sábado, diciembre 13, 2014

Notas cortas

Por José Alvarado Montes

El nombre prehispánico de San Juan fue Mazatitlan lugar de venados o entre venados. 
Una vida es una historia y toda historia es una vida. 
A los interesados en la historia, siempre está corriendo tras ella y cuando parece que ya la tiene aparecen nuevas pistas, otros documentos, y una vez más comienza la carrera para alcanzar el fin. 
En todo México los habitantes indígenas de diferentes etnias lo mismo que campesinos o ejidatarios cargan una cadena deprimente de miseria, victimas del robo y la explotación de los poderosos, mas siguen con su arcaica costumbres de sus muertos la exagerada embriaguez. Adornamos a los indígenas muertos y despreciamos a los vivos. 
En 1592 hubo una peste {se desconoce el nombre} que cobro la vida de la sexta parte de la población indígena {en ese año comenzó la Guerra del Mixton de los Penoles} Los misioneros trabajaron en la construcción de hospitales donde atendían a los contagiados y construyeron Modestas iglesias con imágenes para su culto, se fundaron las cofradías de Nuestra Señora y la del Santo nombre de Jesús Sostenidos por terratenientes. La población sufrió otras pestes {de las que después trataremos. En no pocas ocasiones la ignorancia, la desidia, la guerra los siniestros y la ignorancia han ocasionado la perdida de archivos oficiales o religiosos ha dificultado y tardado por años las investigaciones. 
Con la llegada de los conquistadores montados a caballo y con armas de fuego, todo cambio; cambio la forma de vestir, la religión, la forma de comer, las tradiciones, la forma de hablar, nuestros cantos, nuestra música, nuestras danzas, en fin nuestras vidas, venían por oro. 
Hasta los palos del campo tienen sus destinación,unos nacen para Santos otros para hacer carbón. 
En el siglo XIX ya México independiente de España llegaron las nieves de Italia, la pasteleria de Francia, las cervezas de Alemania, los cortes de carne de los Estados Unidos, estos productos era para los ricos, los pobres seguían con su misma dieta y hambre. 
La ciudad no contaba con luz eléctrica, el hielo se empacaba en costales de ixtle y virutas de madera. 
En las arenas del rio se hacía un hoyo y lo enterraban para su conservación. 
Hasta hace poco tiempo los vecinos de San Juan rivalizaban entre sí en ornamentación, cuidado y limpieza de  sus calles y casas. 
La iglesia desempeñaba hace años un papel de indudable significación estaba el cura para guiar el rebano por el buen camino: allí estaba para hablar a los desdichados, a los miserables, a los hambrientos, de la resignación cristiana, de las delicias que les esperaban en el cielo. Al mismo tiempo los tormentos del infierno a los desobedientes, a los renegados que no aceptaban con humildad su cruz y las ordenes de los ricos. 
Contaban los bisabuelos que en las haciendas eran de gran importancia la tienda de raya ahí se les vendía el jabón, el maíz, el frijol, las mantas, el aguardiente y todo lo que necesitaran, el peón y a su familia a precios más altos y de mala calidad, el jornal se pagaba con mercancía y solo de vez en cuando con moneda de uso legal 25 o 30 centavos. En la tienda de raya se llevaba una minuciosa cuenta de su deuda al peón esta pasaba de padres a hijos y jamás podrían pagarla entre otras cosas porque las necesidades elementales del peón y su familia no podían pagarse con su mísero salario; al patrón le convenían los peones endeudados que así tenia brazos seguros para el trabajo por eso al estallar la Revolución se cometieron muchos excesos y se rego mucha sangre, el rencor y las ansias de venganza eran muchas. 
El trabajo personal o de grupo es ninguneado, criticado, envidiado y condenado no por desconocidos si no por los que nos rodean, pero ya se escribió alguna vez CRITIQUEN VIBORAS. 
En el siglo XVIII las principales ocupaciones de los habitantes de San Juan eran los tejidos de seda, de algodón y lana, las tenerías que curtían cueros y vaquetas, los canteros, albañiles y peones. 
Nadie escapa wa su destino somos lo que queremos ser y se sufre lo que somos. 
Pelear no es nada bueno, pero hay que pelear para ganar. 
Anteriormente los domingos en la población eran días de plaza, llegaba la gente de rancho a oír misa, comprar sus habios, tomar tequila, y pelear con la policía, en los mesones se hospedaban viajeros, visitantes y sus bestias de carga o de montar. 
En la historia, leyendas y mitos, contienen múltiples interrogantes, cuyas respuestas, no son siempre del todo claras como deberían ya que en estas hay elementos disparejos completamente entrelazados y utilizados por las corrientes del poder en su propio beneficio.

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