lunes, enero 04, 2016

El burro no era tan burro

Gonzalo “Chalo” de la Torre Hernández
Sanjuanense de nación y alteño por bendición.
chalo2008jalos@hotmail.com
Jalostotitlán, Jal. a 26 de noviembre de 2015

Circula por ahí un cuento de un burrito que por accidente cayó a un pozo abandonado y que para su fortuna no sufrió lesiones de gravedad. Pero no estaba a salvo pues no había forma de salir por sí mismo, ni de que le ayudaran a salir. Al menos no se les había ocurrido nada a los habitantes de ese risueño poblado enclavado en la sierra de frescos aires y mejores aromas naturales. 
Los recursos con los que contaban no eran suficientes para salvar al pollino que rebuznaba de dolor y deseos de supervivencia. El tiempo transcurría y no encontraban una solución. Con todo el dolor de su corazón, el consejo del pueblo decidió que para evitar más sufrimiento al asnito, era necesario aterrar la antigua fuente natural del más preciado de los líquidos y que la tierra cubriese el cadáver de tan simpático espécimen animal. Con lágrimas en los ojos, los aldeanos comenzaron a verter cubos de tierra a la oquedad obscura y que sería la tumba del burrito. 
Uno tras otro, los cubos fueron vaciándose en el pozo y a cada cubo, subía el nivel de la tierra, pero el burrito, a cada montón de tierra que caía, se subía y volvía a subir, hasta que el nivel del piso llegó a donde pudo salir por sus medios. 
Eso es aprovechar aún la adversidad si ésta presenta ocasión de mejorar.Puede haber un sinfín de moralejas acerca de este cuento. Imagine usted la suya. 
¿Cuántas personas de las que nos rodean desean vernos en el fondo del pozo y vaciando tierra para sepultarnos? Quién sabe, pero hay que tomar cada ataque a nuestra persona, como un cubo que pretende sepultarnos, pero que finalmente será nuestra salvación. 
Hay infinidad de cuentos acerca de ese animalito de grandes ojos y aún mayores orejas; hay un libro delicioso y enriquecedor de la autoría de Juan Ramón Jiménez, llamado “Platero y yo” que tiene por méritos propios un lugar sempiterno en la literatura universal. Hay también una infinidad de chistes, de las cuales el protagonista es el burro y sus atributos. Esos chistes, de no tan albo color, son parte fundamental entre la picardía mexicana y latina. 
En la historia de este país, el burro ha tenido una muy importante cuanto despreciada relevancia en el desarrollo de los pueblos, especialmente los del ámbito rural. Como bestias de carga, eran indispensables, ya que se les utilizaba como yunta ante la carencia de bueyes, trasladaban los alimentos básicos del campo al pueblo; no podía uno imaginar al lechero, sin ese burro cargado con jarras a ambos lados y su andar cansino y cadencioso. Las mercancías de lujo en las grandes ciudades, no serían disponibles sin esas recuas que los arrieros conducían con miles de trabajos y tribulaciones, para que las metrópolis tuviesen acceso a las novedades y productos que les diesen ese “glamour” de las encopetadas señoras riquillas y que dudo que alguna haya considerado que para gozar de ellas, debería agradecer al trabajo de un humilde arriero. Un homenaje para ellos. Clap, clap, clap (aplausos, pues). 
Es una lástima saber que esa especie de los cuadrúpedos, esté en peligro de extinción. Ya ve usted que dicen los pícaros que al “sancho” se le llama también, el tractor, que dizque es el que sustituyó al buey. Pues también ha sustituído al burro y al caballo. 
¿ No habrá organismos de esos que quieren salvar al mundo y que al menos en su buena medida lo intentan, que quieran salvar a los burros? 
También recordará que la imagen escolar de un burro es sinónimo de tontería. Cuando alguien reprueba en las diversas materias de conocimientos y no obtiene siquiera la calificación mínima, lo mandan al rincón, a un banquillo, de espaldas a sus compañeros y con unas enormes orejas de burro, elaboradas generalmente de papel. No estoy de acuerdo con esa interpretación. Yo creo que los burros no tienen nada de tontos. Trabajan pero comen, igual a la inmensa mayoría del género humano. Son humillados y hasta golpeados por el amo; Igual que muchísimos seres humanos. Con frecuencia, su dignidad es lacerada por el pretexto del sustento; igual que un chingo de seres humanos. Pero ya no hablemos de esos burros. Cambiemos de rumbo y tema. 
El buen amigo Rodolfo Plascencia me hace una observación que comparto. Los gobiernos de los tres niveles, dicen y pregonan que impulsan el deporte como un medio casi infalible, para hacer de la niñez y la juventud, buenos ciudadanos. No pongo eso en tela de juicio ni por asomo. Estamos de acuerdo con ello. Apoyan a equipos dotándolos de sus uniformes, balones, bates, pelotas, hasta arbitrajes. Qué bueno. 
A los estudiantes universitarios y de educación media, se les apoya con el transporte a sus centros de estudio (la educación parece ser otro rubro), buenísimo. A organizaciones civiles de discapacitados, se les apoya de varias formas. ¡Buenísimo!, ¡Bravo! 
Pero muchas personas nos preguntamos: si la niñez es la base y sustento de la educación para la vida y el deporte es un medio que ha demostrado su eficacia y bondad; ¿nuestros impuestos no alcanzarán para que los gastos de mantenimiento de las unidades deportivas, permitan el acceso gratuito a la niñez en general? Yo creo que nuestros niños valen eso y más. Ahora que si el ingreso fuese libre a todos los ciudadanos, dado que nosotros pagamos las unidades, sería formidable y de justicia. 
El deporte es para todos; ¿o no? 
Ojalá el Creador permita que mis ojos vean al primer presidente municipal que junto con su cabildo, que dicen trabajar para el bienestar del pueblo, tomen esa decisión histórica ¿será Jalos, Arandas, Tepa, Villa Hidalgo, San Juan de,los Lagos o algún otro municipio alteño?, ¿Quizá Lagos de Moreno que en muchas cosas lleva la vanguardia en cuestiones culturales y de convivencia? Sabe, repito, nos gustaría verlo. 
Ahí se los dejamos de tarea. Esperamos respuesta.

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