lunes, septiembre 07, 2015

Historia de la salvación

Basados en el libro de
ESDRAS, NEHEMÍAS y MACABEOS
De la Santa Biblia

 Habíamos dicho en los libros de Reyes, que el pueblo de Israel fue desterrado durante 70 años a Babilonia. Ahora en los libros de ESDRAS Y NEHEMÍAS se relata cómo regresó el pueblo de Israel a su tierra, después de la cautividad. Esto sucedió el año 538 antes de la era cristiana, cuando Ciro rey de Persia, derrotó a los caldeos y ya como gobernante de todo el mundo conocido en ese tiempo, da un decreto autorizando a los judíos a regresar a su tierra. 

No todos regresaron, sólo los que habían mantenido durante 70 años en su familia la esperanza de regresar a la Tierra Santa. Esdras y Nehemías los encabezan y organizan. Pero los que regresan, han interioridad el mensaje de los profetas y anhelan formar un pueblo más santo y fiel al Señor. Esdras reunió por primera vez los libros de la Biblia e hizo del Libro Sagrado la base de la religión, e inició una nueva forma de culto en el que la lectura comunitaria de la Biblia, pasaría a ser la base de la vida religiosa del pueblo, llevándolo a una fe más instruida y responsable. 

Esdras era un sacerdote y maestro del pueblo judío en el destierro. Había sido parte del grupo que estudiando con el profeta Ezequiel, habían interioridad la palabra de Dios y mantenido la esperanza de un día regresar. El trabajo de Esdras logró que el Pueblo de Dios se constituyera en un pueblo santo, o sea apartado del resto del mundo, un pueblo consagrado a Dios. 

Nehemías por su parte es el copero del rey Artajerjes* en la ciudadela de Susa, un puesto de gran confi anza, en aquel tiempo en que los reyes temían ser envenenados a través del vino que bebían. Este obtiene el permiso del rey para regresar a Jerusalén y lo hace como funcionario del rey con autoridad para reconstruir la ciudad y sus murallas. 

Nehemías organiza a los pobladores de Jerusalén para que entre todos reconstruyan las murallas que tienen
setenta años derruidas y para que pongan nuevas las puertas, que habían sido quemadas. En aquel tiempo, Jerusalén era administrado por los persas desde Samaria; al tratar Nehemías de reconstruir la ciudad, hay algo de celos de los jefes administrativos radicados en Samaria, y éstos tratarán de impedir el resurgimiento de la vieja ciudad capital. Nehemías va a tener que esforzarse en la reconstrucción, aun con las amenazas de los hombres sobresalientes de Samaria que ven un peligro para su ciudad en el hecho de que resurja otra capital que podría poner en entredicho la preeminencia de su ciudad en la región. 

* Este Artajerjes es hijo de Jerjes I, también llamado Asuero. Fue él quien inició la segunda de las Guerras Médicas, contra Grecia. De ellos se defendió Leónidas y sus 300 espartanos en el paso de las termópilas)

Libros de los Macabeos 

Después de ESDRAS y NEHEMÍAS, la provincia judía vivió dentro del imperio persa al margen de la historia, hasta que Alejandro Magno conquistó el mundo conocido y trajo la cultura griega a los israelitas: Una cultura con ansias de progreso, confi anza en las posibilidades del hombre y un espíritu más abierto que superaba los individualismo regionales. La cultura griega no era para perseguir a nadie por su religión o forma de pensar, pero al morir Alejandro, y repartirse sus generales el imperio, algunos de sus descendientes, los antiocos, (que a su vez eran descendientes de los tolomeos) que gobernaban Siria, trataron de imponerles su religión a los israelitas. Estos se defendieron mediante una guerra de guerrillas encabezadas por la familia de los macabeos, para oponerse a los gobernantes de Siria, puesto que después del destierro de Babilonia, los judías no tuvieron rey y eran dirigidos por los sacerdotes Los relatos de esa guerra que sucede entre los años 170 y 130 a de C., y como Dios intervino en favor de su pueblo, están registrados en los libros de los Macabeos 1 y 2. 

Al triunfar Judas Macabeo contra los enemigos de su país, hizo una alianza militar con los romanos, que por esas fechas empezaban a encumbrarse y a destacar como potencia digna de tomarse en cuenta en el mediterráneo. 1 Macabeos 8 con lo que los israelitas quedaron como amigos y socios de los romanos por lo pronto, pero después, cuando Roma deje de ser una república de hecho y empiece la época del imperio, Israel quedará dentro de los dominios de Marco Antonio y la célebre Cleopatra, (la última gobernante del imperio egipcio), y al perder éstos la guerra contra Octavio, quedarán sometidos al imperio romano, junto con Egipto, que de hecho, más que colonia de Roma, pasará a ser un dominio personal de Octavio, y dejará de ser el imperio milenario del que hemos oído hablar. Este Octavio, tomará el nombre de su tío, el legendario Cesar y se llamará a sí mismo Cesar Octavio. Será el primer emperador de hecho (porque oficialmente la república seguirá existiendo), y será el primero en hacerse llamar divino, (en latín Augusto) aunque de hecho sólo era el sumo sacerdote de Roma; con lo que su nombre pasará a la historia como Cesar Augusto. Es este emperador, el que manda hacer el censo de su imperio que obliga a San José y a la virgen María a viajar de Nazaret ciudad de Galilea, a Belén que estaba en Judea, para empadronarse y por eso nuestro Salvador nació ahí. Lu 2:1-21 

