domingo, abril 06, 2014

“Quise volar y perdí el vuelo”, excelente conferencia de Hanns Myhulots

- Un misionero me dijo “Jesús te ama”.. Ahora está conmigo

Decirles con un pequeño escrito, no podría explicar la conferencia que ofreció UNID Tepatitlàn por medio del misionero laico Hanns Myhulost, una platica tan amena como desgarradora, “Quise volar y perdí el vuelo” que habla sobre los problemas de los jóvenes. 
Myhulots , hijo de un millonario francés que tuvo todo menos afecto y cariño, lo que provocó que se refugiara en compañías de otros jóvenes, solo con malos hábitos y que lo llevó a la edad de 9 años a la drogadicción y que le ocasionó el querer suicidarse en once ocasiones, pero Jesús lo tenia programado para otras actividades como las que ahora desempeña y que es la de salvar a niños de la calle, prostitutas, niños con sida en los paises de Guatemala, Costa Rica, San Salvador, Honduras y Nicaragua. 
Empezó fumando marihuana y al principio todo era regalado, después vino la cocaína, la heroína lo que le ocasionaba gastos hasta de dos mil dólares diarios, en su desesperación y en uno de esos oscuros días en que quiso quitarse la vida, se aventó de un edificio, quedó vivo, pero prácticamente sin caderas y con las piernas destrozadas, hoy este hombre, es un ejemplo y con su palabra trata de salvar a todos aquellos que sin querer quieren volar. 
Hanns Myhulots, misionero francés que ayuda a niños de la calle con SIDA y otras enfermedades, compartió su testimonio de cómo las drogas pueden dañar por completo tu vida y cómo Jesús lo rescató del fango donde se encontraba. Impactante testimonio que conmueve a todo aquelque lo escucha. . 
Añadió que uno es drogadicto toda la vida, desde que uno empieza a consumir hasta que se muere. Es una gran mentira que existan ex drogadictos. Yo soy drogadicto compulsivo en abstinencia, ahora, llevo casi 20 años sin consumir. 
El problema no son las drogas; las drogas son la consecuencia de muchos problemas que los jóvenes no han podido resolver, como valores sociales, morales y espirituales. Más del 90% de los chicos tienen celulares; pero, no pueden hablar con sus padres, y llenan su falta de amor paternal con otras cosas, como las drogas y el sexo. 
Es lo que me pasó a mí: en la escuela, encontré un grupo de amigos, eran los peor vestidos y los más abusivos; pero estaban conmigo, no me importaba si hacían cosas malas, yo quería ser como ellos. Me sentía bien con ellos, era parte del grupo, era como su mascota, de hecho, me pusieron un collar de perro; pero, no importaba, estaba con ellos, a los 9 años, comencé consumiendo dos gramos de cocaína, a la semana, ya sabes, si quieres ser parte del grupo, hay que seguirlo, y ellos usaban cocaína. A los 18 años, llegué a consumir 20 gramos de cocaína por día. Yo jamás busqué las drogas, busqué la alegría, el cariño, la sensación de pertenencia a un grupo. Nadie, en este mundo, dice: ‘Dame droga, quiero probar’, todos buscamos llenar vacíos de amor. 
También soy adicto a la heroína, me inyectaba heroína en medio de los dedos de los pies, y me fascinaba no sentirlos. Ahora me gustaría sentir mis pies, no los siento porque me lancé de un edificio. Intenté suicidarme 11 veces drogado. Creí que Dios me dio alas para volar. Mis piernas y caderas quedaron destrozadas; reconstruyeron mi cadera y columna con pines; mi cara con cirugía plástica; camino con problemas y no siento mis pies, todo por drogas. 
Mis padres viven en las orillas de París , en una bella casa, y me daban muchas cosas. Comencé robando todo lo que había en mi cuarto: vendí pantalones, zapatos, televisores, bueno, todo lo que estaba en mi cuarto, siempre culpaba a la empleada. 
Llegué a gastar dos mil dólares diarios en drogas pero, durante más de tres años viví en las calles: estuve 30 veces preso, viví en el metro de la ciudad donde los policías nos pegaban, todo por un poco de droga. 
Quiero decirle a los jóvenes: oye, vas a destruir tu vida por un momento de diversión; hay otra opción: puedes ganar un Premio Nobel, ser la primera Miss Universo, viajar a Marte, hay mucho más. Yo, jamás pensé que iba a ser un indigente que, literalmente, iba a comer estiércol en la calle. 
De haber vivido así yo tengo un 98% de culpa: yo usé y vendí drogas, nadie me puso una pistola; pero, un 2% de la culpa es de mis padres, por eso, a los padres les digo: nada vale más que sus hijos. Mis padres me enviaron a los mejores colegios. Alcancé ‘el honor’ de ser expulsado de los cinco mejores colegios de Europa. Ahora, entiendo que querían darme la mejor educación, y las mejoras cosas porque me amaban, el problema es que no me lo dijeron: me dieron amor con cosas materiales que no llenaron mi necesidad de cariño, y nunca tenían tiempo para hablar, siempre, estaban ocupados. 
Un buen padre tiene tiempo para escuchar a sus hijos. En las charlas, les pregunto: ‘Esta mañana, ¿cuántos fueron al cuarto de sus hijos a darles un beso, y decirles los amo?’ Muy pocos alzan las manos, cuando yo hago ese pregunta. Bueno, esa es la primera tarea de un padre, cuando inicia el día; y si sus hijos no viven con ustedes, hay teléfonos. No importa si son niños o adultos, no hay excusa; pero ya se hizo costumbre decir “te amo” con un celular; “te amo” con ropa nueva o un viaje, y se compra algo que se debe sembrar y cultivar en los hijos: el amor. 
Un misionero, Giusseppe Laurentti, visitaba hospitales para hablar con adictos, y me encontró, ahí, sin piernas. Él me dijo: “Jesús te ama”... Eso impactó mi vida. Consumí drogas, viví en la calle e intenté suicidarme 11 veces; me lancé de un edificio, pasé dos meses en coma, y no estoy muerto, ni en el infierno; estoy aquí, soy misionero católico y padre. Todos los días, lucho contra las drogas; pero, ahora, no peleo solo, Dios está conmigo.

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