martes, noviembre 13, 2012

Carta de cómo aferrarse desesperadamente a un desconocido

Veamos: tras haber contestado con actitud defensiva e injustificable a tus inocentes cuestionamientos procederé a reivindicarme: 
Entonces, si me lo permites, este intento considerémoslo como “corte y toma 2”: 
¿Qué es lo que deseo? Esa fue la pregunta inicial. Me permitiré cuantificar mis deseos, en donde cabe hacer mención, que sólo enlisto algunos y esto sucede conforme los voy recordando: 
1. Escribir un libro, no uno cualquiera, sino uno que logré unificar al lector con la historia, que lo haga parte de su vida por un período indefinido, de esos libros que cuando terminan de leerse implican un vacío, porque te enamoraste tanto de la narrativa del autor que momentáneamente te quedas sin nada y aún será muy pronto para considerar la sustitución de la vacante. 
2. Viajar y por ende contemplar directamente las bondades que ello implica; internarme de manera espontánea en comunidades, ciudades, bosques, selvas… con paquetes “todo incluido” o sin ellos. 
3. Aprender la mayor cantidad posible de oficios o por lo menos, tener una noción práctica, llenarme las manos de tinta, tierra, lodo, químicos… que sé yo, yo sólo quisiera comerme al mundo, no de una sola mordida , no, yo quiero hacer una cata especial, quiero verificar la profundidad y limpidez de su color, la intensidad de su aroma y comprobar si su sabor es tan suave o astringente como dicen algunos. 
4. Asociarme con personas que sean reflejo de mi propia esencia, que al verles directamente a los ojos pueda reconocerme en su mirada. 
Como podrás apreciar, soy más anticuada de lo que me cuesta reconocer, por dicha razón, creo que podré: · Escribir un libro que nadie leerá. 
· Viajar pero decepcionarme de las aventuras ordinarias. 
· Aprender pero jamás darle una aplicación útil a dicho conocimiento. 
· Asociarme con hombres y mujeres de personalidades inesperadas a las que después de un tiempo, ni siquiera podré o tendré ganas de hablarles y mucho menos considerar la opción de mirarles a los ojos. Podría hacer referencia a infinidad de deseos, pero hasta este punto no sé si he dado una respuesta digna a tu pregunta o si ya me encuentro demasiado expuesta, por eso: - 

Si contestas este correo en: 
a) 1 día: te intriga mi respuesta –para bien o para mal- y requieres un recuento de los daños. 
b) 2 días: Son tan poco elocuentes mis palabras que un día no es suficiente para indicarme –formalmente- por supuesto, lo incongruente que resultan. 
c) 3 o más días: Empiezas a creer que la impresión que empezabas a formar de mi, definitivamente no concuerda y dejas que pasen los días de forma desapercibida hasta que mucho tiempo después recuerdas que no contestaste este correo y te preguntas porque no lo has hecho… lo relees y entonces entiendes que no valía la pena responderlo, ni antes, ni en ese momento, ni después. 

Comentarios: laura.esle@ hotmail.com

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