sábado, octubre 11, 2014

El Cristo Negro: Una emocionante historia de intrigas y naufragios

Por Yndiana Montes 
Edición: Alejandra Aruj 

Una de las atracciones turísticas más importantes de San Francisco de Campeche es el Cristo Negro. Y no es necesario estar haciendo estrictamente turismo religioso para disfrutar de las diferentes historias de cómo llegó hasta esta ciudad el Cristo Negro, porque cada cual cuenta la historia a su manera. 
Pero lo cierto es que a los ojos de quien lo mira, el Cristo Negro es de verdad una obra de arte. Llama la atención que es muy esbelto, y que sus partes están cubiertas por un fino material que llega hasta sus rodillas. 
Será cierto que el barco que lo traía casi naufraga y EL en persona tomo el timón y salvó a la tripulación? Y que el barco que no quiso llevarlo a Campeche, aún siendo más grande, naufragó? 
 Viva la intriga.., empecemos por el principio: 

El 4 de octubre de 1540, Francisco de Montejo, conocido como “El Mozo’’, llegó al poblado maya e Can-Pech al mando de una expedición conquistadora de la cual formaban parte un numeroso grupo de indios aztecas llamados Naborios. 
Al ser fundada la villa de San Francisco de Campeche, los naboríos fueron ubicados por orden de “El Mozo” al occidente de la villa. Allí se establecieron y construyeron sus casas dedicándose la mayoría al cultivo de la tierra, y otros a la pesca, y los menos a la carpintería. 
El historiador Diego Lopez Cogolludo en sus escritos, Historia de Yucatan, t. l, narra que el Cristo Negro, Señor de San Román llega a Campeche el día 14 de septiembre de 1565 en medio de extraordinarios acontecimientos, grandes milagros, atribuídos al mismo Cristo desde el momento de su embarco en el Puerto de Alvarado. 
Se dice que una vez que don Juan Cano de Coca Gaitán hubo adquirido la imponente imagen del Crucificado a buen precio, y vuelto de Alvarado al puerto de Veracruz con su precioso encargo, su principal preocupación consistió en fletar una embarcación que lo condujese hasta Campeche. 
Con ese propósito se dió a la tarea de visitar las casas de contratación, encontrándose con que la mayoría de las embarcaciones salían rumbo a España y a puertos de las Antillas. A pesar de eso no se desanimó, se aventuró por los muelles de la aldea jarocha indagando acerca de los próximos movimientos de los barcos. Y de ese modo dió con dos veleros que al caer la tarde, del día 13 de septiembre, zarparían con rumbo a Campeche. 
El primero era un barco cuyo capitán, un inglés protestante, al enterarse de la calidad del cargamento, a última hora se negó a aceptar a Juan Cano come pasajero en su navío, aún habiendo cupo para transportarlo con el Cristo. 
El segundo barco estaba al mando de un amable capitán de origen catalán, que al enterarse de que éste viajaba con una carga considerable, de la que forma parte la imagen de Jesús, no sólo accedió sino que dijo reverente: ´Pardiez! Me poneís en un aprieto, porque en mi vieja barca ya no cabe ni un alfiler. Mas no se dirá que un catalán falta a su palabra; y por cuanto no se trata únicamente de llevaros a vos, sino también a Nuestro Señor Jesucristo, no seré yo quien niegue albergue al hijo de Dios-. Y bajando de la nave parte de la carga que llevaba, el capitán personalmente designó un espacio para la mercancía de Don Juan colocando en sitio preferente, y a buen recaudo, el fardo que contenía el crucifijo del Cristo Negro. 
Aquí es donde la cosa se pone buena: la embarcación del inglés que se negó a transportar a Juan Cano salió del puerto al atardecer, y aquella que transportaba al comerciante con el Cristo Negro, por los arreglos antes mencionados, zarpó sólo hasta después del crepúsculo. 
Cuentan que unas horas después de que el navío del catalán abandonó Veracruz se desató una tormenta tan fuerte que el barco casi se fue a pique, y que milagrosamente una mano tomo el timón y lo condujo al Puerto de San Francisco de Campeche. Era un 14 de setiembre de 1565. Los marineros estaban desmayados, y hasta el capitán y su reducido grupo de ayudantes habían sucumbido al sueño…, para despertar sanos y salvos, y vitoreados por una multitud! 
Intrigado, el capitán catalán preguntó que cómo sabían que venían navegando, y ellos respondieron que por las luces de la embarcación, lo que sorprendió aún mas al capital catalán, siendo que las luces se habían roto con la fuerza de las olas. 
El barco del ingles no llegó nunca…, se hundió en la mar, con todo que era más grande y mejor construído. El capitán catalán quedó aún más impresionado cuando sacó de la bodega al Cristo Negro, a pesar de que la bodega estaba seca, chorreaba agua y estaba completamente empapado. 
El culto rendido y la fiesta tradicional en honor al Cristo Negro ha venido rebasando fronteras hasta el grado de constituirse no solamente como el patrono del barrio de San Román o de los pescadores, sino que es el patrono y la imagen sagrada más importante venerada en toda la geografía estatal: incluso ha relegado a segundo término a la Inmaculada Concepción de María, patrona de la Diócesis y que se venera en la Catedral; y a un tercer nivel al patrono del barrio de San Francisco, que le dió nombre a toda la villa de Campeche; pues esta se denomina Ciudad y Puerto de San Francisco de Campeche.

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