domingo, enero 04, 2015

Que alguien me explique

 Gonzalo “Chalo” de la Torre Hernández
chalo2008jalos@hotmail.com
Jalostotitlán, Jal. a 27 de junio de 2014

Ese personaje alemán interpretado en la televisión por el genial Eugenio Derbez, a la vez gruñón, pero simpático, de repente nos hace reflexionar acerca de la forma de hablar de los mexicanos y algunas frases que utilizamos, aparentemente sin sentido. 
Con su venia, tomamos la frase que utiliza, para reflexionar acerca de algunos asuntos curiosos en nuestra economía y nuestro vivir diario. 
Hace algunas semanas, acudimos el grupo de Teatro Támara de la casa de cultura de Jalostotitlán, al encuentro de teatro interior del Estado de Jalisco, cita en Puerto vallarta, a presentar la puesta en escena de la obra titulada “ El otro Judas”. (próxima presentación, en Jalos, 12 de Julio, casa de la cultura, les invitamos). Con la finalidad de ahorrar un poco en los gastos, me obsequiaron un bote de leche en polvo y me lo llevé creyendo que iba a disminuír los gastos por alimentación, ya que yo soy de los de “mi lechita y a dormir”. No perdono la leche por las noches. 
Acompañando al bote del polvo lácteo, iba un vaso y una cuchara. Como dice el instructivo, añada agua y ¡listo! Ah, luego, luego fuí a comprar una botellita de agua y ¡oh sorpresa!. el medio litro de agua embotellada tenía un precio de 8 pesos. Y voy viendo el medio litro de leche Sello Rojo, esa de los meros altos de Jalisco, a $ 6.50 
Me quedé, ¿cómo dicen? súpito. O sea, no podía creerlo. 
Los rancheros (insisto en decirlo con un enorme respeto, pues gracias a Dios y a los “rancheros” tenemos comida), se levantan a las cuatro y media de la mañana, sus vacas, que han costado algunos miles de pesos cada una, ya los esperan para ser alimentadas y ordeñadas, para lo cual hay que desinfectar cada una de sus chichillas (ubres) antes de colocar los modernos aparatos de ordeña (si tiene, si no, ordeña a mano) que también costaron algunos miles de pechereques; una vez terminada la ordeña, hay que hacer la labor de limpieza de todo el establo, los conductos de la leche, los aparatos, los pisos, ya que el estiércol es muy abundante. Es pesadito el trabajo. 
Ahora hay que enfriar la leche en los termos y mantenerla fría (que también cuesta otros miles) hasta que pase la pipa de la lechera a recogerla y se la lleve, a la espera de que tal vez en quince días, se las paguen al precio increíble de... 3 Pesotes. Híjole, que dineral. 
¡Ah! y el precio del forraje, como el Adal Ramones; arriba y arribotota. Puro subir. Y las vacas no saben de domingos y días festivos. El ganado tiene que comer, llueva, truene o relampagueé. 
Bueno ¿y el agua?, creo que el negocio va por partida doble. Nos la parten en el líquido y creo que en la botellita, también. Que alguien me explique. 
 Cambiemos de producto, pero no de tema. Mi mujer elabora una deliciosa carne en su jugo y uno de sus ingredientes es el tocino. Me dirigí voluntariamente al súper (mi mujer no me mandó, ya sé mis deberes) con la intención de comprar un cuartito de kilo, de ese producto. Me sorprendió ver el precio; 78 pesos el kilo y eso que estaba de “oferta”. 
¡Guau! El mejor jamón comercial que he probado, el york de Jalos, es pura carne y cuesta a 72 pesos el kilo. O sea, más barata la carne en forma de Jamón, que ese producto que es en su inmensa mayoría, grasa del mismo animal. Que alguien me explique. 
Ahora acerca de los huevos. Hace algunas semanas ya hablamos de ese tema tan delicado. El precio, sube y sube. Salvo algunas empresas que imprimen su fecha de postura, el consumidor no tiene la garantía de frescura de ese alimento básico e indispensable. Un huevo caducado puede causar severos daños a la salud. 
Por otra parte, no he podido comprender eso del precio. Ya dijimos anteriormente que la crisis ya fué resuelta y los productores recibieron ayuda gubernamental para resarcir en algo sus pérdidas. Pues resulta que en Ixtapa-Zihuatanejo, el producto de gallina es un poco menos caro que en los altos de Jalisco. 
Lo que no comprendo es que si el traslado de los huevos a esas costas preciosas, cuesta algunos miles, ¿cómo es que en el corazón de la zona productora de huevos por excelencia, donde el traslado es mucho más barato por las distancias cortas, el precio sea más alto? Que alguien me explique. 
Dicen que un señor y su hijo llegaron a comprar un boletito de esos del Melate con la intención de convertirse en millonarios de la noche a la mañana y el señor decía a su hijo, ya joven más que adolescente: mira, si nos la sacamos, nos vamos a Vallarta, puro champán y mujeres hermosas. 
¿Y si no?, preguntó el vástago. Pues, nos vamos a la presa, agua fresca y tu mamá. Ya qué. 
El otro día yo también fuí a comprar de esos boletitos que alimentan la ilusión, por la posibilidad de mejorar “de golpe” la economía familiar y al salir del establecimiento, un amigo me pregunta: Chalo, ¿también te quieres hacer millonario? 
Le respondí: sí claro. Tengo ganas de atinarle al melate, como mi papá. 
Abriendo los ojos, como si le fueran a echar gotas preguntó: ¿Tu papá se hizo millonario con el melate? No, pero también tenía ganas, le respondí. 
Bueno, mis pobres entendederas, esperan pacientemente respuesta a las dudas de mucha gente, no solo yo. 
El comercio tiene muchos temas, pero por lo pronto, hágannos el favor de que alguien nos explique.

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