domingo, febrero 09, 2014

El otro México, el olvidado

Francisco Javier Contreras H.

Hay otro México, el olvidado. Hay un México del que no nos hemos querido acordar. El México en que vivimos fue conquistado por España; el otro, aparte de ser conquistado por españoles, lo fue también por los gringos. 
Hay un México del que casi nunca reparamos y se nos olvida que la mitad de nuestro territorio nacional se lo llevaron los gringos a la gacha, y en ese territorio vivían muchos mexicanos que de la noche a la mañana dejaron de ser nuestros connacionales y pasaron a ser güeros siendo prietos. 
Sí, ellos son unos mexicanos como nosotros, que se ven a sí mismo como MEXICANOS, tan mexicanos o más que nosotros, pero con la desventaja que el suelo que pisan no pueden llamarle su patria, porque aquella nación es gringolandia y ellos no se pueden ver como güeros. Son MEXICANOS (así en superlativo, con mayúsculas) no sólo lejos de su tierra, no sólo desterrados, sino que están donde deben estar, pero su patria no está ahí para cobijarlos. 
A ellos no los corrieron de su tierra, los dejaron sin nada en que estar parados. Esto es difícil de entender para cualquiera de nosotros, porque nosotros al caminar lo hacemos sobre suelo firme. La única manera de entenderlos sería que un día de repente, no tuviéramos suelo en donde pisar. Eso nos crearía una enorme inseguridad, una enorme indefinición. Quizá los únicos de nosotros que puedan entender a los mexicanos que se quedaron viviendo en el otro lado de la frontera, cuando se llevaron el territorio los gringos, serían las personas que aquí llamamos hijos naturales: SON LOS ÚNICOS QUE SABEN LO QUE SE SIENTE, VIVIR SIENDO SIN SERLO. (Algo así como que eres hijo de Juan Pérez, pero no puedes decirlo a nadie ni admitirlo si alguien lo comenta; no puedes negar tu filiación, pero tampoco puedes reclamarla: eres y no eres al mismo tiempo) 
Y luego resulta, que allá en aquellos terrenos, hay una enorme cantidad de MEXICANOS, que ya son de cuarta generación. Esto es, nacieron allá, de padres nacidos allá, que a su vez fueron hijos de gente nacida allá; que nunca han conocido el país de México, pero se presentan así mismos como MEXICANOS, se sienten muy orgullosos de serlo y sueñan con este país como algo mítico, soñado, lejano; algo así como la tierra prometida. Todos ellos son bilingües, su primera lengua es el inglés; pues la utilizan para trabajar, estudiar y relacionarse; pero en el interior de su casa, en las relaciones interfamiliares, se hablan con la calidez del idioma de su abuelita, el español. 
Aunque se sienten MUUUY MEXICANOS, muchas veces se consideran como mexicanos de segunda; no sólo allá, donde con frecuencia viven en áreas bien demarcadas, bien específicas de ellos, (En algunos pueblos de Texas, hay un templo católico para güeros y otros templo católico para mexicanos, en uno todo es en idioma gringo y en otro todo es en español); sino que aparte, cuando platican con un mexicano nacido en México, notan la diferencia en la forma de hablar, lo diferentes que son los modismos de cada uno, que se les figura que su español no es correcto, y entonces resulta que se sienten en desventaja y no están cómodos ni con el mundo gringo, ni con mundo del México actual. 
Y decíamos, que se sienten MUUUY MEXICANOS, tal vez más que nosotros, porque nadie aprecia más algo, que aquel que lo ha perdido. Pero déjeme decirle, como comentario enriquecedor al respecto, que la bandera mexicana más grande que usted puede ver pintada en un muro, no está en nuestro país, no señor, está en el Parque México de la ciudad de los Ángeles, California. Pero también el segundo signo mexicano por excelencia, después de la bandera, la imagen de la Virgen de Guadalupe, una imagen pintada en todo un lado de una casa de una altura de dos pisos, esa la puede encontrar, (ojo, no en México) también en el área de Los Ángeles, en el pueblo de Comptom. Y si usted se cree muy católico o muy rezandero, le diré que la cruz más grande del hemisferio occidental, tampoco está en la católica Latinoamérica, sino en el pueblo de Groom, Texas, muy cerca de la ciudad de Amarillo. Y así por el estilo sucede con diferentes signos de la mexicanidad: escudo nacional, calendario azteca, diferentes dibujos de alegorías aztecas; como pirámides, águilas, etc. Convendría que nos fuéramos informando un poco más sobre ese otro México, que está más allá de lo que alcanzamos a ver, cuando nos paramos sobre un papel. 
Convendría que supiéramos que hay muchos pueblos gringos que tienen mayoría de habitantes hispano parlantes. Debemos saber que hay más mexicanos viviendo en el área de los Ángeles, que en la segunda ciudad más grande de México: Guadalajara. Convendría que conociéramos más a esos nuestros hermanos, antes de que ellos tengan oportunidad de reclamarnos nuestro olvido e indiferencia. Convendría que abriéramos un poco más los ojos, a ver si alcanzamos a ver, un poco más de lo que estamos acostumbrados a ver.

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