jueves, diciembre 03, 2015

Historia de la salvación

Basados en el libro de
EZEQUIEL
De la Santa Biblia

En el capítulo 1 se nos platica como Ezequiel ve la Gloria de Yavé 

1 El año treinta, el día quinto del cuarto mes, encontrándome entre los desterrados, a orillas del río Quebar, se abrió el cielo y contemplé visiones divinas. 
3 Yavé puso su mano sobre mí. 4 Yo miré: un viento huracanado venía del norte. Vi una gran nube: En medio de ella un fuego ardiente irradiaba luz, y el centro era como de metal incandescente. 5 En medio del fuego había cuatro seres vivos. Tenían la misma forma: 6 cada uno tenía cuatro caras y cuatro alas. 7 Sus piernas eran rectas, con pezuñas como las de buey 
10 Vistos de frente, los cuatro seres tenían aspecto humano, pero la cara derecha de su cuerpo era cara de león, y su cara izquierda, cara de toro. Los cuatro tenían también una cara de águila.
11 Sus alas estaban desplegadas hacia arriba 
13 Entre los seres había como carbones ardientes: se diría que había un baile de antorchas entre esos seres 
15 Al mirar bien a esos seres, vi que, en el suelo, había una rueda al lado de cada uno de ellos. 16 Esas ruedas centelleaban como piedras preciosas, y las cuatro tenían la misma forma. Cada rueda era doble: parecía como dos ruedas entrecruzadas. 
17 De ese modo podían avanzar en las cuatro direcciones, sin tener que dar vuelta. 
18 Tenían una llanta muy grande y de aspecto aterrador, porque las cuatro tenían ojos por todo el derredor. 19 Cuando los seres avanzaban, las ruedas avanzaban al lado de ellos 20 Los seres iban adonde el Espíritu quería, y las ruedas también iban allá porque el espíritu que estaba en los seres estaba también en las ruedas. 21 Cuando ellos avanzaban, éstas avanzaban 
22 Por encima de los seres se veía una como plataforma de cristal resplandeciente 
24 Oí entonces el ruido de sus alas, como el ruido de aguas caudalosas, como la voz del Dios Todopoderoso. Cuando caminaban se sentía un ruido como de tempestad, como el estruendo de una multitud 
25 Un ruido se oía desde la plataforma que estaba encima de sus cabezas. 26 Sobre ésta se veía como una piedra de zafiro en forma de trono y, en esta forma de trono, a un ser que tenía una apariencia humana en su parte superior. 27 Lo vi como rodeado de metal incandescente, de la cintura para arriba, y de la cintura para abajo, era un fuego que proyectaba luz. 28 La luz que lo rodeaba tenía el aspecto del arco iris que se ve en las nubes en los días de lluvia. 
28 Esa visión era una imagen de la Gloria de Yavé, cuando lo vi me tiré de bruces al suelo. 

En el capítulo 3 destacamos lo siguiente: 

Te he puesto como centinela 
16 … se me dirigió la palabra de Yavé: 17 «Hijo de hombre, te he puesto como un vigía para la casa de Israel: si oyes una palabra que salga de mi boca, inmediatamente se lo advertirás de mi parte. 18 Si le digo al malvado: ¡Vas a morir! y si tú no se lo adviertes, si no hablas de tal manera que ese malvado deje su mala conducta y así salve su vida, ese malvado morirá debido a su falta, pero a ti te pediré cuenta de su sangre. 19 En cambio, si se lo adviertes al malvado y él no quiera renunciar a su maldad y a su mala conducta, morirá debido a su falta, pero tú habrás salvado tu vida. 
20 Si el justo deja de hacer el bien y comete la injusticia, pondré una piedra delante de él para que se caiga y morirá. Si tú no se lo has advertido, morirá a causa de su pecado, se olvidarán de las buenas acciones que haya hecho, pero a ti te pediré cuenta de su sangre. 21 Pero, si tú adviertes al justo para que no peque y siga sin pecar, vivirá gracias a tu advertencia, y tú habrás salvado tu vida. 

