domingo, enero 04, 2015

5 formas infalibles de perder al marido

Uncilio; ¿aceptas por esposa a Uncilia y prometes amarla, cuidarla y respetarla, en las buenas y en las malas, hasta que la muerte los separe? 
-¿Es a mí? contesta el despistado novato que se va introduciendo en el mundo matrimonial. 
Uncilia le mira con ojos de: ¿Con este idiota me estoy casando? se me hace que me arrepiento, pero pues ya qué; ya le entré. 
La vida matrimonial no es nada fácil y algunas personas creen que las mujeres se sienten realizadas al momento de casarse como si ése fuera su máximo objetivo. Cosa más errada, caballero. 
He escuchado que el matrimonio es tan pesado que se necesitan dos personas para cargarlo; y a veces más de dos... 
La verdad es que sin ser la máxima aspiración, el hombre y la mujer se complementan en el matrimonio o en unión libre (el arrejunte, pues) para brindarse mutua y amorosamente los sentimientos necesarios en la búsqueda de la felicidad (qué bonita me salió la frase). 
Sin que parezca misoginia y dejando de lado el famoso “machismo”, toda mujer debe saber algunos aspectos y actitudes que no le agradan para nada al hombre de la casa. No se trata de ver quién manda o quién lleva las riendas, pero es tradición que la mujer procura que su marido esté contento y el marido, que su esposa también lo esté. 
Pero si el pobre de Uncilio al llegar a su casa encuentra a su flamante cónyuge con la cara embadurnada de cremas, pepinos en los ojos, papas en la comisura de los labios, aguacate en el pelo y otras cositas “para mejorar el cutis”, seguramente exclamará: ¡Ah chingao! creo que me casé con una ensalada. 
Mujeres, hagan todo eso que gusten para verse y sentirse bonitas, pero tómense su tiempo para que cuando regrese su amorcito de trabajar, abriendo mucho los ojos, enarcando las cejas y con una sonrisa de oreja a oreja les pregunte cariñosamente ¿qué te hiciste que estás tan suavecita? 
No crean que porque ya se casaron, ya lo atraparon; Una forma de perderlo es llegar a la guandajez. Atrápenlo todos los días. 
Una vez que crece la familia con la llegada de los vástagos, la casa se llena de alegría, gritos infantiles, pasitos, risitas, solitos ( mira ya casi camina), llantos nocturnos y por supuesto, pañales. 
¡Ah los pañales!. la casa se llena de amor, pero si se llena también de estos accesorios infantiles diseñados para contener el producto de las funciones fisiológicas de esas maravillas que son los niños, pero cuyo aroma no es precisamente perfume de gardenias, la cosa no va bien. Si el inconfundible, penetrante y desagradable ambiente huele a “eso”, hasta el marido más complaciente y cariñoso se pondrá de mal humor. 
Recuerdo un viejísimo y sabio refrán que dice que al marido se le atrapa por el estómago. Sin insinuar siquiera que ustedes sean la cocinera o la sirvienta, por naturaleza son ustedes buenísimas para cocinar (el sabor de mamá). Aún si el marido llega echando pestes porque en el trabajo le hicieron enojar, una recepción con un buen beso y una humeante y casera comida enriquecida con la sazón que solamente un par de manos de esposa cariñosa puede aportar, acaba como por arte de magia con el mal humor. 
Nada de que: ¿ a dónde vamos a comer hoy, amorcito? ¿ al pollo feliz (muy feliz ha de estar el méndigo pollo ensartado, a vuelta y vuelta y en medio del fuego) o a los tacos o al menudo o al pozole? Si lo quiere enfadar, no le brinde su cariño a través de la comida. Que pruebe solamente la sazón de los taqueros o polleros o restauranteros. 
Ya dijimos que el matrimonio no es una competencia para ver quién manda, sino un complemento de amor. Señora recién casada, no sea usted mandona, de verdad. Ya sabemos que las mujeres mandan, pero háganlo de forma sutil. Nomás hay dos clases de mandilones: los que somos y los que lo reconocemos. Hay mujeres tan inteligentes que son las que mandan pero nos hacen creer que mandamos nosotros. 
Los trastes. Ese mal necesario. Si desea poner a prueba la paciencia de su marido, no lave los trastes inmediatamente después de ingerir sus sagrados alimentos. Déjelos que se acumulen sin lavar en el fregador y sus alrededores, hasta que parezcan condominios en fabela brasileña, coronados de moscas e impregando a la cocina el olor de rancio y descuidado. Si lleva a cabo esta sugerencia, garantizamos que su marido se enojará aunque de momento no le diga nada. 
Usar envases y utensilios desechables por costumbre para no tener que lavar los trastes, golpea el presupuesto de su marido, que de alguna manera es el suyo propio. Contamina el ambiente y varía el sabor de la comida. 
Señoras damitas: son ustedes lo más hermoso de la creación; síganlo siendo porfa. No pongan excusas de que no me alcanza el tiempo. Las mujeres están tan llenas de cualidades, que tienen capacidad incluso de hacer varias cosas al mismo tiempo. Quién sabe cómo le hacen, pero lo hacen. 
Pues ya sabe señora: si quiere perder a su marido, vuélvase fodonga, guandaja, mandona, huevona, corajuda, impaciente y atenida. El resultado está garantizado. 
Dios las cuide,¡ benditas mujeres!

Gonzalo “Chalo” de la Torre Hernández
chalo2008jalos@hotmail.com
Jalostotitlán, Jal. a 5 de septiembre de 2014

No hay comentarios.:

Publicar un comentario