sábado, febrero 16, 2013

La Rosa del Desierto

Rosa del desierto Crónica de un retorno. 
Libro de recuerdos del antier y ayer de Mexicali; décadas cuarentas y cincuentas. 

ENRIQUE ESTRADA BARRERA * MEXICALI.- Describir un relato sobre el Mexicali que no vivimos, pero que conocemos por lecturas, por entrevistas, por datos y por libros, es escribir algo normal, pero lo hermoso de esos tiempos del antier y ayer que no conocimos, es vivo, cuando alguien que lo vivió te lo presenta. Te trae los recuerdos del antier y ayer que el vivió y tiempos que disfrutó su niñez y adolescencia; te presenta esos tiempos y te trae los lugares, las calles, los edifi cios y lo verdaderamente lógico: el retornar al recuerdo. 
La Sociedad de Historia de Mexicali, A. C., presentó el 18 de noviembre en el Teatro de la Casa de la Cultura, el libro “Rosa del desierto, Crónica de un retorno”, que contiene los hechos descritos. Es un hermoso libro, que describe el Dr. David Piñera Ramírez “Magistralmente, evoca y describe escenarios pretéritos y actuales, con un lenguaje preciso, a la vez que sugerente, propio de quien durante años ha venido manejando la palabra, lo que le ha dado un alto dominio de ella”. El evento, fue presentado con mucha presencia y amplio conocimiento de la literatura, por el locutor Alfredo Cortez, quien aprovechó para declamar una poesía “Preludio”, con el que inicia el libro y al concluir otra poesía “La paradoja del Adiós”. 
La presentación de “Rosa del desierto, Crónica de un retorno”, estuvo a cargo de Enrique Estrada Barrera, Presidente Vitalicio de la Sociedad de Historia de Mexicali, quien afi rmó que “Para mí es un libro excelente, con la excelencia y la prestancia de quien habla de nuestra tierra Mexicali, y que la describe paso a paso en la década de los cuarentas y cincuentas y que ahora quien vivió esas aventuras de niño y de joven la observa como una Crónica de un retorno, obra genial del sacerdote Arturo de la Torre”. 
El libro trae una presentación en la primera de forros llamado “Canción del Regreso”, escrito por Estela Alicia López Lomas (Esalí) y otra en la segunda de forros ‘Un viaje de añoranzas y quimeras que sabe a libertad…” de la Lic. Erika Estrada Olivas. 

“La Rumorosa, puerta y salida al Valle de Mexicali… El Dr. David Piñera Ramírez, miembro de Número de la Academia de Historia Correspondiente de Madrid, hizo la presentación del libro, destacando precisamente que la acuciosidad con que Arturo de la Torre inicia el texto desde lo alto de la Rumorosa, es visto como “La puerta más majestuosa del mundo” y describe este éxtasis en la presentación de un mundo con paisajes de otro planeta agregando “pienso que cualquier expresión sería inadecuada ante el espectáculo pétreo más grande del mundo”. 
Piñera Ramírez, expresa: “Visto desde lo alto por Arturo, todo es colosal, las dimensiones, los volúmenes; el reguero de pedrería grandiosa, de gemas basálticas, pelotas lúdicas para divertir gigantes. Castillos labrados; dudo que exista otra puerta igual: cordillera monumental, escenario de millones de rocas hermosamente sobrepuestas”. 
“El autor, en su edad madura -dice Piñera Ramírez-, regresa imaginariamente a Mexicali, en donde transcurrieran su niñez y adolescencia. Deambula así por la ciudad de los años cuarenta y cincuenta del siglo XX, reconstruyendo con ánimo gozoso sitios emblemáticos, la calle Melgar, la avenida Lerdo, la escuela Cuauhtémoc, el Palacio de Gobierno, La Chinesca, Pueblo Nuevo, entre otros” y añade “Pone también de manifi esto una sólida información histórica, al reconstruir pasajes clave del pasado de la ciudad mediante el afortunado recurso de entablar conversaciones con imaginarios personajes, de acuerdo con el avance del relato, el que adquiere así la vivacidad de la narrativa literaria”. 
Ante gran asistencia, Riñera agrega: “Como puerta y salida al Valle de Mexicali, hace referencia a la Rumorosa, que considera el espectáculo pétreo más grande del mundo. Sus dimensiones colosales lo deleitan, y la exalta desde la perspectiva de la pintura, la música, la arquitectura, la poesía, la escultura y manifestaciones artísticas. Muestra ello, sin alardes, una amplísima cultura, que abarca desde los clásicos hasta las últimas corrientes de nuestros días”. 
Finalmente el reconocido literato bajacaliforniano, sintetiza: “También a la entrada y salida del libro hay dos bellos poemas del autor, en torno a la ciudad, a la rosa que surgió en el desierto, que evocan la clásica melodía de Jack B. Tenney y Helen Stone. Así, la lectura de este libro de Arturo de la Torre nos deja la convicción de que estamos en presencia de uno de los acercamientos más amorosos y fi nos a Mexicali”. 