Jeremías guarda el Arca de la Alianza 

Entre los relatos que narra el segundo libro de los macabeos, mencionaremos el texto que dice que durante la deportación de los Judíos a Babilonia, el Profeta Jeremías, obedeciendo órdenes del cielo, llevó el Arca de la Alianza al cerro donde Moisés había sido enterrado y desde donde en su momento contempló la tierra prometida antes de morir. Ahí Jeremías encontró una caverna y metió en ella el Arca y luego tapó la entrada con piedras. Cuando se marchaban, algunos de los que le ayudaron, volvieron para señalar el camino, pero ya no pudieron encontrarla. Al saberlo, Jeremías se los reprochó diciendo: Este lugar quedará secreto, hasta que Dios tenga compasión de su pueblo disperso y lo reúna. Entonces el Señor mostrará de nuevo estos objetos y su Gloria se manifestará con la nube, igual que en los tiempos de Moisés. 2 Macabeos 2:4-8 

Heliodoro quiere despojar el templo 

Mientras la Ciudad Santa gozaba de una paz completa y las leyes eran observadas gracias a la piedad del sumo sacerdote Onías, otro sacerdote, administrador del templo, se enemistó con el sumo sacerdote Onías porque decía que a él le correspondía la administración de los mercados de la ciudad. No pudiendo ganarle al sumo sacerdote, se fue con el gobernador de Celesiria y Fenicia y le comunicó que en el templo había grandes tesoros que deberían de pasar a manos del rey. El gobernador se lo comunicó al rey y este envió a su encargado de negocios Heliodoro, a recoger esos tesoros. El sumo sacerdote Onías le explicó a Heliodoro que el templo no podía ser profanado, pero Heliodoro le respondió que tenía órdenes del rey que no podía dejar de cumplir; mientras tanto los sacerdotes y la gente de la ciudad oraban a Dios para que interviniera y no permitiera el robo. 

Cuando Heliodoro llevó a su guardia junto al tesoro del templo para comenzar a saquear el templo, se le apareció un caballo con una riquísima montura y sobre él un terrible jinete; que lanzándose con ímpetu levantó contra Heliodoro sus patas delanteras. El jinete parecía tener armadura de oro. Aparecieron también dos jóvenes robustos y muy hermosos, magníficamente vestidos, que poniéndose a ambos lados de Heliodoro, lo azotaban sin cesar, moliéndolo a golpes. Heliodoro cayó en tierra completamente ciego y mudo y tan golpeado que lo tuvieron que sacar en camilla. La gente se dio cuenta de la intervención de Dios y la tristeza general se convirtió en gozo. Algunos familiares de Heliodoro suplicaron al sumo sacerdote Onías que orara por él y le pidiera a Dios la gracia de vivir. El sacerdote oró y mientras que lo hacía, se le aparecieron a Heliodoro otra vez los mismos jóvenes que le dijeron: Da gracias al sumo sacerdote Onías, pues por él te da Dios la gracia de vivir, y tú que has sido azotado por orden del cielo, haz saber a todos la grandeza del poder de Dios. Dicho esto, desaparecieron. 

Heliodoro, después de orar largamente a Aquel que le había perdonado la vida, regresó ante el rey y ahí empezó a dar testimonio de las obras del Dios Altísimo, que había visto con sus propios ojos. El rey le preguntó que a quién podría enviar a cumplir las órdenes que él no había podido cumplir. Heliodoro le respondió: si tienes un enemigo a quien quieras eliminar, envíalo allá, y lo verás regresar maltrecho, si es que puede regresar, pues hay un poder divino en ese lugar. El mismo que habita en el cielo, lo vigila y lo guarda, hiriendo de muerte a quienes penetran en él para profanarlo. 2 Macabeos 3:1-40 

ACLARACIÓN: Los textos anteriores, que no tienen citas bíblicas, fueron tomados de las introducciones a los diferentes libros, que aparecen en la “Biblia Latinoamericana” XVIII edición, de la Editorial Verbo Divino. Las referencias históricas y comparaciones con otros acontecimientos contemporáneos de los sucesos mencionados, son de mi autoría.

Por Javier Contreras

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