domingo, noviembre 02, 2014

Historia de la salvación, éxodo

Los hebreos se multiplican en Egipto/ Moisés salvado de las aguas.
Ya habían vivido los hijos de Jacob- Israel en Egipto cuatrocientos años, y se habían multiplicado mucho, de forma que eran un pueblo muy grande, pero eran esclavos de los egipcios. Entonces el faraón tuvo miedo de tantos que eran y mandó que todo varón recién nacido del pueblo de Jacob-Israel, fuera muerto para que ya no se multiplicaran. Una mujer del pueblo de Dios, trató de que su hijo viviera y lo puso en una canasta que puso en el río Nilo para que lo encontrara la hija del faraón que río abajo se estaba bañando. La hija del faraón lo encontró y lo crió como egipcio en la corte del faraón, y le puso por nombre 
Moisés, que significa, “sacado de las aguas”. Ex 1 Moisés, ya adulto, un día vio que un egipcio maltrataba a un descendiente de Jacob y lo defendió y tuvo que salir huyendo pues temió que el faraón lo quisiera castigar. Ex 2 

La Zarza Ardiendo 
Moisés huyó al desierto, donde vivió durante un tiempo. Un día que buscaba a una oveja que se le había perdido, se le apareció Dios en forma de un fuego que ardía en una zarza, pero no la quemaba. Dios le habló y le dijo que fuera a liberar a su pueblo de manos de los egipcios, y que luego volviera, Moisés junto con su pueblo, a ese monte a servirlo. Le dijo que el faraón no los iba a querer dejar salir, pero que Él actuaría de manera extraordinaria para forzar al faraón a dejarlos salir. Moisés le preguntó a Dios que cuál era su nombre, para así decírselo a su pueblo y Dios le respondió. YO SOY EL QUE SOY, y así me nombrarán siempre: YO SOY. Ex 3,13-15 
Moisés dijo que no le iban a creer que se le había aparecido Dios, y Dios le dijo: tira tu bastón; y el bastón se convirtió en una serpiente y Moisés le tenía miedo. Entonces Dios le dijo: agárrala por la cola. Y Moisés agarró la serpiente por la cola y se convirtió de nuevo en un palo. 
Luego Moisés le dijo a Dios que no iba a poder hablar al faraón porque él era tartamudo y el Señor le dijo: te va a ayudar tu hermano Aarón, así cuando quieras decir algo, tú se lo dices a tu hermano y él lo dirá por ti. Así fueron Moisés y Aarón ante el faraón y le dijeron que Dios quería que dejara salir a su pueblo al desierto a orar, pero el faraón lo les creyó y ordenó que les pusieran más trabajo para que no estuvieran pensando en ir a orar al desierto. Ex 3 

Moisés ante Faraón 
Volvió a mandar Dios a Moisés y Aarón ante el faraón a decirle que dejara salir a su pueblo de Egipto, pero el faraón no les creyó, por lo que Aarón arrojó su bastón al suelo y éste se convirtió en serpiente. El faraón mandó llamar a sus magos y ellos también arrojaron sus bastones, que también se convirtieron en serpientes, pero la serpiente de Aarón se comió a las de los magos. Pero aun así, el faraón no aceptó dejarlos salir de Egipto. Ex 7 