“Vivió en Santa Clarita, en bordos del río Nuevo …. 
Hizo alusión Enrique Estrada Barrera, que Arturo vivió la ascendencia de sus anteriores en los Altos de Jalisco, pues sus abuelos emigraron de esa zona a León, Guanajuato en 1928 y ante las perspectivas que tenían emigraron a San Pedro Tlaquepaque, donde se casan los padres de Arturo, recordando “…Yo llegue en 1942, muy niño a Mexicali. Llegamos aquí, porque otros familiares se habían venido antes y estaban en mejores condiciones que nosotros”, suspira y del tiempo le nace la historia: “llegando nos fuimos a vivir a Santa Clarita, un solar sin nada, lejos de todo y con el único lindero que era el de la Línea Internacional”. 
De ahí despliega los conocimientos; la niñez le dibuja diferentes escuelas, diferentes formas de vivir y obligadamente el trabajo como esencia fundamental para asistir a sus padres. De Santa Clarita se cambian a los bordes del Río, donde recuerda Arturo: “Ahí encontré otra forma de ver las cosas; vivía en el centro de Mexicali, con las calles Melgar, la avenida Lerdo, la Zuazua y conocí poco a poco todos los edifi cios de la zona, las tiendas, los dueños de ellas. Es más trabaje en una tienda llevando a bordo de una bicicleta las mercancías que pedían los clientes por teléfono”. 
Disfruta la plática con el rememoramiento de los años de antier y de ayer. Lo dice, como dueño único de las vivencias propias. Recuerda a sus compañeros de ese antier en la escuela Cuauhtémoc, donde entre sus muchos amigos, tuvo de compañera a la que años después sería la Reina del 50 Aniversario de Mexicali Cristina Durazo, con quien disfruta en la imaginación: “La encontré y ella me dijo, yo soy de una era de más acá. Intervine en las fi estas del cincuentenario en 1952” -le dice, mientras el contesta- “de todos modos, sea lo que fuere, ¡que fi estas! Aunque los historiadores no le dan tal importancia; se la dan más a las bodas de diamante, cuando precisaron más la fecha de la fundación”. 
En “Rosa del desierto’, recuerda en el actual tiempo, las fi estas del cincuentenario: “Era la primera vez que se hacía algo de enormes proporciones en todos los sentidos: POPULAR: bailes, verbenas, desfiles de contingentes y de carros con alegorías acerca del acontecimiento. SOCIAL: coronación de la reina de las fiestas y su corte. CULTURAL; juegos florales con participación local y regional, invitación de personajes de la cultura, danza y teatro. RELIGIOSO: principalmente, el traslado de la imagen original de Nuestra Señora de Loreto, tan llena de historia, que los primeros misioneros trajeron a la península y que desfiló por las calles y tuvo su celebración apoteótica”. 
Arturo de la Torre, platica extensamente sus vivencias de niño y de joven, pero expresa algo que es un verdadero orgullo, pero del cual no hace mucha injerencia: ”Soy sacerdote nada más” y luego de sonreír expresa: “Bueno, ya me jubile porque hace dos años llegue a los 75 años de edad y en el sacerdocio es tiempo de jubilación, pero mientras tanto doy servicios y apoyo a la Arquidiócesis de Tijuana, de la cual dependo”. 
Vuelve al tiempo y aunque sonríe, reconoce que al terminar los cincuentas en Mexicali, se fue a estudiar en el Seminario en Tijuana, donde se recibió de sacerdote, enviándolo por su calidad y conocimiento a Roma, Italia, estudiando en la Universidad Gregoriana, donde en cuatro años se recibió de licenciado y alcanzó el Doctorado en Teología Dogmática . Regresa a Tijuana y durante 50 años es maestro y director en el Seminario de Tijuana. 

