una triste realidad que la ilusión de estos sacerdotes de tener una escuela que diera alojo especialmente a los niños desprotegidos y abandonados no fuera llevada a cabo, tal y como ellos se lo imaginaron. Su colegio siguió otro cauce muy diferente a su noble y digna causa. Estos sacerdotes fueron los que con amor verdadero pusieron la primera piedra del Oratorio y si ella no existiría esta gran escuela de San Juan. Toda obra que existe en el mundo tiene un principio y un impulso que la origina. El Oratorio nació impulsado por el amor a la niñez y esto quiere decir mucho. 
El tiempo ha pasado y con la terminación del actual ciclo escolar se cumplen cincuenta años en que concluyó el primero que el Oratorio tuvo como escuela formal. No es digno que se trate de desconocer esta fecha y a los dos benefactores que pusieron en la niñez todo su amor y toda su vida. Celebrar cincuenta años no es ningún capricho , sino un agradecimiento, en primer lugar a los sacerdotes que tuvieron visión, el amor y la generosidad de legarnos este colegio, pero también a todas las demás personas que colaboraron con su granito de arena. Mucho más podría escribirse sobre la historia de este colegio a lo largo de cincuenta años. He querido escribir estos recuerdos y vivencias en homenaje a sus dos fundadores.

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