Las Plagas 
Entonces Dios le dijo a Moisés que fuera temprano a Río Nilo, para que se encontrara con el faraón y que le dijera que si no dejaba ir a su pueblo, convertiría el agua del río en sangre, y como el faraón no le creyó, Moisés golpeó el río con su vara y toda el agua se convirtió en sangre y ya no servía para tomar. Pero el faraón no quiso obedecer a Dios. 
Entonces Dios mandó una plaga de ranas que llenaron todas las casas y caminos y estaban por todas partes. Entonces el faraón le dijo a Moisés que le pidiera a Dios que lo librara de las ranas y dejaría ir a su pueblo. Moisés oró al Señor, y Dios quitó las ranas; pero cuando ya no había ranas, el faraón dijo que siempre no los dejaba salir. 
Entonces Dios mandó una plaga de piojos que molestaron a toda la gente y los animales de Egipto, pero el faraón siguió necio en no dejar salir de Egipto al pueblo de Dios. 
Entonces Dios mandó una plaga de moscas abundantes y latosas que molestaban a todos los egipcios, pero en la tierra de Gosén, donde habitaban los hijos de Dios, ahí no había moscas. El faraón le dijo a Moisés que si oraba para que Dios quitase las moscas, él los dejaría ir. Moisés oró, y las moscas se fueron, pero cuando ya no había moscas, el faraón dijo que siempre no los dejaba salir. 
Entonces Dios mandó morir a todos los ganados de los egipcios, sin embargo no murió ninguno que perteneciera al pueblo de Dios; pero el faraón, aunque vio el milagro de Dios, aun así, no los dejó ir. Luego mandó Dios una plaga de úlceras en la piel de todos los egipcios, pero aun así el faraón siguió necio. 
Entonces mandó Dios una plaga de granizo que destrozó todos los cultivos y desgajó los árboles. Solamente en la tierra de Gosén, la parte de Egipto donde habitaba el pueblo de Dios, no cayó granizo. Pero el faraón siguió endurecido. 
Luego Dios mandó a Moisés a advertirle al faraón que vendría una plaga de langostas. El faraón dijo que estaba bien, que sí podían salir, pero sólo los hombres, sin mujeres y sin niños. Entonces, como no dejaban salir a su pueblo completo, Dios envió la plaga de langostas, que llenaron todo el país y se comieron lo poco que quedaba de vegetales y de árboles. Pero el faraón continuó necio a no dejarlos salir. 
Como el faraón continuaba obstinado a no dejarlos salir, Dios envió una plaga de tinieblas, que duró tres días, en las cuales nadie se podía mover porque no veían nada; pero en donde moraban los hebreos, si había luz. Después del tercer día, cuando ya hubo luz, mandó llamar el faraón a Moisés y le dijo que podían salir todos los humanos, pero debían dejar sus animales. Moisés no aceptó. Le dijo que tenían que salir todos y llevarse sus animales. El faraón se molestó y le dijo que se largue de su presencia, y que si regresaba otra vez a pedirle que dejara salir al pueblo de Dios, lo mataría. Moisés salió del palacio y Dios le dijo que iba a hacer algo para que el faraón los dejara salir y hasta les pidiera que se fueran. Ex 7-10 

La Pascua 
Dios entonces le dijo a Moisés que todos se prepararan para salir, y lo harían de este modo: Se juntarían a cenar por familias y para ello, sacrificarían un cordero y se lo comerían asado, a prisa y listos para salir. Con la sangre del cordero marcarían la puerta de su casa. Esa noche pasó un ángel que mató a todos los primogénitos de Egipto, tanto humanos como animales; pero donde veía el ángel que la puerta estaba marcada con la sangre del cordero, ahí no moría nadie. Al morir el primogénito del faraón, este se puso muy triste y mandó llamar a Moisés y le ordenó que se fueran rápido: todos, con todas sus cosas y sus animales. 

Salida de Egipto 
Salieron los hijos de Israel de Egipto y caminaron por el desierto. Dios los guiaba con una columna de nubes en el día y una columna de fuego por la noche para iluminarlos. Ya cuando se fueron de Egipto los israelitas, el faraón se arrepintió de dejarlos salir, porque los necesitaba como esclavos y decidió perseguirlo y hacerlos regresar. Entonces preparó su ejército y salió tras ellos. Los alcanzó a la orilla del mar. Los hijos de Dios de asustaron al ver el ejército de egipcios que venía por ellos. Moisés les dijo: quédense tranquilos y confi ados porque el Señor peleará por ustedes. 

El Cruce del Mar 
La nube del Señor se puso entre los israelitas y los egipcios y no dejó que los egipcios se les acercaran. Luego Moisés golpeó con su bastón el mar y el mar se abrió y dejó un camino seco por donde el pueblo de Israel lo atravesó. Cuando terminaron de pasar, la nube que mantenía quietos a los egipcios se quitó y los egipcios entraron por el camino seco del mar a perseguir a los israelitas y cuando ya estaban todos dentro del mar, el agua regresó a su lugar y ahogó al ejército egipcio que los perseguía. 
Los israelitas se fueron caminando por el desierto y a los tres días les faltó agua. Hallaron agua pero era agua mala, que no se podía tomar de tan amarga. Dios le dijo a Moisés que tomara un pedazo de cierto árbol y que lo echara al agua, y con eso el agua se volvió buena para tomar y todos pudieron beberla sin problema. 

El maná 
Después les dio hambre porque se les había acabado el pan y Dios les dijo que al otro día aparecería un maná en el desierto, que ellos lo recogieran y que eso sería su alimento. El maná era como una semilla pequeña que al comerla sabía a pan con miel. Por la tarde llegó una gran cantidad de codornices al campamento y la gente las tomó y tuvieron carne sufi ciente para comer. Por las mañana había pan y por la tarde codornices; este fue el alimento del pueblo de Israel durante los 40 años que anduvieron por el desierto. 

