sábado, diciembre 13, 2014

Nueve curiosidades de Pancho Villa

Por Parìs Alejandro Salazar
 
Pancho Villa, casi analfabeta, gran estratega, mujeriego y cumplidor. Pancho Villa, delincuente y héroe nacional. Pancho Villa –cuyas leyendas siguen poblando libros, corridos, chismes, rencores, sobremesas, pasiones, efemérides y discursos políticos– fue asesinado el 20 de julio de 1923, este sábado se conmemoran 90 años de su asesinato, (dispararon 150 balazos a su automóvil, 12 de ellos hicieron blanco en su cuerpo), recordémoslo con algunos datos curiosos que quizá no conocías. 

Origen incierto 
En el norte se dice: “en Durango habrá nacido, pero en Chihuahua se hizo guerrillero”. Pancho Villa nació el 5 de junio de 1878 en La Coyotada, una minúscula población de San Juan del Río, Durango. Fue registrado como Doroteo Arango Arámbula, ajá, igual que La Chule de “El Sol”. Algunos historiadores dicen que su apellido lo convierte en descendiente de vascos. Él mismo decía que no era Arango, ni Villa sino Germán. (Nunca negó el Arámbula, ¿vieron?). Tampoco se sabe si era hijo de Agustín Arango o hijo ilegitimo del hacendado Luis Fermán. Francisco Villa se hizo llamar así para que quienes lo perseguían no pudieran ubicarlo y encarcelarlo. 

Primer delito 
Precoz desde chavito: a los 14 años, al perder en un juego de cartas, fue a la hacienda de la Ciénaga de Basoco, robó y vendió unas mulas, y luego las volvió a robar a los compradores para devolverlas y evitar represalias. Después de haber defendido “la honra” de su hermana a manos de un hacendado que intentó violarla (Villa le disparó en la pierna), tuvo que huir, se dedicó a robar, desde un burro hasta armas, para sobrevivir. Por eso cambió su nombre a Francisco Villa, lo buscaban como Doroteo Arango. 

Corazón alegre 
Pancho Villa tenía un amplísimo corazón, siempre dispuesto a conquistar y nunca negarle su caricia y amor a ninguna mujer. Algunas investigaciones indican que se casó al menos 27 veces, tanto por la iglesia como por el civil, tuvo unos 26 hijos. A todas sus mujeres les puso casa y a todos sus hijos los mantuvo, incluso mandó a algunos a estudiar a Estados Unidos. De lo que no hay números es de las aventurillas casuales del revolucionario. 

Mejor que la SEP 
En una entrevista al The New York Times dijo: “no fui a la escuela ni un día en toda mi vida”. Sin embargo, Villa conocía la importancia de la educación y su papel transformador: cuando gobernador de Chihuahua creó 50 escuelas en un mes, trajo maestros, a quienes convenció diciéndoles que era la profesión que más admiraba. 

Aficionado práctico 
A Pancho Villa le gustaba torear. Era un aficionado práctico: tomaba el capote y se echaba al ruedo, fue revolcado y azotado en la arena por los toros; sin embargo, se levantaba y se ponía frente a su cara para seguir luchando. En Chihuahua lo hacía junto a matador Luis León. 

Vulnerable a las balas 
Lo que no pudieron hacer los militares lo hizo un civil: desarmar a Villa. Al tejer una alianza entre Pancho Villa y Lucio Blanco, el escritor Martín Luis Guzmán le propuso regalarle su pistola al general Blanco como una muestra de confianza. Villa accedió y le entregó el arma, por unos instantes quedó desarmado y desprotegido; nervioso, de inmediato pidió otra pistola a su Estado Mayor. 

Siempre en vigilia 
Más de la mitad de su vida fue perseguido y acosado, por lo que cambiaba continuamente de ubicación. Si dormía en una casa, debía tener patio para salir huyendo; dormía en un lugar y despertaba en otro; su caballo siempre estaba ensillado; aparecía donde nadie lo esperaba, siempre con la pistola cargada. 

Promotor de la Ley Seca 
Decía que la cerveza sabía a “miados”. Como gobernador en Chihuahua estableció la ley seca para el ejército y amenazó con fusilar a quien encontrara bebiendo, persiguió a fabricantes y destruyó “vinatas”. Decía que el alcohol era el culpable de las desgracias de las personas. 

Compra su libertad 
Por su habilidad y elocuencia, Villa se fugó de la prisión de Santiago Tlatelolco. Cuando estuvo detenido conoció a un hombre que lo ayudó ayudó limando los barrotes de la reja de los acusados por donde escaparía. Él y su liberador caminaron hasta el Zócalo y tomaron un taxi rumbo a Tacubaya; tras regatear, Villa convenció al chofer de llevarlos a Toluca para trasladarse después a Mazatlán.

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