En el capítulo 8 destacamos lo siguiente: 

1 El año sexto, el día quinto del sexto mes, estaba sentado en mi casa y los ancianos de Judá estaban sentados frente a mí. Entonces la mano de Yavé se posó sobre mí. 
2 Miré, era una forma humana 
7 Me llevó entonces a la puerta del patio y 8 me dijo: «Hijo de hombre, traspasa ese muro.» Traspaso el muro y hago en él una puerta. 9 Me dijo: «Entra y mira las cosas escandalosas que se hacen allí.» 10 Entro, observo y veo toda clase de reptiles y animales impuros que estaban grabados a lo largo del muro: todos los inmundos ídolos de la casa de Israel. 11 Había allí setenta hombres, cada uno con su incensario en la mano, y el humo del incienso se elevaba. Eran los ancianos de Israel y entre ellos reconocí a Jeconías, hijo de Safán. 12 Me dijo: «¿Hijo de hombre, has visto lo que hacen los ancianos de Israel, cada uno en su cuarto? Dicen para sí: Yavé ya no ve, Yavé ya no se preocupa de esta tierra. 

En el capítulo 9 destacamos lo siguiente: 

1 Gritó con todas sus fuerzas en mis oídos: «¡Castigos de la ciudad, acérquense! ¡Que cada uno lleve en la mano su instrumento de muerte!» 2 Aparecen entonces seis hombres desde el lado de la Puerta Alta, que mira al norte: cada cual lleva en la mano un instrumento de muerte, y en medio de ellos veo a un hombre con un traje de lino, que tiene en la cintura una tablilla de escriba. Vienen a ponerse al lado del altar de bronce, 3 e inmediatamente la Gloria del Dios de Israel, que hasta entonces descansaba sobre los querubines, se eleva en dirección a la puerta del Templo. Llama al hombre con traje de lino, que lleva en su cintura una tablilla de escriba, 4 y le dice: «Recorre Jerusalén, marca con una cruz en la frente a los hombres que se lamentan y que gimen por todas esas prácticas escandalosas que se realizan en esta ciudad.» 
5 Luego, dice a los otros, de manera que yo lo entienda: «Recorran la ciudad detrás de él y maten. No perdonen a nadie, que su ojo no tenga piedad. 6 Viejos, jóvenes, muchachas, niños y mujeres, mátenlos hasta acabar con ellos. Pero no tocarán a los que tienen la cruz. Comenzarán por mi Santuario.» 
6 Comienzan pues con la gente que se encontraba delante del Templo. 7 Porque les había dicho: «Llenen los patios de cadáveres, el Templo quedará manchado con ellos 
8 Mientras mataban de esa manera, me postré con el rostro en tierra, gritando y diciéndole. «¡Ay, Yavé, ¿vas a esparcir tu furor por Jerusalén y destruir lo que queda de Israel?» 9 Me respondió: «El pecado de la casa de Israel y de Judá es tan grande que supera toda medida 
11 En ese momento, el hombre que llevaba un traje de lino y que tenía una tablilla en la cintura, llegó para dar cuenta. 

En el capítulo 10 destacamos lo siguiente: 