“Son recuerdos que traje de otros tiempos…. 
Un tanto serio, el sacerdote Aturo de la Torre dijo “Únicamente trate de refl ejar algo de lo que viví en mi niñez en Mexicali; algo de lo que viví en mi juventud y lo presento, como un testimonio. Relato las calles del centro de Mexicali, cuando yo vivía en los bordes del Río y aprovecho para ubicar los lugares que eran tradicionales, que había edifi cios muy bonitos, muchas personas muy trabajadores y…!eran otros tiempos!, los tiempos de ayer”. 
Ante un público que asistió contento a este evento presentado en el Teatro de la Escuela Cuauhtémoc, Arturo no se olvida en recordar lo grande y bella de esa escuela, invitando a todos a observarla desde lejos y luego de cerca para abrevar en ella, la historia de Mexicali. 
-Esta escuela Cuauhtémoc, fue la forjadora de cientos de hombres y mujeres que luego fueron profesionistas. Sus actividades deportivas en los recreos, como en las competencias interescuelas, que nos emocionaban hasta la locura; sus fi estas durante el año y la clausura: mi graduación tan singular. Estaba prevista la ceremonia de gala y nuestro baile formal con el magnífi co vals austríaco La Rosa del sur, que ensayamos mil veces, y todo se vino abajo, se canceló por no se que problemas, y nos entregaron los certifi cados, hermosamente enrollados eso sí, en la intimidad sobria de nuestro salón”. 
Arturo de la Torre es muy preciso al hablar, aunque calladamente maneja sus recuerdos e invita a todos a convivir con las vivencias que el tuvo. Pone en la presencia los nombres de muchas personas importantes en el desarrollo de Mexicali. Recuerda a Esteban Cantú el llamado Rey Sol, como lo hace también a Abelardo L. Rodríguez; recuerda a don Mario Hernández y su edifi cio de La Estrella Azul; a Rodolfo Sánchez Taboada, a Alfonso García González. Recuerda a Memo Valero y a Manuel Ortiz, peleando en 1948 en la Arena Zaragoza. 
Recuerda y lo dice: “El orgullo y el precio de ser ‘Cachanilla’. Ese orgullo se paga muy caro, soportando un calor siempre extrañado, nunca comprendido y siempre soportado. Siempre extrañado por los que habitamos alguna vez este valle; nunca comprendido por los que no son ni han vivido aquí” – agrega dirigiéndose a todos- “Este es un pueblo que buscó el sol, que lo atrapó y que vive casi adicto al calor”. 
Arturo hace un fi nal feliz, amoroso, poético, ante la expectación de todos los asistentes al evento: “El soberano del desierto, candente y solitario en el día, refractado, escondido y acurrucado en las noches. En esos días, cruce el verano a ‘pelo’, como cuando arribamos a esta tierra, mitigando el calor solo con la bondadosa generosidad de las sombras y por las noches durmiendo al aperto, fuera del cubículo. El cielo del desierto repele cualquier nube que pudiera mitigar los rigores de los rayos del rey de los astros, cuyo calor, aun por las noches, guardado en las habitaciones, no se soporta”. 

*Premio México Periodismo Cronista y Forjador de Baja California.

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