Agua que nace de una roca 
Luego les volvió a hacer falta agua y la gente le pidió agua a Moisés. El Señor le dijo que los llevara a todos hasta una gran roca y que la golpeara con su bastón; Moisés así lo hizo y de la roca salió agua en abundancia para todo el pueblo de Israel. 

Primer batalla 
Después un ejército de amalecitas los atacó. Salieron a batalla los hijos de Israel, y mientras tanto, Moisés oraba a Dios desde un lugar alto. Cuando Moisés tenía las manos levantadas en oración, el pueblo de Israel ganaba la batalla, pero cuando Moisés se cansaba de tener sus manos levantadas, su pueblo empezaba a perder. ¿Qué hicieron? Moisés se sentó y Aarón y Jur le sostuvieron las manos en alto hasta que se metió el sol y de esa manera ganaron la batalla.

En el Monte Sinaí 
A los dos meses llegaron todos al Monte Sinaí. Moisés subió al monte a adorar a Dios. El Señor se presentó en forma de una nube resplandeciente y le dijo a Moisés sus reglas de cómo deberían vivir. Les dijo: si me obedecen y cumplen mi pacto, ustedes serán mi tesoro especial entre todas las naciones de la tierra; Ustedes serán mi reino de sacerdotes, mi nación santa”. Ellos dijeron que sí, que le obedecerían.

Los Diez Mandamientos.
Luego el Señor le dio a Moisés los diez mandamientos, que son:
1. Yo Soy tu Dios. No tendrás otros dioses fuera de Mí.
2. No pronunciarás el nombre de Dios en vano.
3. Santificarás las fiestas.
4. Honrarás a tu padre y a tu madre.
5. No matarás.
6. No cometerás actos impuros.
7. No robarás.
8. No dirás falsos testimonios ni mentirás.
9. No consentirás pensamientos o deseos impuros.
10. No codiciarás los bienes ajenos.

El Arca de la Alianza 
Luego le dijo a Moisés que hiciera una caja de madera y la recubriera de oro y que ahí se guardarían las tablas de los diez mandamientos y desde ahí, Él les hablaría: esa caja sería sagrada, le llamarían: el Arca de la Alianza. También le indicó que hiciera una mesa para las ofrendas, de madera recubierta de oro; un candelabro de oro puro que tuviera seis brazos saliendo de cada lado; una tienda de campaña grande, (a la que nombrarían tabernáculo) con cortinas fi nas y accesorios de oro, que serviría como templo, donde estaría el arca y los demás objetos sagrados; un altar de madera cubierta con bronce y un atrio para el tabernáculo, además de vestimentas para los sacerdotes y las demás cosas necesarias al culto.

El becerro de oro 
Mientras Dios le daba estas instrucciones a Moisés arriba del Monte Sinaí, abajo el pueblo se cansó de esperar y se hizo una estatua de un becerro de oro y dijeron que era un dios, por lo que se pusieron a cantarle y le bailaron alrededor. Dios se molestó mucho por esto y le dijo a Moisés que bajara rápido a corregir a su gente. Moisés bajó y del coraje rompió las tablas de piedra en que Dios había escrito sus leyes; luego fue y destruyó el becerro de oro y castigó a los que lo habían hecho.
Después Moisés fue a pedirle perdón a Dios por los errores de su pueblo. Dios les perdonó y les volvió a dar de nuevo sus leyes. Cuando Moisés bajo del monte de Dios, su rostro resplandecía porque había hablado con Dios y la gente no se le quería acercar por no ver su rostro resplandeciente; él usaba un velo para tapar su cara y que las personas no se asustaran con su luminosidad y se le pudieran acercar.
Luego hicieron los trabajos del Arca de la Alianza y todas las otras cosas que el Señor había indicado, y cuando terminaron de hacer el tabernáculo y el atrio, la nube del Señor cubrió el tabernáculo y la Gloria de Dios reposó sobre él.
Cuando la nube se alzaba del tabernáculo, los hijos de Israel se movían y caminaban varios días; pero si la nube no se alzaba, no se movían hasta el día en que ella se alzaba. Al mandato de Jehová los hijos de Israel partían, y al mandato de Yahvé acampaban; todos los días que la nube estaba sobre el tabernáculo, permanecían acampados.

F. Javier Contreras

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