En ese momento vi que en la plataforma, por encima de los querubines, había una piedra de zafiro en forma de trono. 2 Desde allí dijo al hombre vestido de lino: «Pasa por debajo de las ruedas y toma entre tus manos carbones que dispersarás por la ciudad.» El hombre fue allá, y yo lo observaba 
4 La Gloria de Yavé se elevó por encima del querubín, en dirección a la puerta del Templo 
8 Vi entonces una especie de mano de hombre bajo las alas de los querubines. 9 Vi cuatro ruedas colocadas al lado de los querubines (había una rueda al lado de cada querubín), y las ruedas resplandecían como piedras preciosas. 10 Las cuatro ruedas tenían la misma forma: se podría decir que cada rueda estaba hecha de dos ruedas entrecruzadas. 
11 Podían pues ir sin volverse a los cuatro puntos cardinales, iban sin darse vuelta en la misma dirección hacia donde miraba la cara del querubín. 12 Las llantas de las cuatro ruedas estaban llenas de ojos por todo el derredor. 13 Oí entonces que a esas ruedas les daban el nombre de «torbellino.» 16 Cuando los querubines avanzaban, las ruedas avanzaban con ellos 18 La Gloria de Yavé salió de la Casa y se detuvo encima de los querubines. 19 Ante mi vista, los querubines abrieron sus alas para elevarse desde la tierra, y salieron acompañados por las ruedas 
20 Eran los mismos seres que había visto debajo del Dios de Israel junto al río Quebar, y reconocí que eran querubines. 21 Cada uno tenía cuatro caras y cuatro alas, y se veían como manos debajo de sus alas. 22 Sus caras, eran tales como las había visto junto al río Quebar. Y se desplazaban según la dirección de sus caras. 

En el capítulo 14 destacamos lo siguiente: 

1 Algunos ancianos de Israel vinieron a mi casa y se sentaron a mi lado. 2 Entonces Yavé me dirigió su palabra: 3 «Hijo de hombre, esos hombres tienen a sus ídolos arraigados en su corazón 6 Dirás pues esta palabra de Yavé a la casa de Israel: Regresen a mí, apártense de sus ídolos y renuncien a sus crímenes. 
7 Yo, Yavé, responderé personalmente a cualquier israelita y a cualquier extranjero que vive en Israel, que vive alejado de mí, que sólo piensa en sus ídolos que lo inducen a pecar, y que después vaya al profeta para que me consulte. 8 Lo castigaré para ejemplo de los demás y será un ejemplo que no se olvidará. Lo suprimiré de mi pueblo, y sabrán que Yo Soy Yavé. 9 Si el profeta se deja convencer por esa persona y le da una respuesta de mi parte, es porque Yo, Yavé, busqué su perdición. Castigaré a ese profeta y lo eliminaré de en medio de mi pueblo. 10 Ambos soportarán el peso de su culpa, el que consulta y el profeta que sea consultado. 11 Así la casa de Israel no se apartará más de mí. Dejarán de ensuciarse con sus faltas, serán mi pueblo y Yo seré su Dios ,palabra de Yavé.»

En el capítulo 33 destacamos lo siguiente: 

