miércoles, diciembre 12, 2012

Los obsequios de campaña distorsionan el voto

Por: Abogado José Guadalupe Márquez Álvarez y Mtro. Pablo Barragán

Estimado lector: Usted fue testigo de cómo todos los partidos políticos y sus candidatos a los diferentes puestos de elección popular incidieron en distorsionar el voto de la mayoría de los electores con la intención de obtener el triunfo electoral el pasado 2 de julio. 
En teoría y de acuerdo con la ley, los partidos y sus candidatos deben promover sus plataformas políticoelectorales, promocionar las políticas públicas que aplicarían en caso de ser beneficiados con el voto popular, para solucionar (o al menos tratar de solucionar) aquellos problemas que aquejan de manera especial a la colectividad. 
En nuestro país, la ley otorga a todos los partidos y sus candidatos financiamiento público que, como se mencionó en el párrafo anterior, es para promocionar sus plataformas políticoelectorales, así como los gastos para recorrer todas las comunidades que pertenecen a un municipio, a un distrito, a un estado o a todo el país. 
Pero, en estricto sentido, este dinero no debería utilizarse en la compra de artículos promocionales de todo tipo, que de manera dispendiosa inundan y saturan aquellos lugares en que se realizan sus mítines, reuniones, visitas, etcétera, ya que con estos obsequios o regalos, que por cierto, la mayoría son de mala calidad, inducen a sus electores a sufragar por ellos y sus candidatos. 
Se entiende que los electores debemos votar por aquellos partidos y candidatos que más nos convenzan con sus plataformas político-electorales, propuestas y programas de gobierno y no por aquellos que más obsequios o más regalos le den a la ciudadanía. 
Cuando un ciudadano espera que su partido y sus candidatos le obsequien todo tipo de artículos promocionales para sufragar por ellos, claramente se advierte que este ciudadano-elector no está consciente de la plataforma político - electoral, ni de su partido ni de sus candidatos y es muy probable que tampoco le interesen sus políticas públicas, sino que sólo está ala espera de recibir el mayor número de obsequios para a sí votar por ese partido y sus candidatos. 
Por esa razón afirmamos que los obsequios de campaña distorsionan el voto, ya que éste no se ejerce de manera libre, independiente e informada, sino que es objeto de inducción por los artículos promocionales y cuando así sucede, esto anula la capacidad de discernir del votante entre las diferentes y variadas ofertas políticas que se encuentran en competencia. 
Desafortunadamente esta práctica es característica de todos los procesos electorales en nuestro país.

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