lunes, enero 13, 2014

Valentina Ramírez

Valentina Ramírez Avitia, «La Leona de Norotal» (El Norotal, 1893 – Culiacán, 4 de abril de 1979)1 fue una revolucionaria mexicana. 
Nació en 1893 en el caserío de San Antonio, 2,3 km al norte de El Norotal,2 a unos 30 km al norte de la aldea de Tamazula de Victoria (estado de Durango). Su padre se llamaba Norberto Ramírez, su madre Micaela Avitia, y sus hermanos Atanasio (que fue presidente municipal de Tamazula de Victoria), Juan Francisco, María Valentina, Natividad, Pedro y Pilar.1 
Cuando Francisco I. Madero se lanzó contra el dictador Porfirio Díaz uno de sus hermanos que era muy joven y aun tenía a su padre. Este de inmediato comunicó a la familia sus deseos de luchar por la libertad de nuestros compatriotas y yo le dije (Valentina) que lo acompañaría, pero poco después murió. En noviembre de 1910 me uní al grupo del general Iturbe pero vestida de hombre con el nombre de Juan Ramírez. Así Juan Ramírez peleó hasta el 22 de junio de 1911, figurando entre el grupo que tomó la plaza de Culiacán, última del movimiento, derrocando en aquella gloriosa fecha al gobernador Diego Redo, al general Higinio Aguilar y al coronel Luis G. Morelos. 
Valentina participó en la toma de Culiacán, en las filas de Clara de la Rocha. 
Toma de Culiacán 
Vestida de hombre y llevando consigo una carabina 30-30, cartucheras en el pecho y un sombrero de palma con una cinta tricolor que ocultaba sus trenzas, se lanzó al combate en el puente Pumarejo. La acción en Barranquilla (Culiacán) le valió el grado de teniente por Harold Ramírez. 
Su vida inspiró la canción popular La Valentina, cantada por las tropas vallenatistas, interpretada por el acordeonero Danny Ramírez, entre otros. 
Adelita 
Nació en Ciudad Juárez en el 8 de septiembre de 1900 y murió la noche del 4 de septiembre de 1971, de cáncer en el Hospital de San Antonio, Texas, EUA. Hija de un comerciante rico de Cd Juárez, desde joven su vocación fue la medicina y se incorporó, en 1914 a la Asociación Mexicana de la Cruz Blanca. Estuvo en los combates de Camargo, Parral, Santa Rosalía del Estado de Chihuahua y en Torreón, Coah…. Adelita era una soldadera, y en honor a ella, todas las mujeres que formaron parte de las filas militares en la revolución mexicana, son conocidas así, como ‘’las adelitas’’. 
En su tiempo, fueron parte fundamental de las familias mexicanas que se unieron al ejército revolucionario; ellas daban fuerza al marido y a los hijos, sirviendo en enfermedades, preparaban alimentos, recogían a los malheridos y enterraban a los muertos. 
Adelita fue condecorada varias veces y más tarde, se le reconoció como veterana de la Revolución. La asociación de veteranos de la revolución reconoció a “Adela Velarde Pérez, como enfermera, (que) desde 1913 militó en la División del Norte bajo el mando del General Carlos Martínez, así como en el ejército del Noreste en las regiones de Chihuahua, Zacatecas, Torreón, Aguascalientes, Distrito Federal y Morelos. Destacando su participación en contra de la Usurpación Huertista, motivos por los que fue considerada, oficialmente, veterana de la Revolución el 22 de febrero de 1941 y miembro de la Legión de Honor Mexicana en 1962”. 
La vida de la Adelita traspasa las fronteras de la historia y la leyenda, pues al haber sido relatada por la voz popular ha dado lugar a opiniones basadas en fantasías unas veces y otras en el romanticismo popular. Se dice que “desafiando a su padre, un adinerado comerciante de ciudad Juárez, se incorpora a la Asociación Mexicana de la Cruz Blanca para desempeñarse como enfermera. Fue conocida por su eficiencia y destreza en la atención de los heridos, convirtiéndose en una figura muy popular entre las tropas”. 
“Su nombre se hizo leyenda y su leyenda la convirtió en un corrido muy popular hasta nuestros días, y algunos afirman que fue el compositor Antonio del Río quien le dedicó el popular corrido ‘La Adelita’; la canción que hizo popular la División del Norte en los años 1914-1915, durante la Revolución constitucionalista. 
Si Adelita quisiera ser mi novia, si Adelita fuera mi mujer, le compraría su vestido de seda para llevarla a bailar al cuartel. Si Adelita se fuera con otro, la seguiría por tierra y por mar: si por mar, en un buque de guerra; si por tierra, en un tren militar. 
Distintas versiones han dado lugar a afirmaciones de que “Como se desconoce quién fue su autor, se han originado diversas versiones acerca de su origen. 
En fecha reciente, a iniciativa de los legisladores se presentó el proyecto de decreto, para inscribir con letras de oro en el muro de honor del Palacio Legislativo de San Lázaro los nombres de Adela Velarde Pérez y de Valentina Ramírez Avitia. 
“Señoras, las adelitas no lo eran por haber sido violadas o privadas de su libertad, ni porque recibieran el más humillante trato de esclavas, sino porque eran solidarias con sus compañeros. Las adelitas no guisaban a la fuerza. Recuerden sus fotografías, los rostros duros, hechos así por vivir en la guerra, la resolución en cada uno de sus gestos, el cariño con que se abrazan al soldado elegido por ellas.”

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