El profeta, centinela de su pueblo 

1 Se me dirigió esta palabra de Yavé: 
2 «Hijo de hombre, dirás esto a los hijos de mi pueblo, les dirás: cuando hago que caiga la espada sobre un país, la gente de ese país eligen a alguien de entre ellos y lo ponen para que vigile. 3 Si ve que la espada amenaza al lugar, toca el cuerno y le avisa al pueblo. 4 Si alguien oye el sonido del cuerno y no toma en cuenta el aviso, y llega la espada y lo corta, él es responsable de su muerte. 5 Si oyó el sonido del cuerno y no tomó en cuenta el aviso, él es responsable y el centinela que dio el aviso no tiene nada que temer. 6 Pero si el vigía ve que amenaza la espada y no toca el cuerno, si el pueblo no es avisado y llega a matar la espada a alguien del pueblo, ése será segado debido a su pecado, pero le pediré al centinela cuenta de su sangre. 
7 A ti, hijo de hombre, te he puesto como centinela para la casa de Israel, apenas oigas que una palabra sale de mi boca, tendrás que advertírselo de mi parte. 8 Cuando diga al malo: ¡Malo, vas a morir!, si no le hablas, si no haces que se preocupe por su mala conducta, el malo morirá debido a su pecado, pero a ti te pediré cuenta de su sangre. 9 Al contrario, si le has llamado la atención al malo por su mala conducta y no se aparta de ella, si no deja su mala conducta, morirá debido a su pecado y tú nada tendrás que temer. 
10 Hijo de hombre, le dirás a la casa de Israel: Se oye decir: Estamos bajo el peso de nuestros pecados y nos desesperamos sin esperanza de salir de ellos. 
11 Les responderás: Tan cierto como que Soy Vivo, palabra de Yavé, que no deseo la muerte del malvado sino que renuncie a su mala conducta y viva. Dejen, dejen el camino que han tomado: ¿para qué morir, casa de Israel? 12 Les dirás a los hijos de tu pueblo: La justicia del justo no lo salvará si después se pone a pecar, y la maldad del malo no lo hará caer después que se haya apartado de su maldad 
13 Aunque Yo le haya dicho al justo: ¡Vivirás!, si se queda en sus méritos y se dedica a cometer injusticias, quedará en el olvido su justicia y morirá debido a la injusticia que haya cometido. 14 De igual modo, aunque Yo haya dicho al malo: ¡Morirás! , si se aparta de su pecado y se dedica a hacer lo que es correcto y justo, 
15 si devuelve lo que se le ha prestado o que haya robado, si camina según mis mandamientos y no comete más injusticias, en verdad vivirá y no morirá. 16 No se tendrán en cuenta todos los pecados que haya cometido 
17 Los hijos de tu pueblo dicen: La manera de ver que tiene Yavé no es la correcta, pero, más bien la de ellos es la incorrecta. 18 Desde el momento en que el justo se aparta de la injusticia y comete algo injusto, eso mismo lo hace morir. 19 Y cuando el malo se aparta de su maldad y se dedica a hacer lo que es correcto y justo, eso mismo le da vida. 20 Aunque ustedes digan: La manera de Yavé no es la correcta, juzgaré a cada uno de ustedes según su conducta, casa de Israel. 

En el capítulo 37 destacamos lo siguiente: 

Huesos secos, escuchen la palabra de Yavé 
1 La mano de Yavé se posó sobre mí. Yavé me hizo salir por medio de su espíritu. Me depositó en medio de un valle, que estaba lleno de huesos humanos. 2 Me hizo recorrer el valle en todos los sentidos 
3 Entonces me dijo: «¿Hijo de hombre, podrán revivir estos huesos?» Respondí: «Yavé, tú lo sabes.» 4 Me dijo: «Profetiza con respecto a estos huesos, les dirás: ¡Huesos secos, escuchen la palabra de Yavé! 5 Esto dice Yavé a estos huesos: Haré que entre en ustedes un espíritu, y vivirán. 6 Pondré en ustedes nervios, haré que brote en ustedes la carne, extenderé en ustedes la piel, colocaré en ustedes un espíritu y vivirán: y sabrán que Yo Soy Yavé.» 
7 Hice según lo que se me había ordenado y, mientras profetizaba, se produjo una gran agitación: los huesos se acercaron unos a otros. 8 Miré: vi cómo se cubrían de nervios, brotaba la carne y se extendía sobre ellos la piel. Pero no había en ellos espíritu. 
9 Entonces me dijo: «¡Profetiza, hijo de hombre, llama al Espíritu! Dirás al Espíritu: Esto dice Yavé: ¡Espíritu, ven desde los cuatro vientos, sopla sobre estos muertos para que vivan!» 10 Profeticé según la orden que había recibido y el espíritu entró en ellos 
11 Yavé me dijo entonces: Hijo de hombre, estos huesos son toda la casa de Israel. Ahora dicen: «Nuestros huesos se han secado, nuestras esperanzas han muerto, hemos sido rechazados.» 12 Por eso, profetiza. Les dirás esta palabra de Yavé: «Voy a abrir las tumbas de ustedes, oh pueblo mío, haré que se levanten de sus tumbas y los traeré de vuelta a la tierra de Israel. 13 Entonces, cuando haya abierto sus tumbas y los haya hecho levantarse, sabrán que Yo Soy Yavé. 14 Pondré en ustedes mi Espíritu y vivirán.

Por Javier Contreras

No hay comentarios.:

Publicar un comentario