domingo, febrero 07, 2016

La ergonomía y los alteños

Por: Mtro. Pablo Huerta Gaytán

Se deben considerar los conceptos, necesidad e importancia que tiene para todos los empresarios, trabajadores, granjeros, avicultores, ganaderos, industriales, porcicultores, caprinocultores y sociedad en general, la importancia que tiene la seguridad e higiene industrial, la medicina del trabajo y la bioseguridad, cuyo costo no debe ser considerado como un gasto infructuoso sino como una inversión redituable. 
Actualmente también se hace indispensable reflexionar acerca de la ergonomía, otra disciplina hermana de las anteriores que, impone el análisis de las relaciones entre las personas, su trabajo y desde luego el medio en el que lo desempeña. 
De acuerdo con lo expuesto en un artículo de Constanza Fachal y M. Victoria Motti (2008), por ergonomía se entiende que “es una ciencia que estudia las características, necesidades, capacidades y habilidades de los seres humanos, analizando aquellos aspectos que afectan al entorno artificial construido por el hombre relacionado directamente con los actos y gestos involucrados en toda actividad de éste”. 
Estamos en México y específicamente en la región de Los Altos de Jalisco, entonces hay que analizar primero lo que podría considerarse y lo que implicaría una ‘ergonomía de los alteños’. 
Como analizar es descomponer el todo en sus partes, igual que un rompecabezas, hay que conocer las piezas que la componen; es decir, primero identificar algunas de las características propias de los alteños. 
Veamos: El traje típico, su vestimenta, alimentación y gusto por la música, son representativos de su arraigo al terruño, de su folclor y cultura auténticamente mexicana que, no sólo a los alteños, sino a todos los mexicanos en general, nos hace únicos y distingue del resto de los habitantes del mundo. 
De las necesidades, como en casi todas las regiones de México, en Los Altos de Jalisco fieles a ese popular refrán de “la carga hace andar al burro”, los habitantes de municipios, comunidades, poblados y rancherías alteñas, suelen resolver sus carencias en todos los aspectos, impulsados por esa férrea voluntad que logra superar los obstáculos. 
En cuanto a las capacidades, basta con mirar alrededor y darse cuenta de ello. Con trabajo y decidido empeño sus habitantes han transformado el paisaje ambiental, hoy artificial por los cultivos de granos y agaves, las numerosas empresas tequileras y gran cantidad de granjas avícolas y de porcicultores, de los hatos ganaderos; todo eso como producto del cotidiano quehacer de los alteños en los centros de producción pecuaria y agroindustrial que orgullosamente colocan a la región en lugares destacados en México y relevantes a nivel internacional que la distingue como cuenca lechera, producción de bovinos, carne de cerdo, aves y huevo. 
Qué decir de las habilidades que como seres humanos también hacen único al alteño, quien cada día se globaliza, pero sin dejar de lado su historia, cultura, raigambre religiosa y manifiesta idiosincrasia que, por ejemplo, se puede observar en la mayoría de las obras de sus pintores, escultores, poetas, músicos, artistas y educadores. 
El entorno artificial, que se observa en los paisajes alteños, producto de las muy diversas actividades que desempeñan en el campo, rancherías, poblaciones, comunidades y ciudades, también habla por sí mismo. Los edificios antiguos, centros históricos, mercados, parques, jardines, kioscos, edificios públicos, parroquias y templos de cada cabecera municipal, ofrecen a propios y a extraños majestuosas y coloridas estampas que resaltan su origen, historia y cultura. 
De los actos que distinguen a los alteños, destaca su comportamiento, trabajo y vida rutinaria productiva; su hospitalidad, en especial para quienes llegan de otras partes con buenas intenciones, abren sus brazos y el corazón a quienes con el tiempo y desempeño, se van ganando su confianza; gentil en su proceder, sin dejar de ser observador, saluda y desea el ‘buen provecho’ a los comensales que suelen degustar alimentos en las cenadurías y restaurantes, los puestos de tacos y hamburguesas. 
En fin, podríamos seguir hablando mucho más de los alteños, pero, con lo ya descritos se puede entender el alcance social de la ergonomía en el entorno que nos rodea. En todas sus aplicaciones, su cometido se enfoca a la adecuación de labores, espacios, herramientas y en general a las necesidades y capacidad de las personas para mejorar su eficacia, bienestar y seguridad. 
“El planteamiento ergonómico consiste en diseñar los productos y los trabajos de manera de adaptar éstos a las personas y no al contrario”, enfatizan en su publicación Constanza Fachal y M. Victoria Motti, y tienen razón, por ello hay que tomar en cuenta que todo lo que implica bioseguridad no es gasto sino inversión. 
Aunque la ergonomía es más frecuente que se aplique al desempeño laboral, no hay que olvidar que desde el diseño de los productos, deben relacionarse con las actividades caseras, el descanso y hasta con el deporte. Incluso, los productos deben adaptarse también a las personas con funciones físicas limitadas como las personas mayores, los niños y personas con discapacidad.

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